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¿ Por qué Bush es renuente a revelar la naturaleza de la incursión israelí al Congreso?

Luis Balcarce 18 Abr 2008 - 11:23 CET
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(Caroline B. Glick/PD).-Ha costado 7 meses, pero parece que la administración Bush ha cedido por fin a la presión del Congreso y está dispuesta a entregar toda la información a los legisladores americanos acerca del bombardeo el 6 de septiembre por parte del ejército israelí de unas instalaciones nucleares de construcción norcoreana en Siria. El domingo se informaba que el Congreso ha obligado a la administración en la materia condicionando la aprobación de la asignación económica presupuestaria de Inteligencia a recibir toda la información de la incursión.

Israel, que inicialmente estaba molesto con la insistencia de la administración en censurar toda discusión de la operación del 6 de septiembre, presuntamente ahora no está contento con la decisión de la administración de difundir sus detalles. Se espera que la administración proporcione la información en audiencia al Congreso a finales de mes y los funcionarios israelíes de defensa están fuera de sí.

Los funcionarios de defensa temen que la revelación de las actividades criminales de Siria empuje al abismo al dictador sirio Bashar Assad. Advierten de que hoy, tras el asesinato del señor del terror, Imad Mughniyeh, en Siria en febrero y con las tensiones a lo largo de las fronteras de Israel con el Líbano y Siria, Assad puede percibir la evidencia pública de sus actividades de proliferación nuclear como invitación a prescindir de los detalles. Podría acusar su denuncia como miembro de pleno derecho del eje sirio-irano-norcoreano de proliferación y patrocinio de estados terroristas y tomar medidas en línea con esa situación.

Tanto las preocupaciones del Ministerio de Defensa sobre las consecuencias de dar a conocer la operación israelí como la exigencia por parte del Congreso de revelar los detalles de la incursión manifiestan lecciones importantes para legisladores de sociedades democráticas acerca de los límites y los imperativos de librar guerras largas y complicadas.

LA POSICIÓN DE ISRAEL refleja un conflicto entre sus intereses inmediatos y sus intereses a largo plazo. Israel tiene interés inmediato en disuadir a Siria de atacar bien directamente o a través de cualquiera de las múltiples organizaciones terroristas de Siria. También guarda interés en proteger fuentes de Inteligencia y métodos que pueden verse comprometidos a través de una exposición pública de la operación.

Los políticos israelíes no tienen ninguna necesidad de informar al público israelí de la naturaleza de la incursión porque entre la opinión pública israelí, existe un amplio consenso en torno a la naturaleza de la amenaza que plantea Siria para el país. Los israelíes comprenden que no se puede permitir que Siria se haga con determinados arsenales, y comprenden que algunas cosas están mejor sin conocerse. La relativa sofisticación de la opinión pública israelí en la materia no surgió de la nada. Siria lleva 60 años en estado de guerra declarada contra Israel. Y cada vez que los israelíes nos hemos permitido creer que Siria pudiera estar interesada en poner fin a ese estado de guerra, a través de sus acciones los sirios se han dado prisa en disipar esa noción.

Mientras que los intereses inmediatos de Israel son comprensibles, a medio y largo plazo, teniendo cuenta la naturaleza criminal del régimen sirio, su alianza estratégica con Irán y su colaboración estratégica con Corea del Norte, Israel tiene intereses estratégicos propios en denunciar a Siria y levantar una alianza operativa con Estados Unidos para derrotar a Siria y a Irán en una guerra que emprendieron con la asistencia norcoreana contra Israel y Estados Unidos. Los intereses a medio y largo plazo tendrían que desbordar los motivos de preocupación inmediata. Y el escándalo del Ministerio de Defensa debería interpretarse simplemente como expresión de decepción ante el costo inmediato de construir alianzas.

El callejón sin salida entre la administración y el Congreso a propósito de la naturaleza de la incursión del 6 de septiembre es ilustrativo de la segunda lección para legisladores que manifiesta la operación siria. Manifiesta de manera evidente que los legisladores de sociedades democráticas tienen que ser sinceros con sus opiniones públicas acerca de la identidad de sus adversarios y la naturaleza de la guerra que está siendo emprendida contra ellos para poder formar un consenso acerca de la naturaleza de esos enemigos y la necesidad de combatirlos, como el consenso que existe ya en Israel acerca de Siria.

DESDE SEPTIEMBRE, los líderes del Congreso han dado 3 justificaciones principales para la necesidad por su parte de comprender lo sucedido el 6 de septiembre. En primer lugar, argumentan que los legisladores y la opinión pública norteamericana tienen derecho a comprender el significado del objetivo a la luz de lo que dice acerca de las actividades de proliferación nuclear norcoreanas.

El año pasado, Estados Unidos firmaba un acuerdo con Corea del Norte. Corea del Norte prometía desmantelar sus instalaciones nucleares de Yongbyon y rendir cuentas por completo de sus demás instalaciones nucleares, su arsenal nuclear y los materiales y sus actividades de proliferación nuclear. Estados Unidos a cambio accedía a levantar las sanciones económicas contra Pyongyang, normalizar relaciones entre Washington y Pyongyang, retirar a Corea del Norte de la lista de estados patrocinadores del terrorismo del Departamento de Estado y proporcionar asistencia económica a Corea del Norte. Estados Unidos aún espera el cumplimiento norcoreano. Un vistazo de primera mano a la naturaleza del objetivo de la operación del 6 de septiembre de Israel en Siria, argumenta el Congreso, es esencial para examinar lo razonable de la presente política norteamericana hacia Corea del Norte.

