“CHISCA” PRETENDE HACERME EL DUELO FÁCIL
OTRA CEREZA ESCARCHADA ES SUSANA
Francisca Marifé es, en el fondo, lo que otrora barrunté, intuí y/o sospeché que era, una sentimental.
Hoy ha resuelto arrojar la toalla. Aún no le ha preguntado a su oncóloga cuánto le queda (lo sé, porque he llamado por teléfono esta mañana a su doctora y esta, la médica, personalmente, me ha confirmado que, aunque no había hablado con “Chisca”, mi esposa, sobre el particular, no descartaba que esa fuera la opción, decir “hasta aquí he llegado; este es mi límite”, por la que se decantara Paca; así la llama ella), pero, como no tiene ninguna certeza (otras veces ha mudado esa voz por seguridad) de que tanto DES, acrónimo de dedicación, esfuerzo y sacrificio, tenga en el futuro el corolario apetecido o deseado (otras veces ha usado el vocablo recompensa), más años de vida, ha determinado que no va a continuar con el duro tratamiento de quimioterapia, que la deja baldada, para el arrastre, esto es, que se ha dado por vencida por la maldita metástasis. Sintiendo, a través de mi piel, cuando me deja que le acaricie la suya, que lo paso mal, no tanto como “Chisca”, claro, el viernes pasado me rogó encarecidamente que esa fuera la última vez que me levantaba de la cama y le acompañaba al baño, aunque le dieran más ganas de vomitar en la taza del váter. “Maxifé” (que ha devenido “Minifé”) sabe que sufro por la sencilla razón, empática, solidaria, de que ella padece, y eso a ambos nos basta. No lo comentamos, porque los dos detestamos conversar sobre lo público y notorio, sobre lo obvio, sobre lo trillado.
Me consta que, aunque no hayamos tratado sobre el tema específico en cuestión, con las miradas que mutuamente nos dirigimos, nos hemos dicho mucho; si no todo, casi todo; entre otras cosas, que ha claudicado por varias razones de peso, pero tengo para mí que la crucial ha sido que ya ha empezado a hablar de cuando ella no se halle entre los vivos, y la definitiva que, como para ella yo sigo siendo el torpe seductor o conquistador que fui, un parado en cuestiones relacionadas con el amor, que no he pasado, en su opinión, del grado de aprendiz o pipiolo en el arte de ligar, que, porque me está agradecida, por haberla respetado en todo momento y lugar, por haberle sido fiel y leal, va a hacerme el trabajo sucio o favor ímprobo de buscarme pareja; no ha dicho aún esposa, pero en dos ocasiones, al menos, se le ha escapado (o no) el término novia (¿acaso ha dejado de pensar lo que antaño concebía y sostenía y tenía por cierto, que abominaba del vocablo novio, cuando yo me presentaba como su tal, porque ella lo asimilaba a que no vio, el novio no vio?).
Ayer “Chisca” me sorprendió, me dejó estupefacto, patidifuso, cuando me refirió, contenta y descansada, que, tras devanarse mucho los sesos, aunque sea, según su parecer, muy distinta a ella, acaso su complementaria, ya ha resuelto el puzle o rompecabezas, es decir, qué mujer soltera y sin compromiso me conviene para cuando ella fine sus días y falte, Susana. ¿Y quién es esa tal Susana?, le he preguntado, entre intrigado y zumbón. No seas guasón con una moribunda, me ha reprendido; y ha seguido arguyendo de esta guisa: La conoces. Es una chica estupenda. Tiene quince años menos que tú; es un sol de persona y te va a rejuvenecer. Ya verás qué poco me equivoco. Más de una vez le he dicho que su nombre de pila le cuadra, porque Susana, sin ninguna duda, sana, aunque a ella, a Paca, no (ya sabes, ella es la excepción, que viene a confirmar la regla), pero ella, Susana, sanará su falta, o sea, que a mí me atormente la ausencia de “Chisca”; y que, al ser el mar y el sol fuentes de vida, su segundo nombre compuesto acaso debería ser, aunque carezca de él, Marisol. La has saludado varias veces, porque trabaja en el hospital de Algaso, en concreto, en la cuarta planta. ¿En la sección de quimioterapia?, le he preguntado. Me ha contestado que sí.
Francisca Marifé, recuerdo y retomo el arranque de este texto, es, en el fondo, como barrunté, intuí y/o sospeché otrora, una sentimental. Y ahora, como, además de una sensación refractaria, tiene la certidumbre de que le queda poco por vivir, quien me sabe a cereza escarchada pretende hacerme el duelo más fácil.
Eladio Golosinas, “Metaplasmo”.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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