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Por un periodismo deportivo digno

Miguel Ángel Malavia 12 Dic 2011 - 22:52 CET
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El pasado sábado, en plena espera hacia un subidón de tensión que yo esperaba que culminaría con el estallido de alegría por la victoria de mi Madrid sobre el Imperio Culé, pasé varias horas ante la televisión viendo los distintos (y numerosos) programas especiales que dedicaron gran parte de su espacio al partido. Y, la verdad, resultó algo deprimente para un apasionado del deporte que, a la vez, sueña con un periodismo deportivo de calidad.

Ver y escuchar a gente como Roberto Gómez, Tomás Roncero, Frédéric Hermel, Eduardo Inda, David Sánchez, José Luis Carazo, Carme Barceló, Manolete o José Vicente Hernáez (estos dos últimos, cualquier otro día, no viéndolos el sábado) equivale, prácticamente, a que te tomen por tonto. No argumentan con un mínimo esfuerzo de ecuanimidad. Tampoco me creo que todos sean forofos (lo cual ya es de por sí triste cuando se alcanza un cierto nivel de repercusión periodística). Simplemente, se saben parte de un espectáculo y como tal actúan: como actores que siguen un papel por el cual han de despertar (entre gritos y faltas de respeto) la visceralidad de quienes les ven y escuchan. Y es que, ya se sabe, donde hay polémica (que no debate) hay audiencia.

El periodismo es una profesión cada vez más prostituida, entre otras razones, porque ha cedido su función social informadora por el simple y fácil lucro económico que otorga ser un espectáculo. Hoy, el ‘Salsa Rosa’ no es sólo la prensa del corazón, sino que también lo es una parte del periodismo deportivo, político, social o religioso.

Por contra, da gusto ver, escuchar y, sobre todo, leer a Ramon Besa (El País), Juanma Trueba (As), Santiago Segurola (Marca) o John Carlin (El País). Periodistas que cuentan historias, lo hacen con estilo y creatividad, y desde la sensibilidad y el respeto. Al receptor de la información y a la misma profesión.

Por mucho que solo unos sean los que pueden convertirse en Trending Topic de Twitter a causa de la última polvareda despertada por cualquiera de sus excesos, aún sigo creyendo que, al final de la película, quienes triunfan son “los buenos”. Y “los buenos” son los buenos periodistas, los que respetan a su profesión y no la arrastran con el culo en pompa entre el vitoreo general.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

PD. Aclaro que soy consciente de que aquí escribo desde la pertenencia apasionada a unos colores, cayendo muchas veces en los excesos (aunque, en la mayoría de los casos, en tono de humor). Pero es que éste es el espacio de un aficionado que, además, se da la circunstancia de que es periodista. Si escribiera como periodista, aquí o en otro espacio, puedo asegurar que trataría de cuidar al máximo un estilo con personalidad propia, pero sensato y nada forofo. Antes que nada, respeto y amo esta puta y santa profesión.

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito ‘Retazos de Pasión’, ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno’ y ‘La fe de Miguel de Unamuno’.

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