Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

VICTORIA EN SEGUNDA VUELTA DE CAMBIEMOS

Macri hace historia en Argentina: derrota a Scioli y acaba con doce años de populismo K

El presidente electo tendrá que conformar alianzas con la UCR, la coalición ARI y el Frente Renovador

Luis Balcarce 23 Nov 2015 - 01:25 CET
Archivado en:

Adiós a doce años de kirchnerismo.El candidato de la coalición opositora Cambiemos, Mauricio Macri (Buenos Aires, 1959), se ha impuesto este 22 de noviembre de 2015 en la segunda vuelta de las presidenciales en Argentina y será el nuevo presidente del país.

Según los resultados correspondientes al 98,87 por ciento del escrutinio, Macri se ha hecho con el 51,44 de las papeletas, imponiéndose así al candidato del Frente para la Victoria (FpV), Daniel Scioli, quien ha conseguido el 48,56 por ciento de los respaldos.

«Si estoy acá es porque ustedes hicieron posible lo imposible», ha dicho Macri durante su primera comparecencia tras su victoria, poco después de que Scioli le llamara para reconocer su derrota y felicitarle por su éxito.

Macri, que ha pedido a Dios que le «ilumine para poder ayudar a cada argentino a encontrar su forma de progresar», ha solicitado «a todos», y especialmente a los que no le votaron, «que sumen», según ha informado la agencia estatal argentina de noticias, Télam.

«Queremos trabajar con todos, sabemos que el pueblo argentino tiene mucho para aportarle al mundo y esperamos encontrar una agenda de cooperación», ha dicho, resaltando que su elección supone «un cambio que tiene que llevar a Argentina hacia el futuro».

«Les pido por favor que no me abandonen, que sigamos juntos, porque el 10 de diciembre comienza esta etapa maravillosa de Argentina», ha afirmado el ya presidente electo de Argentina.

‘EL NENE DE PAPÁ’ QUE DERROTÓ AL KIRCHNERISMO

Alcalde de Buenos Aires, el liberal Mauricio Macri carga con el estigma de ser un «nene de papá» en referencia a su padre Franco, un empresario que se hizo de oro por su cercanía al poder de turno.

Daniel Scioli y Mauricio Macri.

Sus enemigos le caricaturizan como un ‘neoliberal satánico’ y el kirchnerismo ya se ha encargado de hacerle llegar un mensaje inequívoco: el país no tardará en ser un aquelarre sin ellos en el poder.

Macri pondrá énfasis en una gestión transparente cercana a la ciudadanía, una fórmula que le dio buenos resultados en la alcaldía de la ciudad de Buenos Aires. Los macristas ponen como ejemplo el nuevo edificio de la Jefatura de Gobierno municipal que es abierto, acristalado y sin divisiones.

Su estilo de gestión está muy influenciado por el de Google, que incluye reuniones de Gabinete en espacios abiertos como plazas y parques, «una recomendación de la gurú espiritual de Macri», según informó la revista Noticias.

PACTOS Y ALIANZAS

Dado que la historia reciente de la Argentina no ha tenido piedad con los gobiernos no peronistas, Macri necesitará pactos y compromisos con otras fuerzas. No hay que olvidar que su partido Cambiemos es una alianza entre Elisa Carrió (de la Coalición Cívica ARI), el propio Mauricio Macri (del PRO) y Ernesto Sanz (de la Unión Cívica Radical).

Tampoco se descarta que entre en el futuro gobierno el ex candidato presidencial del Frente Renovador. Sergio Massa. Lo necesita para equilibrar fuerzas en el Congreso de Diputados donde Cambiemos estará en minoría. Macri también necesitará pactar una tregua con el omnímodo poder sindical, eterno brazo tentacular del peronismo.

UNA NUEVA GENERACIÓN POLÍTICA

La nueva generación que liderará la política argentina –Macri, Scioli y Sergio Massa– podría coincidir en las mismas filas de cualquier partido de centro. Hablan de unidad, de consenso y de diálogo a una sociedad cansada de reabrir siempre las mismas heridas: la guerra sucia de los ‘70, la dictadura militar y los ‘desaparecidos’, Malvinas o los años de pizza y champán de Menem. Se acabaron los tiempos de venganza.

