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SE APILAN LOS CADÁVERES EN LOS HOSPITALES DE LA REPÚBLICA ISLÁMICA

La tiranía de los ayatolás impone un apagón total en Irán para impedir que salgan a la luz sus crímenes contra los manifestantes

El régimen iraní corta internet y comunicaciones mientras centenares de muertos y miles de detenidos dejan unas protestas históricas sumidas en la oscuridad informativa

Mario Lima 11 Ene 2026 - 10:05 CET
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Las calles de Teherán siguen en llamas, pero el mundo las observa cada vez menos.

El régimen de los ayatolás ha optado por una estrategia desesperada: si no puede sofocar las protestas, al menos intentará borrar toda evidencia de ellas.

El resultado es un apagón casi total de internet y telefonía, una medida drástica destinada a evitar que salgan a la luz los crímenes perpetrados contra los manifestantes.

Esto ocurre justo cuando comienzan a circular testimonios que hablan de “cuerpos amontonados” en hospitales y morgues tras la represión.

En este tablero complejo, la tiranía ayatolá no solo apuesta por infundir miedo sino también por mantener todo bajo oscuridad: sin internet, sin imágenes ni voces.

Sin embargo, experiencias recientes tanto dentro Irán como en otros países muestran límites claros para esa estrategia. Por más brutal que sea el apagón, siempre habrá alguien dispuesto a encender una pequeña luz: grabar un vídeo o tomar una fotografía para contar lo sucedido.

Hoy esa luz son los testimonios sobre “bodies piled up”, imágenes donde se arrancan banderas frente embajadas e incluso ecos persistentes sobre una consigna capaz desafiar cualquier censura: aunque disparen contra personas indefensas en Irán todavía no logran extinguir las ganas irrefrenables por contarlo.

Un país desconectado para tapar la sangre

En cuestión de dos semanas, las protestas que comenzaron en el Gran Bazar de Teherán, impulsadas por la inflación y el desplome del rial, se han propagado a más de cien ciudades. Las movilizaciones han llegado a las 31 provincias, con consignas que ya no solo se centran en lo económico, sino que atacan directamente al sistema: “Muerte a Jamenei” y “Muerte a la República Islámica”.

Frente a este desafío, el régimen ha recurrido a un manual conocido, pero esta vez con mayor intensidad:

Plataformas como NetBlocks y organizaciones defensoras de derechos humanos describen este apagón deliberado como un intento por “ocultar el verdadero alcance de las graves violaciones de derechos humanos”, que incluyen ejecuciones extrajudiciales y uso letal de la fuerza contra manifestantes desarmados.

La lógica detrás es simple y brutal:

Cientos de muertos y hospitales desbordados

Las cifras oficiales brillan por su ausencia. Sin embargo, las estadísticas no oficiales proporcionadas por ONG como Iran Human Rights (IHRNGO) son ya alarmantes:

En este contexto se inscriben testimonios provenientes de protesters in Tehran, quienes relatan haber visto “bodies piled up” en hospitales tras las noches más duras de represión. Muchos familiares ignoran si sus seres queridos están detenidos, heridos o muertos. El apagón digital complica la verificación independiente de estos relatos; sin embargo, el patrón evoca episodios previos de violencia estatal en Irán: cuando se apagan las cámaras, aumentan los cadáveres.

La represión muestra patrones similares en diversas regiones del país:

A pesar del alto costo humano, los iraníes se levantan contra el régimen. Los vídeos filtrados antes del apagón y los pocos que logran salir muestran escenas donde los manifestantes repiten un mensaje claro: “Ya no tenemos miedo. Lucharemos”.

La batalla por el relato: Trump, Europa y el silencio en España

Mientras el régimen intenta culpar a “mercenarios” y potencias extranjeras —con Ali Jamenei apuntando hacia Estados Unidos y Donald Trump—, fuera del país surge una conversación centrada en dos interrogantes: ¿hasta dónde llegará Teherán? Y ¿qué tan lejos irá Washington para respaldar a los manifestantes?

En el debate estadounidense resuena con fuerza la cuestión “How far would Trump go to defend Iran’s protesters?”. El expresidente ha sido mencionado por líderes iraníes como instigador externo; figuras opositoras como Reza Pahlavi le agradecen públicamente su promesa para “exigir responsabilidades al régimen”, instando además a otros líderes occidentales a romper su silencio.

En Europa, las respuestas políticas son dispares e incluso timoratas en ciertos sectores. En España, resulta evidente el contraste entre la magnitud de la crisis iraní y el silencio que rodea a buena parte de la izquierda autodenominada progresista:

Esta carencia responde también al historial político donde muchos han mostrado simpatías hacia regímenes “antiimperialistas”. No faltan quienes recuerdan episodios como aquel momento cuando Pablo Iglesias recibió apoyo financiero vinculado a gobiernos como el iraní o venezolano; un recordatorio incómodo que pesa ahora al momento de levantar la voz. Esta memoria explica para muchos iraníes y analistas por qué ciertos sectores prefieren mirar hacia otro lado mientras se apagan las luces en Teherán.

De Teherán a Londres: una protesta que cruza fronteras

El bloqueo digital no ha logrado silenciar completamente el eco del descontento iraní más allá del país. La diáspora y activistas europeos se han convertido en voces esenciales:

Mientras tanto, desde dentro del país, activistas intentan filtrar fragmentos verídicos: vídeos sobre violent clashes entre manifestantes y fuerzas policiales; calles cubiertas por humo; imágenes donde agentes disparan contra grupos desarmados. Cada clip que logra atravesar el apagón es una pieza más dentro del rompecabezas que revela algo claro: una población que tras 47 años bajo represión ha decidido desafiar abiertamente al poder religioso-político.

Escenarios abiertos: hasta dónde puede llegar la tiranía digital

La combinación entre un apagón total, una represión letal y una protesta constante plantea interrogantes sobre lo que sucederá en breve plazo. Los analistas observadores apuntan varios factores cruciales:

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