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Las calles de Teherán siguen en llamas, pero el mundo las observa cada vez menos.
El régimen de los ayatolás ha optado por una estrategia desesperada: si no puede sofocar las protestas, al menos intentará borrar toda evidencia de ellas.
El resultado es un apagón casi total de internet y telefonía, una medida drástica destinada a evitar que salgan a la luz los crímenes perpetrados contra los manifestantes.
Esto ocurre justo cuando comienzan a circular testimonios que hablan de “cuerpos amontonados” en hospitales y morgues tras la represión.
En este tablero complejo, la tiranía ayatolá no solo apuesta por infundir miedo sino también por mantener todo bajo oscuridad: sin internet, sin imágenes ni voces.
Sin embargo, experiencias recientes tanto dentro Irán como en otros países muestran límites claros para esa estrategia. Por más brutal que sea el apagón, siempre habrá alguien dispuesto a encender una pequeña luz: grabar un vídeo o tomar una fotografía para contar lo sucedido.
Hoy esa luz son los testimonios sobre “bodies piled up”, imágenes donde se arrancan banderas frente embajadas e incluso ecos persistentes sobre una consigna capaz desafiar cualquier censura: aunque disparen contra personas indefensas en Irán todavía no logran extinguir las ganas irrefrenables por contarlo.
Un país desconectado para tapar la sangre
En cuestión de dos semanas, las protestas que comenzaron en el Gran Bazar de Teherán, impulsadas por la inflación y el desplome del rial, se han propagado a más de cien ciudades. Las movilizaciones han llegado a las 31 provincias, con consignas que ya no solo se centran en lo económico, sino que atacan directamente al sistema: “Muerte a Jamenei” y “Muerte a la República Islámica”.
Frente a este desafío, el régimen ha recurrido a un manual conocido, pero esta vez con mayor intensidad:
- Corte casi total de internet: la conectividad nacional ha caído hasta aproximadamente el 1% de lo habitual, dejando al país prácticamente offline.
- Bloqueo del acceso al internet global: las conexiones a páginas externas son inalcanzables y las VPN no funcionan.
- Restricción de telefonía móvil y posibles interferencias en señales satelitales, según denuncias de activistas.
- Narrativa oficial de “altercados” y “vándalos” en los medios estatales, sin mencionar el apagón ni las víctimas.
Plataformas como NetBlocks y organizaciones defensoras de derechos humanos describen este apagón deliberado como un intento por “ocultar el verdadero alcance de las graves violaciones de derechos humanos”, que incluyen ejecuciones extrajudiciales y uso letal de la fuerza contra manifestantes desarmados.
La lógica detrás es simple y brutal:
- Sin vídeos, no hay pruebas.
- Sin pruebas, no hay presión internacional.
- Sin presión, la represión puede intensificarse.
Cientos de muertos y hospitales desbordados
Las cifras oficiales brillan por su ausencia. Sin embargo, las estadísticas no oficiales proporcionadas por ONG como Iran Human Rights (IHRNGO) son ya alarmantes:
- Al menos 51 manifestantes muertos, incluyendo nueve menores, en los primeros doce días de protestas; se advierte que el número real podría ser aún mayor.
- Más de 2.200 detenidos documentados durante los inicios de estas movilizaciones.
- Otras estimaciones citadas por medios internacionales apuntan a decenas de fallecidos adicionales y miles de arrestos en todo el país.
En este contexto se inscriben testimonios provenientes de protesters in Tehran, quienes relatan haber visto “bodies piled up” en hospitales tras las noches más duras de represión. Muchos familiares ignoran si sus seres queridos están detenidos, heridos o muertos. El apagón digital complica la verificación independiente de estos relatos; sin embargo, el patrón evoca episodios previos de violencia estatal en Irán: cuando se apagan las cámaras, aumentan los cadáveres.
La represión muestra patrones similares en diversas regiones del país:
- Disparos directos contra multitudes utilizando munición real y balas de goma.
- Uso intensivo de fuerzas antidisturbios y la Guardia Revolucionaria en varias provincias.
- Detenciones masivas —muchas arbitrarias— junto con denuncias sobre torturas y malos tratos en centros penitenciarios.
