“Cualquier hombre, si se lo propone, puede ser arquitecto de su propio destino o futuro”.
Emilio González, “Metomentodo”
Mientras no se demuestre lo contrario (ya sabe usted, amable, atento, dilecto, discreto y selecto lector de las urdiduras o “urdiblandas” de “Otramotro”, aquello de Karl Popper, de que la verdad tiene carácter interino, provisional; pues dura hasta que es refutada, contradicha), todo autor (el buen lector también es un (proto)hacedor) es arquitecto, escultor y pintor de una catedral y toda obra, sea ésta magna o chica, más o menos frágil o perdurable, un santuario.
Mientras no sea rebatida y superada por otra razón de más enjundia o peso, que venga a sustituirla, el menda lerenda seguirá defendiendo y sosteniendo, o sea, teniendo por verdad radical, incontrovertible, que acierta cada vez que franquea las puertas de sus templos a quienes acuden hasta ellas/os con el propósito augusto de comprender sus entrañas y sacuden sus aldabas con la excelsa, decente y proba intención de acrisolar sus almarios.
Mientras a “Otramotro” no le corrijan los arcángeles, da de lleno en el blanco o centro de la diana cada vez que impide el acceso a los santos altares de sus benditas capillas a quienes, a pesar de portar el acetre en la zurda y el hisopo en la diestra, esgrimen falsa devoción por sus reliquias; y, no obstante las plegarias y los salmos de sus labios, fingen honesta veneración por sus conopeos y sagrarios.
Ángel Sáez García
angelsaezgarcia@yahoo.com
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