Una cifra que indigna… solo cuando conviene
Los medios afines a la izquierda internacional han puesto el foco en las al menos 40 muertes registradas durante el operativo militar estadounidense que permitió la captura del líder del Cartel de los Soles, Nicolás Maduro, el hombre que durante años encabezó una estructura criminal incrustada en el poder y mantuvo secuestrado a todo un país.
Se habla de tragedia, de escándalo, de violación de derechos humanos. Pero la pregunta es inevitable:
¿Dónde estaban esas mismas voces cuando Caracas amanecía cada lunes con decenas de cadáveres por la inseguridad?
Durante años, fines de semana con hasta 60 muertos en la capital venezolana fueron tratados como una estadística más, una nota breve o, directamente, como un daño colateral “inevitable” del llamado socialismo del siglo XXI.
Violencia estructural vs. operación puntual
La diferencia es tan evidente como incómoda para el relato progresista.
- El operativo militar fue una acción excepcional, limitada en el tiempo y con un objetivo concreto: capturar al jefe de una organización criminal señalada por narcotráfico y corrupción a escala internacional.
- La violencia cotidiana en Caracas fue —y sigue siendo— permanente, estructural y consentida por el poder, con ciudadanos asesinados por un teléfono móvil, unos zapatos o una cadena.
En uno de los casos, se intenta neutralizar a un capo protegido por un anillo armado. En el otro, el Estado simplemente abandonó a la población.
La anciana del litoral y las balas que nadie quiso contar
El New York Times citó el caso de una anciana fallecida en el litoral durante el operativo. Su muerte es trágica e indeseable. Como lo fueron —y lo son— las cientos de muertes por “balas perdidas” en Caracas, proyectiles que durante años entraron en viviendas y apartamentos, matando a niños, adultos y ancianos mientras la izquierda miraba hacia otro lado.
La diferencia es que aquellas muertes nunca generaron comunicados indignados, ni portadas airadas, ni editoriales llorosas. Eran víctimas anónimas de un sistema que la izquierda decidió proteger por afinidad ideológica.
Era previsible: la escolta del capo no iba a rendirse
Pretender que una operación para capturar a un líder criminal fuertemente custodiado se desarrollara sin bajas es, como mínimo, intelectualmente deshonesto.
Era previsible que miembros de su escolta armada y de las fuerzas que lo protegían cayeran al intentar evitar su captura. Lo verdaderamente escandaloso no es eso, sino que durante años nadie respondiera por los miles de muertos causados por la inseguridad, el colapso institucional y la impunidad chavista.
El gráfico que desmonta el relato
El gráfico comparativo que acompaña esta información es demoledor:
- 40 muertos en un operativo militar puntual y excepcional.
- Hasta 60 muertos en un solo fin de semana de violencia criminal en Caracas durante los peores años del chavismo.
La imagen deja al desnudo la doble vara moral de quienes hoy rasgan vestiduras mientras ayer justificaban, minimizaban o simplemente ignoraban la tragedia diaria del pueblo venezolano.
Cuando la izquierda decide quién merece compasión
La conclusión es incómoda, pero ineludible:
para la izquierda, hay muertos que cuentan y muertos que estorban.
Los que caen bajo un régimen “amigo” se convierten en estadísticas. Los que mueren cuando cae un tirano, en bandera política.
Ni la violencia criminal ni las muertes en operaciones militares son deseables. Pero la hipocresía selectiva sí es imperdonable.
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