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el teléfono iraní de pablo iglesias

El silencio de las progres españolas ante las iraníes que arriesgan sus vidas por la libertad, termina de hundir al impostado feminismo nacional

El líder supremo, ayatolá Jamenei, acusa a los manifestantes de "complacer" a Trump mientras las protestas se intensifican en el país

Mario Lima 10 Ene 2026 - 09:57 CET
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No tienen vergüenza. Ni los progres españoles, ni los ayatolás iraníes y sus cómplices.

El líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, ha tenido la desfachatez de calificar a los miles de manifestantes que llevan días jugándose la vida en las calles como «un puñado de vándalos» que solo pretende «complacer» al presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Así de descarado. Así de cínico.

Estas declaraciones las lanzó a través de la televisión estatal iraní, en pleno incendio de protestas, mientras el pueblo iraní grita por libertad, por justicia y contra la represión, y el régimen responde con balas, detenciones y ejecuciones.

La misma falta de pudor que exhibe el progresismo español que mira para otro lado, calla o directamente justifican y blanquea a los tiranos con turbante, con la boca llena de las palabras ‘derechos humanos’.

La imagen es sencilla y desgarradora: mujeres iraníes queman su velo en plena calle, mientras enfrentan disparos, golpizas y detenciones.

En España, la figura política que más se pronuncia sobre feminismo permanece en un profundo silencio.

Este contraste ha estallado en redes sociales y en el debate público.

La falta de reacción de Irene Montero ante la reciente ola de protestas de mujeres en Irán se ha convertido en un síntoma incómodo de una herida más profunda: la separación entre el feminismo institucional español y aquellas que arriesgan literalmente su vida en las calles de Teherán, Mashhad o Isfahán.

Mujeres en Irán: del “Mujer, vida, libertad” a un nuevo ciclo de protestas

Las actuales manifestaciones en Irán no nacen del vacío. En septiembre de 2022, la muerte bajo custodia de la joven Mahsa Amini, arrestada por supuestamente llevar mal puesto el velo, desató una ola de manifestaciones sin precedentes. Lo que comenzó como un rechazo a la policía moral y a la imposición del hiyab se transformó en un desafío directo a la República Islámica.

Algunos puntos clave de este ciclo de protestas son los siguientes:

En los últimos días, el descontento social ha vuelto a salir a las calles, alimentado por una inflación galopante –con aumentos de hasta el 70% en productos básicos– y un cansancio acumulado frente a la corrupción, la opresión y la precariedad. Nuevamente, las imágenes que circulan muestran a mujeres quitándose el velo frente a las fuerzas del orden, conscientes del riesgo que corren: prisión, tortura o algo aún peor.

Mientras tanto, la cúpula del régimen se aferra al guion habitual. El líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, ha acusado repetidamente a los manifestantes de actuar al servicio de intereses estadounidenses y de “complacer” a Donald Trump, presentando las protestas como una conspiración extranjera y no como una revuelta interna contra el sistema teocrático. La línea oficial es clara: quien desafía el velo obligatorio, la represión y la corrupción está trabajando para el enemigo externo.

Este marco permite al régimen justificar:

Sin embargo, el movimiento no ha desaparecido. Se reconfigura constantemente; disminuye su intensidad solo para volver a estallar. Y siempre con mujeres al frente.

El “bochornoso silencio” de Irene Montero

Mientras las protestas aumentan en intensidad, en España se dirige la mirada hacia el Ministerio de Igualdad del mandato anterior y hacia aquella figura que durante años acaparó todos los focos del feminismo institucional: Irene Montero.

En medios y redes sociales resuena una idea recurrente: Montero no ha hecho ninguna declaración significativa sobre las iraníes que se quitan el velo arriesgando su vida. Este reproche no proviene únicamente del espectro político opuesto; escritoras y activistas que se identifican como feministas han señalado esta incoherencia entre un discurso elevado sobre patriarcado global y la ausencia total de condena explícita hacia un régimen que representa una forma brutal de dominación sobre las mujeres.

Algunas claves del malestar generado son:

Este vacío discursivo ha sido calificado como “bochornoso silencio”. Y surge una pregunta incómoda: ¿por qué se critica con tanta vehemencia a gobiernos aliados con Occidente mientras se baja el tono ante un régimen como el teocrático chií de Teherán?

La doble vara de medir del progresismo español

El caso iraní actúa como una lupa sobre un debate más amplio: la doble vara del progresismo español en cuestiones internacionales.

Tres vectores convergen aquí:

  1. Ideología y antiamericanismo
  1. Agenda feminista selectiva
  1. Vínculos económicos y mediáticos con Irán

Esta combinación alimenta sospechas respecto a que la tibieza ante Irán no responde solo a ceguera ideológica sino también a conexiones materiales que complican un discurso contundente contra Teherán.

Pablo Iglesias, Hispan TV y los rastros del dinero iraní

La historia ya es conocida pero nuevos documentos han vuelto a ponerla bajo los reflectores. Antes y durante su incursión política, Pablo Iglesias presentó programas como Fort Apache para Hispan TV, canal respaldado por la radiodifusión pública iraní.

Hechos contrastados incluyen:

Además:

Este trasfondo alimenta hoy críticas hacia Irene Montero y hacia su espacio político morado; exigen explicaciones sobre cómo puede coexistir su proclamado feminismo con relaciones mediáticas y financieras hacia un régimen opresor para las mujeres protagonistas actuales de estas protestas.

Irán, Trump y el relato del enemigo externo

Mientras en España se debate este silencio ensordecedor, desde Teherán recurren al clásico recurso narrativo: culpar al exterior. El líder supremo junto a otros altos mandos acusan constantemente a los manifestantes actuando como meros peones estadounidenses e incluso «complaciendo» al expresidente Trump, aunque este ya no esté en funciones; buscan deslegitimar así estas movilizaciones presentándolas como algo «importado».

Este discurso persigue varios objetivos:

Desde España este relato encaja dentro un marco asumido acríticamente por muchos sectores progresistas: si Teherán desafía abiertamente a Washington merece cierto margen para maniobrar. Esta percepción explica parcialmente las dificultades para centrar debates alrededor algo tan sencillo como esto:

En Irán, una mujer arriesga su vida al quitarse el velo. Eso es feminismo aquí o donde sea.

¿Hacia dónde puede evolucionar esta brecha?

El choque entre la épica real vivida por las mujeres iraníes y el silencio ensordecedor proveniente figuras como Irene Montero deja claras consecuencias para ambos ámbitos: tanto para el feminismo como para política española.

En Irán ,mujeres anónimas siguen levantando voces desafiantes frente sistema teocrático ansioso mantenerlas sometidas . Mientras tanto ,el estruendoso silencio quienes han reclamado ser paladines feminismos empieza tener costos políticos : cada vez más personas perciben distancia entre discursos proclamados casa silencios cuando vidas juegan lejos focos pero cerca contradicciones propias .

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