Las revelaciones sobre el errático comportamiento del acusado de la masacre de Tucson, Jared Loughner, ha revelado fallos en el control de armas e inquietado a las autoridades, que siguen sin saber las motivaciones del ataque.
Un día después de que Loughner, de 22 años, compareciera ante un tribunal de Phoenix con el pelo y las cejas rapadas, con una aparente tranquilidad, hoy han comenzado a conocerse testimonios de compañeros de universidad, e informes policiales sobre su problemas con las drogas, lo que no impidió que fuera capaz de comprar armas y municiones.
Según la investigación en curso, la pistola semi-automática Glock que supuestamente utilizó en el atentado la adquirió en noviembre del año pasado, mientras que la munición la compró en unos grandes almacenes de Tucson la misma mañana del crimen.
Don Coorough, quien asistió a clases de poesía con el acusado en la Universidad de Pima County, explicó su sorpresa ante el extraño comportamiento de Loughner por sus «reacciones impropias ante las emociones de los demás».
«Se reía ante cosas supuestamente tristes. No parecía estar al tanto de lo que ocurría a su alrededor», explicó Coorough a la cadena CNN.
El acusado fue expulsado de la Universidad en otoño de 2010 y para ser readmitido se le exigió «una certificación de salud mental en la que se asegurase que su presencia en la Universidad no suponía un peligro para él y para los compañeros».
En un registro policial en casa de Loughner se encontró un sobre con las palabras «lo planeé con antelación» y «mi asesinato» escritos en él, junto al nombre «Giffords».
Previamente, en 2007 Loughner participó en un encuentro público con Giffords a quien hizo una pregunta, cuya respuesta aparentemente no gustó al acusado.
Loughner quedó detenido sin posibilidad de fianza tras la audiencia de ayer, donde asintió ante los cinco cargos a los que se enfrenta y las posibles sentencias, entre ellas la de pena de muerte por los dos cargos de asesinato en primer grado.
Un antiguo fiscal, Paul Callan, explicó a CNN que es difícil que el abogado defensor pueda argumentar «un alegato de locura dada la cantidad de planificación que precedió al asesinato».
Sin embargo, los contradictorios e inconexos perfiles y testimonios que Loughner había colgado en sus cuentas de YouTube y MySpace no parecen arrojan luz sobre sus motivaciones.
Las autoridades consideran a Loughner un chico con problemas mentales que, sin embargo, había planeado deliberadamente el asesinato de Giffords.
El doctor Steven Rayle, uno de los testigos del tiroteo que se encontraba en el acto público de la congresista, afirmó hoy haber visto el rostro de Loughner cuando abrió fuego y señaló que «parecía muy determinado».
Por su parte, vecinos revelaron que los padres de Jared Loughner están «destrozados» por la acción de su hijo y su madre, desde el sábado, «no hace más que llorar en la cama».
Wayne Smith, vecino de 70 años de los Loughner, dijo a una cadena de televisión local que los padres del joven no hacen más que preguntarse «en qué hemos fallado».
Mientras tanto, la congresista Giffords continúa en estado crítico aunque los doctores revelaron en el parte médico de hoy que ya puede «respirar por sí misma» y que «habían bajado la sedación» de la paciente
Michael Lemore, neurocirujano del Centro Médico de la Universidad de Arizona en Tucson, donde está hospitalizada Giffords, señaló que hay que ser «extremadamente pacientes» con el proceso de recuperación de la congresista.
Por su parte, el presidente de EEUU, Barack Obama viajará mañana a Tucson (Arizona) para participar en una ceremonia en homenaje a las víctimas del tiroteo.
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