Además, los líderes del Congreso — y de entre ellos sobre todo Ileana Ros-Lehtinen y Peter Hokstra – han argumentado que al no informar por completo de la operación del ejército israelí, la administración está evitando que los legisladores y la opinión pública norteamericana se hagan una idea sustancial de la naturaleza de la amenaza que plantea Siria para los intereses de la seguridad nacional norteamericana. Siria promueve activamente la guerra en Irak entrenando a los guerrilleros destinados a Irak en su suelo y actuando como importante punto de tránsito de los islamistas con destino a Irak. Siria alberga la sede de Hamas, la Jihad Islámica, y otros grupos islámicos terroristas más. Constituye el esqueleto logístico de Hezbolá. Mientras que todas estas acciones son suficientes para colocar claramente a Siria en el bando de los enemigos de Estados Unidos, su proliferación nuclear aparente con Irán y Corea del Norte exige la reclasificación de la amenaza planteada por Siria, de minucia sin importancia a amenaza estratégica.

Finalmente, los legisladores americanos han argumentado que comprender la operación israelí es esencial para entender la naturaleza de la alianza irano-sirio-norcoreana. Al evitar la difusión de los detalles de la incursión, la administración está negando al Congreso y a la opinión pública americana la capacidad de comprender la motivación y los modos de operación de presumiblemente la mayor amenaza para la seguridad nacional norteamericana. ¿Cómo puede apoyar el Congreso a un aliado como Israel si no comprende el motivo de que Israel promueva los intereses norteamericanos en seguridad nacional? ¿Y cómo puede apoyar las acciones norteamericanas el Congreso en la guerra si no es consciente de la naturaleza del eje que combate Estados Unidos?

LO QUE ES MÁS SORPRENDENTE DE LA FALTA DE DISPOSICIÓN de la administración Bush a la hora de revelar la naturaleza de la incursión israelí al Congreso es el modo en que parece molestar a los esfuerzos bélicos de la administración en Irak. Trabajando juntos bajo control iraní, Siria e Irán han sido las principales fuerzas detrás de la guerra de Irak durante los últimos 5 años. Los jihadistas, tanto de la variedad chiíta como de la sunita, entran en Irak procedentes de Siria e Irán. Reciben entrenamiento en ambos países. Reciben instrucciones y órdenes de la Guardia Revolucionaria Iraní.

Y aun así, en lugar de aclarar al Congreso y la opinión pública norteamericana que la guerra de Irak no es una guerra iraquí en sí misma, sino un escenario bélico clave en una guerra regional en la que Siria e Irán han unido fuerzas en múltiples frentes en una tentativa por derrotar a Estados Unidos y sus aliados, la administración Bush esconde esa verdad central. Durante los últimos 5 años, funcionarios de la administración importantes han repetido la barroca afirmación de que Irán y Siria comparten los intereses de la administración norteamericana en llevar la estabilidad a Irak, y que la responsabilidad de poner fin a la guerra descansa únicamente sobre los hombros del gobierno de Irak, en lugar de sobre los hombros de gobiernos extranjeros que están emprendiendo la guerra.

La propia administración ostenta a continuación una parte sustancial de la responsabilidad del hecho de que 5 años después de que las fuerzas encabezadas por Estados Unidos derrocasen al régimen de Saddam Hussein, la mayoría de los americanos esté seguro de que Estados Unidos no tiene ningún interés en el Irak post-Sadam y simplemente debería retirar sus fuerzas del país a la primera oportunidad. Si la administración no estuviera tan ocupada ocultando el centralismo sirio e iraní en la guerra, no hay duda de que los americanos comprenderían el motivo de que sea esencial para Estados Unidos no permitir que Irak caiga en sus manos. En la práctica, una cifra mayor de americanos comprendería que Irán y Siria están emprendiendo esta larga distancia contra las fuerzas de la coalición y los iraquíes en una apuesta por impulsar su objetivo de dominio regional.

Sobre todo, el funcionario norteamericano que ha sido más consistente señalando el papel central de Irán en la guerra de Irak es el mando norteamericano en Irak, el General David Petreaus. Petreaus y sus oficiales, cuya labor consiste en ganar la guerra de Irak, aparentemente comprenden que la administración ha dedicado los 5 últimos años a ignorar. Comprenden que para garantizar el apoyo de la opinión pública necesario para librar una guerra larga, tienen que contar al pueblo americano de qué trata la guerra, a quién está combatiendo Estados Unidos, y cuáles son los riesgos.

La semana pasada, los iraníes rechazaban otra oferta europeo-americana más de apaciguarles en un acuerdo de estilo norcoreano a cambio de una pausa en sus actividades de enriquecimiento de uranio. Los iraníes también ponían en marcha un nuevo grupo de centrifugadoras avanzadas en su instalación nuclear de Natanz, que aparentemente están mejor equipadas para enriquecer uranio hasta el grado armamentístico que las 3.000 centrifugadoras nucleares más que ya funcionan en las instalaciones. Los iraníes también prometían que el 8 de mayo — un día que han escogido para celebrar su día de la energía nuclear — proporcionarán más «buenas noticias» sobre su programa atómico.

De manera que mientras emprende la guerra contra Estados Unidos en Irak y contra Israel en el Líbano y Gaza, apoyado por sus aliados sirio y norcoreano, Irán avanza a toda máquina en su apuesta por adquirir armas nucleares. Y mientras avanza, arrastra a Israel y Estados Unidos más cerca de una gran guerra. La pregunta es: ¿Como se puede esperar que Estados Unidos gestione la inminente conflagración cuando se abstiene de explicar su actual situación mucho más manejable bien a sí mismo o bien a su opinión pública?

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