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Jesús, es natural mi inteligencia

Ángel Sáez García 05 Jul 2023 - 14:00 CET
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JESÚS, ES NATURAL MI INTELIGENCIA

(SI LA TENGO, QUE HABRÁ QUIEN ME LA NIEGUE)

El pasado domingo 2 de julio de 2023, me escribió el texto que (salvo algunas correcciones; no sé si todas son cabales, correctas, para el autor, Jesús Manuel) sigue a continuación uno de mis varios amigos cornagueses (a quien otrora urdí y envié más de trescientas epístolas, las que llevaban el rótulo general de “Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro”, seguido del número romano que hacía la misiva concreta en el conjunto). No lo he leído hasta hoy, martes 4 de los corrientes, tras haber hecho una visita preceptiva a los “vampiros”. Ayer, lunes 3, no lo pude hacer, porque acudí y estuve en Tafalla, en la clínica FARMADENT, que regenta mi amigo Luis Quirico Calvo Iriarte, que me está adecentando y arreglando la boca. Y, como es de bien nacido mostrarse agradecido con quien te benefició, le he pedido permiso para publicar en mi bitácora de Periodista Digital, el blog de Otramotro, su escrito con unas breves palabras al principio y otras al final del mismo, que vinieran a aclarar su quintaesencia, porqué o razón.

¿SE HAN ACABADO LOS POETAS?

¿NOS HEMOS CARGADO LA POESÍA?

“Dilecto Ángel:

“Hace casi un siglo que no te escribo, aunque parece que hace dos minutos que acabo de hablar contigo, al leer esa retahíla de sonetos que vas trenzando, cada vez mejor pertrechados.

“Los días pretéritos los he pasado, por cuestiones de trabajo, en la capital del reino. Aparte de efluvios cerveceros en mi cabeza y, no sé por qué, también soniquetes de organillo a ritmo de chotis en mis meninges, que repetían una y otra vez: Madrid, Madrid, Madrid, hoy me pongo al teclado para trasladarte mi preocupación por algo serio (o no).

“A mitad de junio pasado, se realizaron (en Logroño) los cursos de verano, con el siguiente tema: El impacto de la Inteligencia Artificial en la Seguridad Interior de los Estados: una visión holística. Fueron tres días. No estuve presente, pero me han contado, de primera mano, lo que por allí se coció y comentó. Grosso modo, por no olvidarme de los latinajos que tanto me martirizan, te diré que esta sociedad ya no es ni sombra de lo que era (lo que no puedo decirte es desde cuándo). Hay alguien (supongo que más de uno) que maneja los hilos de nuestras “marionetas”, y en sus manos está (y estamos) que pueda hacernos mucho bien o, al contrario, todo lo opuesto. No quiero alarmarte, ya me alarmo yo solito bastante, sin necesidad de público aquiescente o empecible.

“Después de mi regreso de Madrid, se me ocurrió trenzar (en esta ocasión, prefiero usar el verbo tirabuzonear; ya que, si no existe el término, en un plisplás o pispás le auguro y confiero pronto acomodo en el Diccionario de la lengua española, DLE) un poema, de esos cursis heptasílabos que, de cuando en vez, pienso, luego escribo, y puede que, al estilo del más ilustre rapsoda heleno, hasta me atreva a declamar en alguna ocasión singular. Pues bien, el poema llegó a manos de un tercero y, en pocos minutos, el primigenio u original, lo transformó en otras dos composiciones de similar contenido, pero mucho más ostentosas, elaboradas, emperifolladas, que me dieron a entender que yo era el “poeta menor” y él, el entendido o erudito en la materia, si no fuera porque en la parte final del mismo venían unos datos sobre cómo los había realizado en ese breve lapso de tiempo (o sea, los datos del programa de ordenador donde había vertido mi poema y, con unos cuantos aderezos o teclazos, se obtuvo el maravilloso oropel).

“Pues bien, esto me llevó a pensar y elucubrar que mi amigo Otramotro, que pare, un día sí y otro también, poemas y textos a destajo, si en alguna ocasión habría hecho uso de esos alardes tecnológicos, lo que me dejaría SORPRENDIDO a estas alturas de la película.

“Por eso es el título de mi texto (de esta forma, habríamos matado la poesía y a sus autores, ya que no serían necesarios, para embelecarnos con sus cantos de sirena).

“Pues eso era todo, querido amigo. En unos días comenzaré mis vacaciones de estío y me largo a la Tierra de las Flores, de la Luz y del Amor (o sea, Valencia), a tostarme por sus playas con mi doña y, en esta ocasión, también con mi júnior.

“Un abrazo; como siempre, te deseo lo mejor y… hasta más leernos o vernos (que será, seguramente, en cualquier momento).

“Jesús (ese que tú sabes)”.

Dilecto Jesús (ese que yo sé):

Ya sabes (te consta) que no tengo ordenador ni acceso a internet (salvo cuando estoy en la biblioteca pública “Yanguas y Miranda”, de Tudela). Y, asimismo, que, si este menda no se pusiera a trenzar cuando dispone de tiempo para ello, nada podría firmar, porque nada habría escrito.

Prueba a abastecer a un mono de folios y enséñale a pulsar las teclas de un ordenador y acabará escribiendo el “Quijote”. No sé si dicho aserto lo adujo un gurú de la IA (Inteligencia Artificial) o alguien que había escuchado a uno de ellos y extrapoló cuanto le oyó decir.

Que le saques el máximo provecho a tus vacaciones estivales en Valencia en compañía de tu señora y júnior.

Te agradece sobremanera el consentimiento (“Por supuesto que sí. Haz lo que quieras. Ya es tuyo. Saludos.”) quien te manda sendos abrazos para ti y tu júnior, y ósculos para tu doña,

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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