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Venezuela | Violencia, propaganda y doble moral

40 muertos en un operativo excepcional frente a décadas de silencio ante la carnicería diaria del chavismo

La izquierda internacional llora ahora por las víctimas de una operación militar puntual, mientras guardó silencio durante años ante fines de semana con hasta 60 muertos en Caracas por robos, balas perdidas y criminalidad desatada bajo el régimen chavista. La captura del líder del Cartel de los Soles destapa una hipocresía que resulta imposible de ocultar.

Raquel Marcano 04 Ene 2026 - 12:51 CET
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Una cifra que indigna… solo cuando conviene

Los medios afines a la izquierda internacional han puesto el foco en las al menos 40 muertes registradas durante el operativo militar estadounidense que permitió la captura del líder del Cartel de los Soles, Nicolás Maduro,  el hombre que durante años encabezó una estructura criminal incrustada en el poder y mantuvo secuestrado a todo un país.

Se habla de tragedia, de escándalo, de violación de derechos humanos. Pero la pregunta es inevitable:
¿Dónde estaban esas mismas voces cuando Caracas amanecía cada lunes con decenas de cadáveres por la inseguridad?

Durante años, fines de semana con hasta 60 muertos en la capital venezolana fueron tratados como una estadística más, una nota breve o, directamente, como un daño colateral “inevitable” del llamado socialismo del siglo XXI.

Violencia estructural vs. operación puntual

La diferencia es tan evidente como incómoda para el relato progresista.

En uno de los casos, se intenta neutralizar a un capo protegido por un anillo armado. En el otro, el Estado simplemente abandonó a la población.

La anciana del litoral y las balas que nadie quiso contar

El New York Times citó el caso de una anciana fallecida en el litoral durante el operativo. Su muerte es trágica e indeseable. Como lo fueron —y lo son— las cientos de muertes por “balas perdidas” en Caracas, proyectiles que durante años entraron en viviendas y apartamentos, matando a niños, adultos y ancianos mientras la izquierda miraba hacia otro lado.

La diferencia es que aquellas muertes nunca generaron comunicados indignados, ni portadas airadas, ni editoriales llorosas. Eran víctimas anónimas de un sistema que la izquierda decidió proteger por afinidad ideológica.

Era previsible: la escolta del capo no iba a rendirse

Pretender que una operación para capturar a un líder criminal fuertemente custodiado se desarrollara sin bajas es, como mínimo, intelectualmente deshonesto.

Era previsible que miembros de su escolta armada y de las fuerzas que lo protegían cayeran al intentar evitar su captura. Lo verdaderamente escandaloso no es eso, sino que durante años nadie respondiera por los miles de muertos causados por la inseguridad, el colapso institucional y la impunidad chavista.

El gráfico que desmonta el relato

El gráfico comparativo que acompaña esta información es demoledor:

La imagen deja al desnudo la doble vara moral de quienes hoy rasgan vestiduras mientras ayer justificaban, minimizaban o simplemente ignoraban la tragedia diaria del pueblo venezolano.

Cuando la izquierda decide quién merece compasión

La conclusión es incómoda, pero ineludible:
para la izquierda, hay muertos que cuentan y muertos que estorban.

Los que caen bajo un régimen “amigo” se convierten en estadísticas. Los que mueren cuando cae un tirano, en bandera política.

Ni la violencia criminal ni las muertes en operaciones militares son deseables. Pero la hipocresía selectiva sí es imperdonable.

 

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