QUE LA TEA (CREYENTE, AGNÓSTICA O ATEA) DE UNA SÓLIDA INSTRUCCIÓN ALUMBRE CUALQUIER RINCÓN DEL REINO (¿¡IRROMPIBLE!?) DE ESPAÑA
(DESDE AYAMONTE HASTA DONDE HAYA PLAYA O HAYA MONTE)
Vaya en vanguardia que el menda lerenda (quien considera que su obra es un continuo proceso en marcha), “Otramotro”, contiene y acarrea un montón de lectores (de diversa exigencia). Vaya, asimismo, en cabeza que, de cuando en vez (o de vez en cuando), del susodicho rimero suele brotar el lector que corrige y embellece y mejora más que ningún otro la versión primigenia, provisional o intermedia, del texto que sea. He aquí, a continuación, un botón de muestra.
Dejando a un lado las lógicas excepciones, ahí le envío y va, amable, atento, dilecto, discreto y selecto lector, la regla. No creo que haya nadie con dos dedos (o más) de frente en toda la piel de toro puesta a secar al sol que no haya tenido conocimiento, antes o después, por uno u otro cauce o medio de comunicación de masas, de esta mala nueva, que, hace unos cuantos meses (rondan la media docena), en la localidad onubense de Ayamonte, agentes adscritos al equipo de la Policía Judicial y especialistas en investigación de la Comandancia de la Guardia Civil de Huelva detuvieron a siete menores de edad y un joven de 19 años por (presuntamente) haber agredido, al menos, en dos ocasiones (ergo los susodichos eran reincidentes –que le habían cogido gusto al maltrato ajeno, o sea-) a un indigente (el menda lerenda, “Otramotro”, prefiere la dicción “pordiosero”, siempre que aquél pidiera las limosnas “por Dios”), que solía resguardarse del frío y dormir en el interior del cajero automático de una sucursal del BBVA.
Bueno; pues vayamos al (t)ajo, centro o meollo de la cuestión, quiero decir que Rafael González González, alcalde-presidente del Muy Ilustre Ayuntamiento de Ayamonte (del PSOE), tuvo la genial idea y/o vergüenza torera de (mandar) editar un bando municipal instando a todos los padres (locales, sí; pero, también, a los foráneos o forasteros, del resto de la Nación) a que se ocuparan y preocuparan más y mejor de la educación que daban a sus hijos.
Y es que, en verdad, en la s(a-o-u)ciedad española actual, la familia sigue siendo una unidad incontrovertible, la óptima argamasa y el raquis que da seguridad y sentido y sirve de sostén a la formación integral de los educandos.
Según don Rafael (vaya un Sobresaliente con Matrícula de Honor para él, en el supuesto de que haya sido el autor del bando; y, si no lo ha sido, vaya, igualmente y en cualesquiera otros casos, la excelsa nota, por haberse molestado en buscar y hallar el apoyo y/o asesoramiento de personas expertas en la materia, aunque éstas, las peritas, fueran las que se encargaran, en último término, de llevar a cabo la mentada redacción), los padres deben tomar conciencia de que la labor más importante que la sociedad les ha encomendado es la de contribuir con sus premios (cuando sus retoños hacen las cosas bien –al menos, cuando ponen todo su empeño en tales “amenes”, quiero decir, en que así sea-) y castigos (–no físicos- cuando sus renuevos contravienen las normas establecidas o cruzan las rayas o líneas rojas de lo pactado o permitido) a la formación de la personalidad de sus hijos y a educarlos en una serie de valores y pautas de comportamiento que serán la base de su conducta cuando hayan madurado, esto es, cuando hayan alcanzado la edad adulta.
Lo dicho (mejor, urdido, para servidor, aquí, en el local de mi amigo Alberto Sánchez, el cibercafé “Praga” de la capital de la ribera ibera de Navarra, Tudela, donde, al carecer de despacho, tengo medio instalada mi oficina); un “notón” para don Rafael. A ver si cunde el ejemplo y los padres españoles no nos escaqueamos ni escondemos más y cumplimos a rajatabla con nuestras obligaciones, no delegando más de la cuenta en abuelos, tíos, maestros o profesores lo que nos corresponde e incumbe única y exclusivamente a nosotros (y es que el menda lerenda, “Otramotro”, aunque no lo es sensu stricto, pasando mañana, cualquier día puede llegar a serlo –padre, me refiero; mas de más hijos de papel, sospecho, supongo-).
Ángel Sáez García
angelsaezgarcia@yahoo.es
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