A pesar del alto costo humano, los iraníes se levantan contra el régimen. Los vídeos filtrados antes del apagón y los pocos que logran salir muestran escenas donde los manifestantes repiten un mensaje claro: “Ya no tenemos miedo. Lucharemos”.
La batalla por el relato: Trump, Europa y el silencio en España
Mientras el régimen intenta culpar a “mercenarios” y potencias extranjeras —con Ali Jamenei apuntando hacia Estados Unidos y Donald Trump—, fuera del país surge una conversación centrada en dos interrogantes: ¿hasta dónde llegará Teherán? Y ¿qué tan lejos irá Washington para respaldar a los manifestantes?
En el debate estadounidense resuena con fuerza la cuestión “How far would Trump go to defend Iran’s protesters?”. El expresidente ha sido mencionado por líderes iraníes como instigador externo; figuras opositoras como Reza Pahlavi le agradecen públicamente su promesa para “exigir responsabilidades al régimen”, instando además a otros líderes occidentales a romper su silencio.
En Europa, las respuestas políticas son dispares e incluso timoratas en ciertos sectores. En España, resulta evidente el contraste entre la magnitud de la crisis iraní y el silencio que rodea a buena parte de la izquierda autodenominada progresista:
- Escasa atención al tema por parte de algunos partidos que normalmente reaccionan ante violaciones graves a derechos humanos en otros contextos.
- Falta de condenas contundentes contra el apagón digital o las muertes ocurridas en las calles; más allá de comunicados institucionales vagos.
Esta carencia responde también al historial político donde muchos han mostrado simpatías hacia regímenes “antiimperialistas”. No faltan quienes recuerdan episodios como aquel momento cuando Pablo Iglesias recibió apoyo financiero vinculado a gobiernos como el iraní o venezolano; un recordatorio incómodo que pesa ahora al momento de levantar la voz. Esta memoria explica para muchos iraníes y analistas por qué ciertos sectores prefieren mirar hacia otro lado mientras se apagan las luces en Teherán.
De Teherán a Londres: una protesta que cruza fronteras
El bloqueo digital no ha logrado silenciar completamente el eco del descontento iraní más allá del país. La diáspora y activistas europeos se han convertido en voces esenciales:
- En Londres, un protester tears down the Iranian flag at the embassy, un gesto que encapsula visualmente el rechazo frontal hacia el régimen ayatolá y reclama un cambio político genuino.
- En otras capitales europeas, comunidades iraníes organizan vigilias y concentraciones con pancartas que replican lemas propios del movimiento protestante; muchas veces presentan versiones alternativas del emblema nacional sin referencia alguna a la República Islámica.
Mientras tanto, desde dentro del país, activistas intentan filtrar fragmentos verídicos: vídeos sobre violent clashes entre manifestantes y fuerzas policiales; calles cubiertas por humo; imágenes donde agentes disparan contra grupos desarmados. Cada clip que logra atravesar el apagón es una pieza más dentro del rompecabezas que revela algo claro: una población que tras 47 años bajo represión ha decidido desafiar abiertamente al poder religioso-político.
Escenarios abiertos: hasta dónde puede llegar la tiranía digital
La combinación entre un apagón total, una represión letal y una protesta constante plantea interrogantes sobre lo que sucederá en breve plazo. Los analistas observadores apuntan varios factores cruciales:
- Duración del corte internet
- A mayor tiempo desconectados, mayor margen para ejercer violencia sin control externo.
- Pero también incrementa costos económicos considerables junto con más frustración social.
- Cohesión dentro las fuerzas policiales
- Existen informes sobre agentes reacios a disparar quienes son detenidos.
- Cualquier fisura interna podría alterar drásticamente la dinámica actual.
- Reacción internacional
- Sanciones específicas ante violaciones graves a derechos humanos o apoyo tecnológico para sortear censura pueden limitar acciones represivas.
- Por otro lado, un silencio generalizado refuerza una sensación peligrosa de impunidad.
- Capacidad interna para resistir
- Convocatorias para huelgas dentro sectores estratégicos como petróleo evocan tácticas utilizadas antes para debilitar al Sha antes del año 1979.
- La continuidad del descontento pese al alto costo humano indica que este malestar es estructural más que coyuntural.
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