Ahora el antisistema soy yo. Muchas cosas no me cuadran respecto al Movimiento 15-M, y lo digo sin problemas, pensando que al fin y al cabo esto se trata de un debate, de un proceso conjunto de diálogo. Reflexiono, acudo como testigo presente, sigo reflexionando, expongo ciertas reservas… y ya soy tachado de conspirador, politizador o instrumentalizador. Muy bien, pero pido a quien así lo quiera que responda a ciertas preguntas.
Empiezo. Si durante años, cada vez que se manifestaban cientos de miles de personas con la principal asociación de víctimas del terrorismo, todos ellos eran tachados de “instrumento a favor del PP y la ultraderecha”, y si ciertos medios buscaban la única bandera que había con el “aguilucho” para sacarla en portada, y ello no parecía chocar a nadie, ¿no puedo pensar, testigo presente durante tres horas en la Puerta del Sol, asistiendo a todas las Comisiones que se daban, que abunda un cierto predominio de la izquierda más ortodoxa? Insisto, hablo de Madrid. Y de una mayoría, no todos, en los inicios del fenómeno.

¿No puedo exponer mis dudas sobre si este Movimiento se hubiera producido tal cual si el Gobierno hubiera sido de derechas? Tengo la sospecha de que, en ese caso, se habría canalizado la protesta exclusivamente contra el PP. En cambio, al haber un Ejecutivo socialista, ya se cuestiona el sistema, en general. Y, ojo, ¡yo mismo cuestiono el sistema! Será que me estoy haciendo mayor y perro viejo. Pero no hace tanto tiempo de mi etapa universitaria. Recuerdo esas asambleas absolutamente controladas por el sindicato de estudiantes, en la que todos hablaban y se hacía… lo que decía el sindicato. Como recuerdo una vez que éste llamó a una protesta contra una medida educativa planteada por el Gobierno Zapatero. Fuimos a la sede del Ministerio de Educación. De una ministra socialista. Todas las protestas se las llevó el PP. Ni una sola para la ministra y el presidente socialistas. Lo siento, pero mucho de lo que vi (insisto, lo que vi; no lo que me contaron) en Sol me evocó ambos episodios.
Si entre las propuestas expuestas a debate (no digo aprobadas) se encuentran la supresión de la enseñanza religiosa, la nacionalización de los bancos (cuando no directamente su cierre) o la culpabilización del “Mercado” como Eje del Mal, ¿no puedo considerar que tales medidas forman parte del código de la izquierda ortodoxa? Con lógica, pienso en que al PP le votaron 10 millones de españoles en las últimas generales. Al PSOE, 11 millones. Ninguno de esos dos partidos plantea esas objeciones al “Mercado”, en genérico. Ese mismo raciocinio me lleva a añadir que no son tantas las personas que utilizan estos argumentos. En cambio, una amplísima mayoría es consciente de los excesos de los bancos y los empresarios, de la expansión del empleo basura, de que hay cinco millones de parados, de que se amplían las diferencias sociales, en nuestro país y entre el Primer y el Tercer Mundo. Y se indignan. Y nos indignamos. Hay dos alternativas: una, establecer ciertos controles y sanciones que vayan eliminando los excesos del capitalismo; y otra, la que platea la aniquilación del sistema capitalista. Creo que las masas medias que dominan la ciudadanía española, si lo reflexionan un momento, están más con la primera que con la segunda alternativa; planteada ésta por la izquierda ortodoxa.
Concluyo. Por milésima vez, reitero que apoyo al Movimiento 15-M. Pero muestro mis reservas si éste es continuado y desarrollado por quienes lo iniciaron: un diverso conjunto encabezado por IU y ligado a la izquierda ortodoxa. Hace casi un siglo, en España se pedía una regeneración (no, la palabra no la han inventado ahora) y una “mano de hierro” que acabara con los excesos del parlamentarismo liberal. La “solución”, la dictadura de Primo de Ribera, acabó, efectivamente, con las lacras que lastraban el sistema: el bipartidismo y el caciquismo. La “solución” nos acabó llevando al abismo. Hoy se protesta contra el sistema liberal (capitalista, claro) y el bipartidismo, y se pide “mano dura” para una regeneración política. Por favor, no nos volvamos a equivocar. El sistema ha de mejorarse con la esencia que une a la mayoría: reforma de la Ley Electoral, Justicia independiente (es triste que dos siglos después de Rousseau sigamos aquí con una incompleta separación de poderes), controles a las empresas y elementos económicos que no cumplan con derechos laborales justos, y sanciones a políticos y partidos que corrompan su compromiso de servir a la sociedad. Todo lo que sea salirse de eso y meternos en concreciones ideológicas, será dividir.
Hundirá la esperanza que supone el Movimiento 15-M y será una grave amenaza para la convivencia.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
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