A diferencia de España que entre los problemas de la «prima» y los líos de los «llanitos» de Gibraltar, ya solo queda tiempo para contar la deuda de Bankia, a EEUU nada le pasa desapercibido, menos aún la importancia que cada día adquieren países como Guinea Ecuatorial, con un potencial de petróleo y gas que va en aumento.
En lugar de mendigar a Francia, para que nos permita seguir en Libia, a China para que no nos de la patada en los acuerdos en Sudamérica y a Brasil para que nos respete mejor que Argentina, deberíamos mirar más «a nuestro lado» y volver a replantearnos unas provechosas relaciones con nuestro país hermano, ya que a buen seguro que en Guinea sin duda, este acercamiento sería muy bien valorado.
Pero EEUU no es España y aprovecha todas las oportunidades que se le presentan y pone a sus Servicios Secretos al frente de los intereses de las empresas de su país y no a las de otros en contra de los propios, aunque sean aliados, como ocurre con CNI.
Por ello EEUU estrena un experimentado embajador en Malabo y en breve una futura sede, que sin duda será la más importante de todo el continente africano.
Obama envía a Guinea a Mark Louis Asquino, un embajador con una gran experiencia en destinos sensibles como Sudán, Uzbekistán, Kazajistán, Venezuela, Panamá y con el respaldo de Hillary Clinton y del responsable para Asuntos Africanos, Johnnie Carson.
Pero Asquino, además de Embajador es un experimentado espía, que comenzó en 1978 cuando ingresó en la USIA (US Information Agency), una de las múltiples estructuras que la CIA tiene, con la cobertura (que ya nadie cree) de que es agencia independiente que refuerza la política exterior de EEUU a base de programa culturales.
A principios de los 80 estuvo como Jefe de la Base CIA en España, aunque era un tal Donald el que figuraba como responsable (al que llamaban «el pato», por la casi coincidencia de nombre con el personaje de Walt Disney).
Eran tiempos difíciles, el PSOE acababa de ganar las elecciones generales y EEUU temía un peligroso giro a la izquierda, que Felipe González supo modular con maestría.
Aunque Asquino hasta 1986 figuraba como director del Centro Cultural de y asistente cultural de la embajada norteamericana en Madrid, nadie en la Embajada movía un dedo sin consultarle y es que sobre España el americano que más sabía. En 1975-1976, ya colaboró con la Universidad de Oviedo a través de un programa cultural coordinado con la Embajada de Estudios Norteamericanos.
Con esta acreditada experiencia, una década después, también estuvo en otro país en plena evolución democrática, en Rumania, con una cobertura similar, como agregado cultural de la embajada en Bucarest. Prestando unos servicios a su país impagables.
Por si había alguna duda, ha manifestado que va a su nuevo destino para ayudar a Guinea en su trayectoria de buen gobierno hacia una mayor democracia; mejorar la protección de los derechos humanos y ayudar a la seguridad nacional de EEUU y especialmente el acceso a los recursos energéticos de las empresas americanas.
Su discurso lleno de una gran sinceridad y sin tapujos que raya casi en la ingenuidad, revela no obstante, un profundo conocimiento de la idiosincrasia de Guinea.
Afirma Asquino, que aunque aún hay cosas por hacer, se han dado pasos alentadores gracias a las reformas llevadas a cabo por Obiang, como las emprendidas para cumplir las condiciones para entrar en EITI (Extractive Industries Transparency Initiative), los proyectos de obras públicas y de infraestructuras del país, su incorporación a Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR)… y tantas y tantas reformas en marcha.
Que aprendan nuestros embajadores que se pasas la vida tirando balones fuera y ante el mínimo problema, como el de Argentina, llegaron a expulsar a los empleado de Repsol que se refugiaron en la Embajada, solicitando ayuda cuando la nacionalización.
Mark Louis Asquino habla varios idiomas, además de su nativo inglés y aunque con cierto acento, domina el español y el ruso y tiene el proyecto de familiarizarse con el fang y con el bubi para conocer mejor a las distintas sensibilidades de Guinea.
¡!A tomar nota Margallo!!, que el sueldo de los diplomáticos hay que ganárselo.
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