Desde el 17 de enero, los anuncios oficiales de Caracas han apuntado a una sola dirección: Delcy Rodríguez está consolidando el control del aparato estatal. Fuentes políticas venezolanas señalan que la estrategia busca minimizar la fractura interna del chavismo y garantizar la continuidad operativa del Estado durante la transición.
Los ajustes en el gabinete, los cambios en mandos de seguridad y la reordenación del poder civil apuntan a un objetivo más amplio: cumplir con las exigencias de Washington, especialmente en materia energética y de estabilidad institucional. La señal más evidente fue la reciente ronda de contactos con funcionarios estadounidenses, incluido el director de la CIA, John Ratcliffe, en Caracas.
Cabello estaba en la ecuación: EE. UU. abrió canales secretos antes de la caída de Maduro
El peso político de Diosdado Cabello, figura histórica del chavismo duro, no ha pasado inadvertido. Según revelaciones de medios estadounidenses, la administración de Donald Trump mantuvo conversaciones discretas con Cabello meses antes de la captura de Maduro, como medida preventiva para evitar un conflicto interno y asegurar una transición controlada.
Cabello, sancionado durante años por Washington y considerado uno de los cuadros más radicales del chavismo, negociaba desde una posición ambigua: sin poder formal directo, pero con influencia sobre sectores de seguridad y militares. Su rol dentro del nuevo equilibrio es incierto, pero su interlocución con Estados Unidos demuestra que la transición venezolana no fue improvisada y que Washington planificó escenarios múltiples.
La DEA ya tenía a Delcy en la mira: revelaciones añaden tensión al tablero
A este mosaico se suma otra pieza: documentos obtenidos por The Associated Press confirman que la DEA mantenía a Delcy Rodríguez como “objetivo prioritario” desde al menos 2022 dentro de un expediente sobre lavado de dinero y redes de narcotráfico vinculadas a figuras del régimen.
Aunque Rodríguez nunca fue acusada formalmente en Estados Unidos, el solo hecho de que estuviera bajo investigación explica en parte el margen de presión que Washington posee sobre la actual mandataria interina. En un contexto donde Delcy busca legitimidad internacional y control interno, esta revelación añade vulnerabilidad política y fortalece la mano estadounidense.
Un tablero que mezcla poder, transición y pragmatismo
Los tres elementos combinados —la consolidación del poder de Delcy, la negociación con Cabello y la presión judicial acumulada— delinean una transición venezolana marcada por pragmatismo político. No hay ideología, solo cálculo: Washington busca garantizar estabilidad y acceso energético, y la élite chavista intenta sobrevivir políticamente tras el derrumbe del modelo.
El resultado inmediato es un esquema donde Estados Unidos opera como garante externo y los líderes venezolanos como administradores de un nuevo reparto de poder, aún en desarrollo.
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