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Los rebeldes del Movimiento 23 de Marzo (M23) han entrado en la ciudad de Bukavu, capital de la provincia de Kivu del Sur en el este de la República Democrática del Congo (RDC), marcando una nueva escalada en el conflicto que asola la región de los Grandes Lagos.
Este avance, que se produce apenas semanas después de la caída de Goma, la capital de Kivu del Norte, en manos de los insurgentes, amenaza con desestabilizar aún más una zona ya de por sí volátil.
Según informes de residentes y líderes de la sociedad civil, los combatientes del M23 ingresaron en las zonas de Kazingu y Bagira de Bukavu el viernes 14 de febrero de 2025, avanzando hacia el centro de la ciudad de aproximadamente 1,3 millones de habitantes.
«Se escuchan disparos en partes de la ciudad», declaró Jean Samy, vicepresidente de la sociedad civil en Kivu del Sur.
Horas antes de la incursión en Bukavu, los rebeldes habían tomado el control del aeropuerto de Kavumu, situado a unos 30 kilómetros de la ciudad.
Este aeropuerto, utilizado principalmente por organizaciones no gubernamentales y el ejército, era el último bastión militar importante de las fuerzas gubernamentales antes de llegar a Bukavu.
La rápida expansión del M23 en los últimos meses ha dejado perplejos a muchos observadores.
¿Cómo ha logrado este grupo rebelde, supuestamente respaldado por Ruanda, convertirse en una fuerza tan poderosa capaz de desafiar al ejército congoleño y a las fuerzas de paz internacionales?
Las raíces del conflicto
El conflicto en el este de la RDC tiene sus raíces en el genocidio de Ruanda de 1994.
Tras el fin de la masacre, cerca de un millón de hutus huyeron a lo que hoy es la RDC, temiendo represalias.
Esta migración masiva exacerbó las tensiones étnicas en la región, especialmente afectando a la comunidad tutsi marginada conocida como Banyamulenge.
Ruanda ha intervenido repetidamente en el este de la RDC, alegando la necesidad de perseguir a los responsables del genocidio y proteger a las comunidades tutsi.
Sin embargo, el gobierno congoleño y varios informes de la ONU acusan a Ruanda de utilizar el conflicto como pretexto para saquear los recursos minerales de la zona.
El papel de los minerales estratégicos
La región oriental de la RDC es rica en minerales estratégicos, especialmente coltán y tántalo, fundamentales para la fabricación de dispositivos electrónicos.
Se estima que entre el 60% y el 80% de las reservas mundiales de coltán se encuentran en Kivu del Norte y Kivu del Sur.
Según informes de la ONU, el M23 controla un lucrativo comercio de coltán que genera aproximadamente 800.000 dólares mensuales, financiando sus operaciones militares y alimentando circuitos económicos paralelos en la vecina Ruanda.
Alfred Lasteck, experto en conflictos africanos, señala:
«La explotación de minerales juega un papel decisivo en el desarrollo del conflicto, tanto como incentivo como fuente de ingresos que permite a los actores asumir el coste económico de la guerra».
El poder de los rebeldes
El M23 ha demostrado ser una fuerza formidable desde su resurgimiento en 2022.
El grupo parece estar mejor equipado, entrenado y organizado que en sus encarnaciones anteriores.
Según el general sudafricano retirado Maomela Moreti Motau:
«Sus uniformes, su equipo… no están vestidos como un ejército improvisado. Yo mismo fui un combatiente guerrillero, así que sé cómo se ven los guerrilleros. Claramente están respaldados por una fuerza poderosa».
Los informes indican que el M23 ha utilizado misiles tierra-aire, drones de combate y artillería pesada en sus ofensivas recientes, lo que refuerza las acusaciones de apoyo estatal significativo.
El papel de Ruanda
Aunque Ruanda ha negado históricamente su apoyo al M23, los expertos de la ONU han acusado repetidamente al país de suministrar armas, apoyo logístico e incluso comandar las fuerzas rebeldes.
Un informe de la ONU del año pasado indicaba que hasta 4.000 soldados ruandeses luchaban junto al M23.
Ruanda justifica su intervención alegando la necesidad de protegerse de las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR), un grupo armado hutu con vínculos con los perpetradores del genocidio de 1994.
El gobierno ruandés acusa a la RDC de colaborar con las FDLR, una acusación que Kinshasa niega rotundamente.
LA IMPOTENCIA DE LA ONU
La crisis en el este de la RDC ha puesto de manifiesto la impotencia de la comunidad internacional para resolver el conflicto.
La Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo (MONUSCO) ha sido criticada por su incapacidad para proteger a los civiles y contener el avance rebelde.
Vivian van de Perre, subdirectora de MONUSCO, advirtió recientemente que era necesario reiniciar el proceso de paz mediado por Angola para «evitar la amenaza inminente de una tercera guerra del Congo».
El presidente congoleño Felix Tshisekedi ha buscado apoyo internacional para poner fin a la crisis. Recientemente asistió a la Conferencia de Seguridad de Múnich en Alemania y se espera que participe en la cumbre de la Unión Africana en Etiopía.
La crisis en el este de la RDC es un recordatorio sombrío de la complejidad de los conflictos en África Central.
La combinación de tensiones étnicas históricas, intereses económicos en torno a los recursos minerales y la intervención de potencias regionales ha creado un nudo gordiano que parece imposible de desatar.
La incapacidad de la ONU y de la comunidad internacional para poner fin al conflicto subraya la necesidad de un nuevo enfoque que aborde las raíces históricas del problema y no se limite a tratar los síntomas.
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