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La egolatría, uno de los males de nuestro tiempo

Ángel Sáez García 23 Jun 2006 - 10:46 CET
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“El vocablo “héroe” sólo lo merece y prestigia ese ser anónimo que, además de estar dispuesto a extraer todo su jugo (enajenar, donar o ceder hasta su última gota de sangre), se cerciora de que la/s persona/s por la/s que va arriesgar su misma piel (exponer su alma, cuerpo y existencia) nunca predicará/n su nombre ni aireará/n su hazaña”.

Emilio González, “Metomentodo”

Otro de los males (o, acaso, una cara, careta, faceta, variante o versión distinta del mismo mal) de estos comienzos de siglo y milenio que aqueja a muchos de nosotros es la soberbia, pues somos o conformamos una legión (o dos, o…) los que la exudamos sin medida y fuera de tiempo y lugar; ese habitual hálito de superioridad que nos empeñamos en exhalar por doquier, incluso cuando ya se agotaron el plazo y las plazas.

En esta sociedad nuestra, en la que la suciedad interior lucha a brazo partido por conquistar la exterior, y viceversa, donde la saciedad ya no harta a casi nadie, hay más villanos que biplanos y más héroes que proezas y, asimismo, como advirtiera, dejara sentado y/o sentenciara Honoré de Balzac a propósito del mismo asunto, en el especialísimo “cronotopos” que le tocó en suerte vivir, aquí también “hay más santos que hornacinas”.

Hildegarda de Bingen (1098-1179) dejó escrito que “el arte de ser un verdadero ser humano consiste en convertir nuestras heridas en perlas”. Teniendo en cuenta o presente, tal vez, el susodicho pensamiento de la mentada religiosa benedictina, abadesa y santa alemana, Elvira Gómez, “Metáfora”, la negra preferida y predilecta de Emilio González, “Metomentodo”, urdió aquello de que “sólo consigue obtener y renovar a diario el carné de buen ciudadano, de excelente persona, quien, jornada tras jornada, logra ayudar a levantarse a un nuevo semejante o prójimo que había tropezado y caído, quien, una vez puesto en pie, se da cuenta del aspecto mágico o milagroso que gravitaba sobre el suceso en cuestión o de marras, que él, ora Unamuno, ora “Otramotro”, era ambos protagonistas o sujetos, el ayudador y el ayudado, el uno y el otro, pero en distintos momentos o planos”.

Ángel Sáez García
angelsaezgarcia@yahoo.es

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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