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Me ha hecho mucha ilusión leer tu escrito

Ángel Sáez García 14 Mar 2020 - 14:00 CET
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ME HA HECHO MUCHA ILUSIÓN LEER TU ESCRITO

Y TAMBIÉN REDACTARTE ESTOS RENGLONES

Dilecto José Ignacio Santaolalla Sáez (¡oh, qué sorpresa!, tu segundo es mi primer apellido), hermano camilo:

Me ha hecho mucha ilusión leer tu escrito. De veras, por diversas razones. Eres primo carnal (o primo hermano) de José Luis (si en Navarrete nos conocíamos por el apellido, en Zaragoza mudó la cosa, pues usábamos más la gracia, ora singular, ora compuesta, de pila). Creo que fui el único de los amigos, compañeros y/o émulos de tu deudo que le llamaba cariñosamente así, “Tisme”, alias que ideé en el seminario menor, cuando, estando en octavo, último curso de la Educación General Básica, E. G. B., compartimos litera (él dormía arriba y yo abajo). Quise un montón a tu familiar y a José Carlos Bermejo Higuera (todavía conservo los apuntes de Filosofía de tercero de BUP, cuando este menda se los dictaba y él los escribía a máquina), homólogo tuyo. Con ambos y Álvarez, un compañero de ellos, pues también se había decantado por las ciencias, hice el viaje a Italia, inolvidable por diversos motivos. En mi caso, el trato y las caricias dominicales con una alumna que cursaba segundo de BUP, en “Las Teresinas”, Cristina (íbamos, en grupo, a una de las zonas de bares para jóvenes a tomar unas sangrías azucaradas) y luego diarias, en un bar cercano al Colegio “Enrique de Ossó”, donde jugábamos al billar), fue la prueba concluyente, decisiva y definitiva, que no superé; y por eso no di el paso esperado de ir a Sant Pere de Ribes, o sea, desistí de seguir en la Orden Camiliana. Pero la grata experiencia con los ancianos del asilo de la calle Cartagena, adonde acudíamos los sábados por la mañana a ayudar a las monjas que regentaban el lugar, a fin de coronar un trabajo social, propició que me inclinara por una opción romántica, estudiar Medicina en Zaragoza (qué error, pues, al haber estudiado letras en BUP y en COU, mis conocimientos de Química y Física, escasos, flaqueaban; al año siguiente, volví a mi redil, comenzando la carrera de Filosofía y Letras, donde coincidí, por cierto, con quien mentas al final de tu texto, María Pilar Martínez Barca, hoy doctora, a quien contestaré luego, si me da tiempo, las pocas líneas que me ha escrito. Está muy atareada, por variopintos compromisos, todos de peso.

Hace algún tiempo, coincidimos Pío y yo (solemos salir los sábados por la tarde a zuritear con su pareja, Diana) con Jesús Fernández Miranda en el Burcon, local donde siempre nos tomamos uno, dos o más zuritos, porque Carlos, su dueño, o, en su defecto, los camareros que le ayudan, nos tratan estupendamente. Y, recordando viejos tiempos, estuvimos dándole a la sinhueso a gusto, a base de bien.

Fue una pena recibir antaño la mala nueva del inesperado óbito de tu primo, José Luis Álvarez Santaolalla. Me informó del mismo Soto, peñista de La Teba, y, aunque estaba ya tumbado decúbito supino en la cama cuando me llamó por teléfono, me levanté y escribí en una hora escasa tres décimas en su memoria y prez, que publiqué en mi blog los días siguientes al fatal desenlace. No pude verlo ni a él ni a Bermejo, que habían viajado ese día a Valladolid, cuando acudí a Tres Cantos para fotocopiar las revistillas de los tres años que estuve en Navarrete, porque había pensado escribir una novela (siempre he identificado esos tres años con mi cielo en la Tierra), pero no las hallé en el archivo de la Orden. Me trató estupendamente el navarro Jesús María Ruiz, que me invitó a comer con los miembros presentes de la comunidad; el resto de los religiosos se portaron conmigo por el estilo. No me cobraron las pocas copias que hice.

Siempre recordaré a Pedro María Piérola García (la primera vez que lo vi en mi casa, en Tudela, vestía, de manera elegante, el impoluto hábito negro con la cruz roja en el pecho, y me pareció la viva imagen de san Camilo de Lelis, un gigante, cuando, transcurridos dos años del hecho, leí la vida del santo). Tuve el mal gesto, falta que andaré penando mientras viva, de no haberlo invitarlo a comer un día de fiestas en Tudela, que me lo encontré en la Plaza de los Fueros o Nueva. Recuerdo que, tal vez, para borrar tan craso error, al cabo del tiempo, mi inconsciente elaboró un sueño que propició que escribiera un relato en el que el abajo firmante le hacía a él protagonista y a mí testigo presencial de un milagro.

Con Jesús Arteaga Romero, que me enseñó las reglas de ortografía que ideó Piérola (como supe luego por boca del propio Arteaga), me pasa lo que con Pedro María. Ambos fueron unos educadores, guías o segundos padres inolvidables, insuperables. Guardo en mi memoria buenas experiencias de otros profesores/religiosos: Daniel Puerto (que, tras formar con nosotros un corro, nos daba unos segundos para contestar a sus preguntas, mientras medía esos segundos a golpes de su proverbial varita; en la segunda clase ya me había aprendido el Ave María en Latín), Salvador Pellicer (magnífico profesor de Francés; unas Navidades fui a casa de sus padres, en Benifairó de Valldigna, a por naranjas para las casas de Zaragoza y Navarrete), Ezequiel Julio Sánchez (de Ciencias Sociales, nuestro tutor; qué bien lo pasábamos cuando salíamos en primavera los fines de semana de acampada, ora al León Dormido, ora a la sierra de Codés), “Chema” López (de Religión),…

A Isis la veré, Deo volente, el próximo lunes, 17, que vuelo a Tenerife (había contratado con antelación un viaje y, aunque me tienen que extirpar la vesícula biliar al regreso, pues sufrí una pancreatitis aguda biliar, por la que estuve durante una semana ingresado en el HRS, el cirujano que me va a intervenir me dijo que aprovechara la ocasión y volara a la isla donde se yergue imponente y majestuoso el Teide).

Benditas sean las serendipias, sí. Hace años, propuse a los miembros de la RAE esta definición (o una parecida) para dicho vocablo: “Don, facultad o virtud de encontrar cosas valiosas en lugares inesperados por pura casualidad”.

Si no te parece mal, te recomiendo que le hagas caso a Albert Camus: “No camines delante de mí; puede que no te siga. No camines detrás de mí; puede que no te guíe. Camina junto a mí y sé mi amigo”. Creo que puedo ser una buena/mala influencia, porque, aunque soy capaz de fungir de antorcha, que alumbre y dé calor, también, al contagiar mis dudas, puedo remover muchas conciencias.

Recibe, “Nacho” (si no te molesta, te llamaré así), el vagón de abrazos que te envía desde Tudela (erógalos entre los miembros de la Comunidad, pero quédate, al menos, con uno, sentido y sincero)

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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