Adri Axis, “la mascota” del perro según la autorizada opinión de un colega plumífero, dio la cara definitivamente cuando pretendió explicar urbi et orbi la derrota de la Izquierda Reaccionaria en Castilla y León que luego se remató en Andalucía. En su podrida forma de digerir la información para convertirla en heces que, sorprendentemente, echaba por la boca, me recordó a aquel chorizo al que Clint Eastwood, en forma de su alter ego Harry el sucio, le prometió una patada en el culo que en lo sucesivo lo obligaría, como a Adri, a echar por la boca lo que es costumbre echar por el final del tubo digestivo. Es raro en ella porque la patada en el culo se la dieron después de las paridas que farfulló, de modo que lo suyo venía de fábrica: en Castilla y León ganó el psoe, cuchicheó lloriqueante, porque sólo había perdido siete procuradores, y perdió el PP porque sólo había ganado dos, así que siete menos dos son cinco y ya conocen la rima que estropeó las campanadas al presentador Ramón García en el año 2005, fecha que no se atrevió a pronunciar porque sabía lo que se le venía encima.
Qué lástima, con lo graciosa que era Adri Axis, que la hayan echado de mala manera so pretexto de que alguien le ha hecho un bombo, entiendo que para encabezar los desfiles triunfales, porque es ahora cuando de verdad les hace falta para interpretar de tan bizarra forma la sentencia de los ERE, en la que una vez más han vuelto a ganar los perdedores –condenados- porque no se han llevado ni un céntimo y los han condenado, ya pueden imaginar, injustamente. Pura inquina del Tribunal Supremo. Tal como circula por wasap, los condenados del psoe son más honrados que los absueltos del PP, y para llegar a tal conclusión hace falta no tener estudios y, además, sentar la cabeza para empezar a pensar como un culo.
Para vestir el muñeco les va a hacer falta una mastuerza tipo Adri, porque los acreditados 25.000 euros que gastaba mensualmente en cocaína el chófer de uno de los chorizos socialistas encausados es unidad monetaria indivisible en céntimos y no se puede acreditar, por tanto, que alguien se llevara un céntimo si no era por su equivalente en polvillo blanco pegado al bigote, y eso no cuenta como moneda de curso legal. Y están también las putas, las gambas, las comilonas de los sindicalistas con los de IU de invitados, que alguien pagaba con dinero defraudado, pero todo eso es pelufa de caña. Aquí, según esta izquierda reaccionaria, la única corrupción cierta son los doscientos y pico mil euros a los que se condenó al PP como partícipe a título lucrativo, afrenta que unió en santa cruzada a la gentuza que echó a Rajoy para entrar ellos a saco, que ya les tocaba. Y ya ven lo acabadamente bien que lo hicieron que tras esta primera condena aún quedan 133 juicios pendientes que van a ser la alegría preelectoral del perro y de los suyos. Feijóo, como cuando tu mujer te dice que no le pasa nada con los morros arrastrando por el suelo, debe estarse quieto, salir andando hacia atrás, desaparecer y no hacer ni decir nada, que con esta gente no hace falta hacer nada porque se están hundiendo ellos solos gracias al liderazgo maldito del tal perrosánchez.
No tengo más remedio que confiar en la sensatez de la gente común y corriente, la que veo por la calle, que trabaja, administra su dinero, sostiene a su familia y practican una forma de honradez que en nuestra cultura convive con ciertos chanchullos menores y algún dinero radioopaco, más bien negro zaíno –guineano lo llamaban en un despacho de abogados que conocí- que entienden muchos que es, en dosis moderadas, lo que da alegría de vivir al bolsillo de los pobres, gente que resulta inmune a las milongas que nos pueda contar cualquiera de este grupo de facinerosos empeñados como nunca en meternos las dos patas por un calzón, y que quede ahí la cosa y no quieran meternos más cosas por más sitios. Son gentuza común y corriente camuflada de Robín de los Bosques, que dicen robar al rico para repartírselo… entre ellos, porque de los pobres ya se ocupa Caritas. Confundidos de cuento, ellos leen Robin Hood cuando lo que dice es aquello de Alí Babá y los cuarenta ladrones.
Y que sigan vistiendo el muñeco, que les está quedando más bonito que un San Luis.
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