Si al menos se tratara de una peli de Tarantino, me haría gracia esta concatenación orgiástica de bilis y sangre que sale de la boca de los más furibundos mourinhistas. Pero no, es algo real: tras Mourinho, queda el mourinhismo. Y es mucho peor la ideología que su profeta. Va a ser el gran cáncer del Real Madrid en años. Y, mientras, Florentino diciendo que “el madridismo está más unido que nunca”…
Basta un simple vistazo por Twitter para comprobar el odio que los adeptos de esta secta sienten por Iker Casillas, calificado ya por sistema como “el Topo”. Un rechazo extensible a Vicente del Bosque, cuyo “desliz” ha sido permanecer décadas en esta casa, ganar los principales títulos y no vanagloriarse de ello. ¿Y cuál es el gran “delito” del capitán del Real Madrid y la Selección Española? Precisamente este, actuar también como referente del combinado nacional más laureado de toda la historia y, tras las tensiones originadas en la sucesión de clásicos de abril de 2011 (sí, cuando toda la vaina de Unicef como “culpable” de nuestros fracasos), llamar a los compañeros del Barça para tender puentes y mejorar el ambiente. Algo que fue definitivo para que ganásemos la última Eurocopa, por cierto. Y algo, también, que reconoce y valora la gente con un mínimo de seso. ¿O es que no se dio el Príncipe de Asturias a Iker y Xavi por solventar ese desencuentro y ofrecer a la sociedad un ejemplo de amistad y concordia?
Pero no, hay descerebrados que disfrutan llevándolo todo al terreno del enfrentamiento, que se permiten hablar de “batallas” contra los periodistas “terroristas”. Sí, hablando de algo tan aparentemente inocente como el fútbol… Son sádicos. Esta es la triste herencia que nos deja un mercenario que ahora disfrutará tranquilamente de su incendio desde Londres, una de sus “pasiones”. ‘The Happy One’ verá su objetivo cumplido: si Casillas juega con el Madrid, el enemigo lo tendrá en casa. Concretamente, a sus espaldas. Los mismos fanáticos a los que el club permitió entregarle una placa a Mourinho el día de su despedida, serán los que miren con lupa cada uno de sus movimientos. El rugido estará esperando en el Bernabéu, agazapado. A cada fallo de Iker, los discípulos de la guerra y el enfrentamiento contestarán alabando a voz en grito al profeta que salió del Barça. Se avecina tormenta, y con rayos de venganza.
Eso sí, se justificarán con una palabra tan culta y que ya no paran de manosear: la meritocracia. ¡Ya!
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
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