El himno del Barça atruena, los cohetes y las bocinas atontan: los culés vuelven a ser campeones de Europa. Ésta es una noche muy triste. Sobre todo porque no hay esperanza. Si ya es muy duro decirte hoy madridista, mucho más lo es ser un madridista antimourinhista. Estoy fuera del sistema. Absolutamente en contra de la masa.
Si millones de barcelonistas disfrutan del mejor ciclo de su historia, en lo que supone una dictadura insoportable, aún mucho peor es saberte en el lado del malo de la película. El Barça no solo gana: lo hace con estilo, fiel a unos valores, con un modelo de club basado en la excelencia, con una amplia mayoría de canteranos y con un entrenador que es el yerno que toda suegra querría.
En cambio, los que supuestamente son los tuyos, se basan en esto: absoluta falta de modelo (ahora resulta que somos “como los clubes ingleses”… por primera vez en nuestra historia), traición a unos valores centenarios (“las mocitas madrileñas” van tristes y enlutadas porque aquello de “caballero del honor” se ha convertido en “chulo del deshonor”), olvido absoluto de la gente de la casa y exaltación dictatorial de un vanidoso prepotente que se cree más que el, aún, mejor club de la historia. Mourinho, ese traidor de nuestra esencia, ha destrozado en un año lo que fuimos. Y el pueblo blanco está encantado… Si ya éramos poco Madrid sin Raúl, el Florentinato mourinhista se ha mostrado como un monstruo que ni siquiera sabe perder.

¿Cómo tener esperanza en una noche como hoy? Soy anticulé hasta la médula. Pero no soy tan imbécil como para no reconocer que se merecen todo lo bueno que les está pasando. Soy madridista hasta la muerte. Pero, mientras esté Mourinho y Florentino siga pretendiendo emular a Bernabéu en lo que supone una caricatura dantesca, no puedo estar orgulloso de serlo.
Posiblemente, el año que viene podamos rascar algo en medio de un régimen tiránico. Podemos ganar títulos. Ojalá. Lo celebraría al máximo. Pero seguiría sin sentirme orgulloso de mi equipo. Y eso no me había pasado jamás.
¡Hala Madrid! Pero el Madrid dormido y secuestrado por un cacique sinvergonzón. Aquél rey de las excusas se estará aún preguntando: ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?… Todo el mundo con dos dedos de frente responde: “Porque son mejores”. Y no hay excusas que valgan.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
Home