El presidente electo pertenece a una generación política en las antípodas del rencor sembrado por Cristina Kirchner, discípula mesiánica de los años 70. No ve el mundo como una perpetua conspiración ni se considera un semidios ungido por gracia divina.

Argentina necesita un Nelson Mandela que deje de agitar los avisperos del odio que tanto rédito le dieron al kirchnerismo. Si Scioli cometió un error de bulto en el último tramo de campaña fue seguir los consejos del cristinismo y difamar a Macri llamándole «un creído (pijo prepotente) de Barrio Parque».

Scioli olvidó que su problema no era Macri sino alejarse de Cristina. Su conversión a última hora en un ultra K acabó con sus aspiraciones presidenciales.

Por el contrario, Macri dio una muestra de su poder de fuego electoral al cerrar su campaña en el norte de Argentina, en la provincia de Jujuy, provincia fronteriza con Bolivia y territorio comanche del kirchnerismo.

Allí, en tierra indígena, el candidato del centroderecha dio un golpe de autoridad en los sondeos enterrando el discurso del miedo enarbolado por Scioli. Hasta se permitió en un ritual pedirle a la Pachamama «sabiduría y fortaleza» para gobernar el país.

EL FUTURO QUE LE ESPERA

Pero Macri no lo tendrá fácil. Hereda un país con altísimos niveles de pobreza, inseguridad y una inflación desbocada. El kirchnerismo no ha dejado ni las alfombras. Las arcas del Banco Central han sido saqueadas. «Cristina gasta, pero sólo para darse sus gustos. Duplicó el número de empleados en el Estado nacional. Sólo el Senado pasó de 3000 a 6000», informaba el diario argentino La Nación.

El Estado argentino sigue siendo costoso, colosal y deficiente. Cristina lo utilizó para darle calor y refugio a decenas de miles de sus militantes fanáticos. La fiesta kirchnerista deja una Argentina arrasada por la corrupción, la impunidad y el narcotráfico. Ahora años de austeridad y recortes asoman en el horizonte.

DOS CANDIDATOS CON MUCHO EN COMÚN

A Mauricio Macri (Cambiemos) y Daniel Scioli (Frente por la Victoria) les unen más cosas de las que les separa. Los dos provienen de familias acomodadas. Los dos vivieron hechos que marcaron sus vidas: Scioli perdió un brazo en un accidente de moto naútica en 1989 y Macri fue secuestrado en 1991 por una banda de policías y liberado previo pago de seis millones de dólares.

Los dos son ‘outsiders’ de la política argentina. Carlos Menem fichó a Scioli en 1997 necesitado de personajes independientes y sin pasado; Macri entró en política cantando el ‘que se vayan todos’ en 2003 gracias a un trampolín llamado Boca Juniors. Y ambos detestan al kirchnerismo aunque por distintas razones.

SCIOLI, LA CARA AMABLE DEL KIRCHNERISMO

Scioli mudó tres veces de piel dentro del peronismo: con el menemismo, el duhaldismo y el kirchnerismo. Ignífugo y de bajo perfil, sobrevivió al culto extremo al líder que anida en el peronismo. «Scioli los aguantó con cara de nada. [Néstor] Kirchner sabía que en la naturaleza de Scioli estaba el obedecer», recuerda la periodista Silvina Heguy en Clarín.

Deportista disciplinado, aguantó los desplantes de su jefa Cristina Kirchner hasta la humillación. Su estilo no tiene nada con la irascibilidad y la crispación de la ya ex presidenta. «Es dialogador, componedor y prudente», dicen sus más cercanos. Los ultrakirchneristas nunca le vieron como el genuino heredero de Cristina y le reprocharon en campaña su tibieza a la hora de reivindicar ‘el modelo K’.

Más en América Latina

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

CONTRIBUYE

Mobile Version Powered by