
En su día, hace años, yo también escribí un artículo sobre el aborto tachándolo de “holocausto”. Hoy ya no lo haría, porque soy muy consciente de que es un tema complejísimo que despierta una confrontación inmensa, donde unos y otros tiran de argumentos de brocha gorda y soltados a la cara con vehemencia. Por eso siempre quiero precisar, dar argumentos y hacerlo con sosiego, para contribuir de verdad en algo. Empezamos: ¿es el aborto un holocausto? Aun siendo un hecho que mueren cientos de miles de niños no nacidos, y que esto me parece un fenómeno que refleja claramente la sociedad utilitarista en que vivimos, lo cierto es que un holocausto lo decreta un régimen por una causa ideológica. En cambio, cada aborto es un caso, una situación, unas circunstancias, una madre (y un padre, ojo).
La vehemencia de la que hablo la he visto reflejada en un hilo que abrí ayer en Facebook sobre este tema. Tristemente, vi cómo amigos a los que solo yo conozco en su conjunto, caían en la trifulca. Evidentemente, el apelativo “nazi” no tardó en salir para definir, respectivamente, posturas enfrentadas. Y ese no es el camino… Empecemos por el principio, por favor. De hecho, repito las preguntas del hilo (a las que nadie me dio respuesta en medio del tumulto), porque las considero el eje básico de todo, el punto de partida: “¿Hay alguien que me responda a esta duda sobre la cuestión del aborto? Iré a lo esencial: 1. Nadie duda de que hay una vida cuando un bebé es dado a luz, ¿no? 2. El origen de toda vida está en el momento en el que es concebida, ¿no? E insisto en que hablo del ‘origen’, pues creo que ahí podemos estar todos de acuerdo. 3. ¿En qué momento de la gestación el feto es ya considerado como un ser con el derecho a nacer? ¿En qué semana, en qué día? Y no hablo de leyes, sino de lógica. ¿Quién me puede responder?”.
Antes de nada, preciso con unas preguntas más a los defensores del derecho al aborto: ¿qué institución médica, organismo científico, tribunal judicial o constitución internacional fija con exactitud en qué momento exacto de la gestación se considera con certeza que ya hay una vida humana? Y, si no hay un consenso universal, ¿por qué es considerado “reaccionario” y “fascista” el que algunos, yendo al punto en que nos aseguramos que puede existir una vida humana, como es la concepción, queramos mirar por la causa del derecho a la vida del ser más indefenso de todos? Hablamos del derecho de la mujer a decidir lo que ocurre con su cuerpo, y este existe en modo absoluto, ¿pero no se concede la duda al menos de que se produce una confrontación de derechos entre dos sujetos de derecho? Y, siendo un derecho tan básico como el de la vida, ¿acaso alguien duda de que una función principal de todo Estado es vigilar y proteger el derecho a la vida de todos? ¿Por qué no llevamos el tema al debate social, médico y científico? ¿Por qué se falsea haciendo ver que es algo confesional, de Iglesia, como si solo ella levantara la bandera de la defensa del derecho a la vida del no nacido? ¿Vamos a obviar también los intereses del lobby empresarial que, al igual que las poderosas farmacéuticas, también controla el fuerte sector de las clínicas abortistas?
También pregunto a los críticos con el aborto: ¿es el camino llamar asesinas a las mujeres que abortan, cuando lo cierto es que la mayoría no piensan que en el momento en el que abortan están acabando con una vida humana? Si jamás dejará de ser un hecho que muchas mujeres aborten, ¿el Estado, que lo es de todos, puede permitir que lo hagan en la clandestinidad, bajo riesgo de perder la vida, quienes menos recursos cuentan? Especifico a los católicos, ya que muchos ven este tema, guste o no, como confesional: ¿por qué no se emplea esa misma energía que se da al defender el derecho a la vida del no nacido para luchar incansablemente en reivindicar la dignidad de vida con quien sí ha nacido y es víctima de un sistema opresor e injusto? ¿Cómo es posible que haya creyentes que estén en contra del aborto a la vez que están a favor de las vallas con cuchillas en Melilla, para evitar que las familias y sus hijos del Subsahara, sufrientes en grado sumo, tengan aquí una oportunidad? ¿Sois conscientes de que esta incoherencia debilita enormemente la imagen de la Iglesia en su conjunto?
Finalizo ya. Es un tema complejísimo. Pero yo tengo algo claro: no llamaré asesina a quien aborta y soy consciente de que cada situación particular es un mundo, pero estoy completamente a favor del derecho a la vida de quien creo que tiene dignidad humana y no puede defenderla en ningún modo. No me considero un ultra por ello. Porque aún espero que, en este debate, alguien me responda a esta pregunta y me dé un argumento irrebatible: ¿en qué momento exacto de la gestación el feto es ya considerado como un ser con el derecho a nacer?
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
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