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Perú: Recuperar la condición humana

Eduardo González Viaña 20 Dic 2022 - 12:33 CET
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Qué está pasando en el Perú?- es la pregunta que más recibo aquí afuera, y mi respuesta tiene dos partes: La primera es mi perplejidad ante el último y casi inexplicable acto del presidente Castillo. Eso fue, evidentemente, un suicidio provocado por el acoso infame que sufrió desde la misma hora en que juró la presidencia.

La vacancia posterior y la asunción de la vicepresidenta fueron actos legales, pero también es comprensible el estallido popular que exige elecciones inmediatas y una asamblea para el reemplazo de la espuria Constitución de Fujimori.

Ante esa situación, en cualquier país civilizado se recomienda la negociación como primera medida frente a un conflicto.
Sacar a las tropas a la calle no es justo ni para el pueblo que recibe los disparos ni para el ejército al que se encarga una función que no le corresponde.

La Coordinadora Nacional de Derechos Humanos está pidiendo que se levante la militarización y se deje de lado el discurso de ‘terruqueo’. “Estamos camino al autoritarismo. No hay fallecimientos, hay asesinatos”, aseveró. (La República)

Por otro lado, Gloria Cano, de APRODEH, anunció tener material audiovisual de personas completamente desarmadas recibiendo disparos por parte de las fuerzas del orden en Ayacucho. “Fue el ejército que disparó a los manifestantes. Esto es asesinato”, dijo antes de anunciar que se está preparando una denuncia penal. (La República)

Recurrir a la violencia no es el camino correcto. La fuerza es el derecho de las bestias. Fue esta la forma que Alberto Fujimori utilizó para llenar de cadáveres el Perú y de dólares sus arcas.

Al igual que entonces, ahora, en vez de buscar un diálogo, se está inventando culpables, y eso no está bien. La que se levanta es la población peruana que está cansada de que la política se haga solamente en Lima, desde los salones del Congreso. Quiere ser oída.
Y, como denuncia la CC.DD. HH, además de recurrir a la violencia, se está “terruqueando”. Es decir, se está acusando a quienes fueron derrotados en la guerra interna del siglo pasado. ¿Hay que sacar de su casa a quienes padecieron décadas de prisión?, ¿o a los muertos que descansan bajo tierra desde el siglo pasado? Eso tal vez es fácil, pero no es correcto ni humano.

La “solución” Fujimori no es la solución. Fujimori fue el gran terrorista del siglo XX. La perversidad y el pánico son los únicos medios “de persuasión” que utiliza un gobierno terrorista. Sus defensores forman hoy la banda política que reclama represión, que censura y detiene la marcha del país. Y, sin embargo, ese “partido” es aceptado mientras que los peruanos que demandan en las calles una nueva constitución y una asamblea constituyente son calificados de terroristas.

Con el Congreso y los jueces a sus pies, con el satánico apoyo del cardenal Cipriani y con periodicuchos de calatas pagados con nuestro dinero, Fujimori manejó los controles del pánico y formó en el pueblo una mentalidad propicia a aceptar el infierno.
Por eso, al pasar su dictadura, cuando fugó al Japón, la gente ─que había visto los cadáveres calcinados de los universitarios y que había escuchado el aullido de las 200 mil mujeres esterilizadas contra su voluntad y que sabía de los miles de campesinos ejecutados en los Andes─ justificó cualquier perversidad con el estribillo de que “así Fujimori acabó con el terrorismo”.

Fujimori encanalló al Perú. Sin embargo, ahora parece haberse convertido en el ideólogo de esta nueva represión.

¿Es buena la violencia? No. ¿Es bueno callar? Tampoco lo es. Es hora de tener la valentía para conversar. Es la única forma de recuperar la condición humana.

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