No comparto casi ningún principio ideológico con Podemos y considero a Pablo Iglesias un prestidigitador populista. Dicho esto, no me gusta que nos tomen a los españoles por imbéciles. Pese a que muchos se empeñen, Podemos no es ETA. Y nutrir esta campaña, aparte de fortalecer a este partido, supone incurrir en una infamia aberrante.
El colmo en este despropósito se lo llevó ayer Esperanza Aguirre, quien, desde su cuenta de Twitter (resumiendo lo dicho en una entrevista con La Ser sobre este tema), clamó: “Podemos está con el chavismo, con el castrismo y con ETA. Y lo demás es palabrería”. Y se queda tan ancha la doña… Yo me quedo igual lanzándole las siguientes preguntas: que el líder de Podemos diga que ETA tiene “explicaciones políticas” (una boutade ridícula, pues todo tiene explicaciones políticas) y que haya sido el hombre enlace de Herrira (un grupo de apoyo a los presos etarras) en Madrid, ¿le convierte en militante etarra? ¿Está a sueldo de la banda, ha asesinado a alguien, ha robado armas? ¿Mantener relaciones con la izquierda abertzale (sin duda, compañías peligrosas que tanto cultivan ciertos sindicatos de “estudiantes” universitarios) equivale a ser etarra? ¿Acaso no tenemos a la izquierda abertzale en el Parlamento español y vasco? ¿Todos los militantes de Podemos son etarras? ¿Y todos los que los han votado en las últimas elecciones europeas también lo son? ¿Dónde marcamos la frontera? ¿Cómo se puede, dejando la brocha gorda a un lado, concretar hasta qué punto “Podemos está con ETA”?
Ante tamaña intoxicación, que demuestra sus escasas ganas por hacer política constructiva, lo mejor que podría hacer Esperanza Aguirre es marcharse del todo y no permanecer agazapada manteniendo la presidencia del PP de Madrid… en espera de que caiga la fruta madura. ¿La fruta, qué fruta? ¿Acaso Rajoy es un melocotón?
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
Home