“Entre dos explicaciones, elige la más clara; entre dos formas, la más elemental; entre dos expresiones, la más breve”.
Eugenio d´ Ors
Como, asimismo, recomendó uno de mis maestros predilectos, sólo admitiré el plagio (propio o extraño) si va seguido de asesinato; quiero decir que bienvenida y bienhallada será por el menda lerenda toda copia, siempre que ésta deje para el arrastre y hasta sepulte al original.
Lo que no puede consentirse, en modo alguno, es que la ley del mínimo esfuerzo, la “navaja” o “tijeras de Occam” (ideada por el “Venerabilis inceptor” y “Doctor invincibilis”, y enunciada por él de varias formas: “No debe suponerse una pluralidad sin motivo”, “Es vano hacer con mucho lo que puede hacerse con menos”, “Cuando una afirmación puede ser verdadera por dos razones, y éstas son suficientes, es superfluo suponer una tercera” -en “El nombre de la rosa”, de Umberto Eco, Guillermo de Baskerville le confiesa a Adso de Melk: “no conviene multiplicar las explicaciones y las causas mientras no haya esctricta necesidad-), haya degenerado tanto, cayendo hasta los niveles ínfimos que demuestra el tosco amaño o la tamaña chapuza hecha con un texto maño.
Es normal que usted no se entere o se sienta perdido. Le explico, grosso modo, de qué va la cosa, amable, atento, dilecto, discreto y selecto lector. Al parecer, la enmienda (más bien, en mierda -perdón, por haber acudido a la escatología-) a la totalidad de la creación del Instituto de la Juventud de Castilla y León, planteada por el PSOE, es una burda copia textual de un documento aragonés, errata tipográfica y menciones o referencias a la citada comunidad triprovincial incluidas.
Según Borja Suárez, director general de la Juventud de la Junta de Castilla y León, la enmienda susodicha, sucia, sucísima, presentada por los socialistas ha sido una “pantomima ridícula”. Se ha quedado corto. Ha sido una sinvergonzada morrocotuda, mayúscula, insólita. A cualquier socialista hecho y derecho que haya tenido conocimiento de la noticia seguro que le habrá parecido una indecencia y le habrá producido, amén de asco y grima, un bochorno inaudito.
Si “Otramotro” fuera Míriam Andrés (pues nada de lo humano nos debería ser ajeno), la secretaria general de las Juventudes Socialistas de Castilla y León, hubiera hecho lo que ella, reconocer lo obvio, el plagio evidente, pero, además (ignoro qué pasos ha dado al respecto Míriam), hubiera pedido disculpas a todos y, acto seguido, hubiera presentado, de manera irrovocable la dimisión, por haberme rodeado de incompetentes y vagos (al menos, en el caso que nos ocupa -y es que Míriam Andrés debería saber que, como dice un proverbio japonés, una reputación de mil años puede depender de la conducta de una sola hora-).
Ángel Sáez García
angelsaezgarcia@yahoo.com
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