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China está perfilando la invasión a Taiwán.
Pekín saca conclusiones de la guerra de Rusia en Ucrania que la llevan a inclinarse por el uso de la fuerza contra Taiwán, de modo que la pregunta no es si invadirá sino cuándo y cómo.
No hace tanto que lo dejó negro sobre blanco jefe de la CIA.
“Nos parece que (la guerra en Ucrania) realmente no afecta al tema de si los líderes chinos podrían optar por usar la fuerza contra Taiwán en los próximos años, sino cuándo y cómo lo harán”, dijo hace tres el entonces jefe de la agencia de inteligencia estadounidense Bill Burns durante un foro sobre seguridad en Aspen, Estados Unidos.
Sin embargo, Burns relativizó el riesgo de que el presidente Xi Jinping pase a la acción antes de finales de año, pese a que algunos analistas creen posible que lo haga después de una importante reunión del partido comunista.
“Estos riesgos van en aumento, nos parece, cuanto más avanza en esta década”.
Las cosas han cambiado ligeramente desde entonces.
Pekín probablemente esté “inquieta” viendo la guerra en Ucrania, analizó el jefe de la agencia, calificándola de “fracaso estratégico” para Vladimir Putin que creía poder derrocar el gobierno ucraniano en una semana.
China lo interpreta como una prueba “de que no se logran victorias rápidas y decisivas” sin poner muchos medios militares.
Incremento del riesgo de invasión:
En los últimos años, el riesgo de que China invada Taiwán ha aumentado significativamente, y un indicio son los ejercicios militares a gran escala del Ejército Popular de Liberación (EPL).
Por ejemplo, en diciembre de 2025, China realizó simulacros que imitaban un bloqueo de Taiwán, denominados «Justice Mission 2025», con énfasis en operaciones combinadas que podrían respaldar una invasión o un golpe de decapitación.
El informe anual del Pentágono de 2025 advierte que Pekín se prepara para un conflicto potencial sobre Taiwán para 2027, alineando fuerzas para una «victoria decisiva estratégica».
Algunos análisis, como el del Stimson Center, argumentan que una invasión es improbable debido a los altos riesgos políticos, económicos y militares para China. El año 2026 se describe como un «año de tentación» para Xi Jinping, con presiones crecientes tras un fuerte 2025, aunque la mayoría de los expertos no ven una invasión inminente.
Riesgos que conlleva una invasión:
Una invasión desencadenaría consecuencias catastróficas a nivel global. Militarmente, podría escalar a un conflicto nuclear entre China y EE.UU., con decenas de miles de bajas civiles y militares.
Económicamente, el costo mundial se estima en $10 billones (10% del PIB global), superando impactos de la pandemia de COVID-19 o la crisis financiera de 2008, debido a disrupciones en cadenas de suministro, especialmente semiconductores (Taiwán produce el 92% de chips avanzados).
Otros riesgos incluyen una carrera armamentista regional, inestabilidad en el Estrecho de Taiwán y posibles ataques cibernéticos o bloqueos que afecten el comercio global, con pérdidas anuales de hasta $1.6 billones en industrias dependientes de chips. Políticamente, fallar podría debilitar al Partido Comunista Chino (PCC), mientras que el éxito alteraría el equilibrio de poder en el Indo-Pacífico.
Influencia de la coyuntura internacional:
La situación global influye decisivamente en el cálculo chino. La guerra en Ucrania sirve como modelo para Pekín, recalibrando escenarios de sanciones globales y disrupciones en cadenas de suministro.
Alianzas como el QUAD (EE.UU., Japón, India, Australia) y el apoyo de EE.UU. a Taiwán elevan los riesgos para China, pero la polarización en EE.UU. y la incertidumbre bajo Trump podrían percibir como una oportunidad.
Factores como la distracción de EE.UU. en otros conflictos (Corea, Oriente Medio) o ventas de armas estadounidenses a Taiwán podrían precipitar una acción china. Además, presiones económicas globales y la meta de Xi para 2027 de «ganar guerras regionales» intensifican la tensión.
Costo real para China:
El costo para China sería enorme y multifacético.
Militarmente, simulaciones del CSIS proyectan pérdidas de alrededor de 10,000 tropas, 155 aviones de combate y 138 buques mayores en un conflicto con intervención estadounidense.
Económicamente, un golpe del 16.7% al PIB chino por sanciones, pérdida de acceso a semiconductores avanzados y costos de guerra, sin contar la reconstrucción de Taiwán. Políticamente, una invasión fallida podría desestabilizar al PCC, con riesgos de sanciones internacionales que corten hasta el 70% de sus necesidades petroleras actuales si EE.UU. controla suministros de Venezuela e Irán
. China perdería $100 mil millones en inversiones taiwanesas y $224 mil millones en comercio bilateral. La vulnerabilidad de sus líneas de suministro y el terreno hostil de Taiwán hacen que el éxito sea improbable sin costos prohibitivos.
Cómo podría resistir Taiwán:
Taiwán podría resistir mediante una estrategia asimétrica o «porcupine«, enfocada en misiles costeros, defensas aéreas, drones, minas navales y barcos rápidos, aprovechando su geografía montañosa, arrozales extensos y áreas urbanas para complicar un desembarco anfibio.
Se enfatiza en reservas militares (2.3 millones potenciales) y defensa civil, con entrenamiento en guerrilla, ciberataques y sabotaje para erosionar la moral china.
El servicio militar se extendió a un año, y el presupuesto de defensa subirá al 5% del PIB para 2030, incluyendo un sistema de misiles «T-dome». Sin intervención estadounidense, Taiwán podría aguantar 90 días, pero la durabilidad a largo plazo depende de aliados.
Qué haría Trump desde EE.UU. para evitarlo:
Trump ha señalado que Xi Jinping le prometió no invadir Taiwán durante su presidencia, vinculando el riesgo a invasiones como la de Ucrania por Putin.
Firmó la Ley de Implementación de Aseguramiento de Taiwán, que podría fortalecer lazos, y su Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) de 2025 prioriza disuadir un conflicto mediante superioridad militar y exigiendo que aliados como Japón y Australia inviertan más en defensa colectiva. Sin embargo, eliminó la política de «Una China» de la NSS, sugiriendo un posible alejamiento del statu quo, aunque mantiene que no apoya cambios unilaterales.
Su enfoque transaccional prioriza acuerdos comerciales con China, con señales de posible apaciguamiento (como advertir a Japón contra provocaciones), pero su imprevisibilidad podría actuar como disuasivo. En X, discusiones destacan que los sucedido ahora en Venezuela y una futura operación en Irán podrían limitar mucho la llegada de petróleo a China, reduciendo la viabilidad de una invasión.
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