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Es un histórico recorrido que inicia en la pintoresca villa marinera de San Vicente de la Barquera y se adentra en el corazón de los Picos de Europa, atraviesa paisajes idílicos como marismas costeras, frondosos bosques montanos y verdes praderías subalpinas.
Durante el camino, el viajero no solo se encuentra con impresionantes escenarios naturales, sino que también se redescubre a sí mismo, conectando con lo esencial de la vida a través de la introspección y la curiosidad por lo desconocido.
A lo largo de tres días, este itinerario permite sumergirse en la historia, la espiritualidad y la belleza natural del entorno, consolidándose como un referente destacado para el turismo religioso y sostenible en España.
Con la llegada del Año Jubilar de 2025, Cantabria se transformará nuevamente en un destino de peregrinación que acogerá a viajeros de todas partes del mundo.
DÍA 1: SANTANDER Y EL INICIO DE LA AVENTURA
Para comenzar nuestra travesía nada mejor que visitar la vibrante ciudad de Santander, donde el mar Cantábrico consigue fusionarse con la cultura urbana. Pasear por el Paseo de Pereda y disfrutar de las vistas del Palacio de la Magdalena es una excelente manera de iniciar nuestro viaje. Además, con su impresionante puerto, hermosas playas y un rico patrimonio cultural que incluye su catedral, Santander es el lugar perfecto donde relajarse y empezar a prepararte mentalmente para este viaje.
POTES: EL ENCANTO DE LIÉBANA ENTRE MONTAÑAS Y TRADICIÓN
A aproximadamente 2 horas en coche desde Santander, la localidad de Potes se revela como un destino ideal. Este pueblo, conocido como la «capital de Liébana», se caracteriza por sus estrechas calles empedradas, casas de piedra y su impresionante entorno montañoso. Aquí, se encuentra El Bodegón, un restaurante que ofrece un menú delicias locales, donde podrás saborear platos típicos como el cocido lebaniego y los deliciosos quesos de la región como el afamado queso picón, todo ello en un ambiente acogedor que refleja la más pura esencia de la gastronomía cantábrica y el amor por las cosas bien hechas.
DÍA 2: DE POTES A SANTO TORIBIO DE LIÉBANA
La segunda jornada comienza temprano, con vistas a los majestuosos Picos de Europa que dominan el horizonte y protegen a la próspera región de las miradas indiscretas. Desde Potes, el camino nos lleva hacia el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, un lugar clave en la historia del cristianismo. Este monasterio, fue fundado en el siglo VI, y se ubica en la localidad de Camaleño. Durante tu recorrido por el interior del edificio, no puedes dejar de maravillarte ante el Lignum Crucis, el trozo más grande de la cruz de Cristo, que durante siglos ha sido guardada por los frailes franciscanos y representa una conexión única con la historia religiosa del cristianismo. Además, en el lugar descansan los restos de Santo Toribio, al que se le atribuyen propiedades milagrosas y curativas.
La importancia del monasterio se verá reforzada en 2025 con la celebración del año jubilar, ya que se espera un incremento significativo de peregrinos que buscan conectarse con su fe y redescubrir el legado espiritual que ofrece este camino.
Después de una enriquecedora visita al monasterio, el camino continúa a través de tierras montañosas y verdes prados, donde cada paso parece resonar con los ecos de las voces de los antiguos peregrinos que transitaron por estas tierras. El paso por el castañar milenario El Habario es un momento especial. Estos árboles, con más de mil años de historia a sus espaldas, se erigen como testigos silenciosos de la historia y la tradición de la región.
DÍA 3: SANTA MARÍA DE LEBEÑA Y EL LEGADO DE BEATO DE LIÉBANA
El último día de nuestra aventura comienza en la iglesia de Santa María de Lebeña, un magnífico ejemplo de arquitectura románica del siglo X. Sus frescos y su impresionante estructura nos transportan a una época donde la espiritualidad y el arte convergían en un mismo lugar. En este punto, es importante recordar la influencia que tuvo la figura de Beato de Liébana en la región, un monje del siglo VIII que se convirtió en un referente espiritual y literario, conocido por sus comentarios al Apocalipsis.
Tras la visita, nos dirigimos a recobrar fuerzas a un lugar de reposo: El Molino de Cicera. Este restaurante, situado en un entorno natural impresionante, es ideal para disfrutar de la comida tradicional de la región que complementa nuestra experiencia. La fusión de sabores locales con un ambiente natural hace que cada bocado sea un deleite para los sentidos.
A medida que el día avanza, una buena opción es hacer una parada en Comillas, donde se encuentra el Capricho de Gaudí, una obra maestra arquitectónica. Este edificio, con su distintivo diseño y colorido, no solo es un atractivo turístico, sino el colofón perfecto para un viaje de ensueño.
Fotos: Gema López Fernández
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