España dividida en la Eurocámara
La votación celebrada este miércoles 21 de enero en el Parlamento Europeo dejó una fotografía insólita: 334 votos a favor, 324 en contra y 11 abstenciones para remitir el acuerdo al Tribunal de Justicia de la UE y suspender temporalmente su ratificación.
La decisión, que puede retrasar el pacto durante meses o incluso años, se tomó por apenas diez votos de diferencia. Una cifra idéntica al número de eurodiputados españoles que apoyaron el bloqueo del tratado.
La mayoría de la delegación española —42 eurodiputados del PP, PSOE, PNV e independientes— defendió que el acuerdo con Mercosur constituía una oportunidad histórica para reforzar la posición geoeconómica europea frente a Estados Unidos y China, y para abrir mercados estratégicos a la automoción, la maquinaria industrial y la farmacéutica.
Quiénes votaron qué: nombres, partidos y alineamientos
En contra de enviar el acuerdo al TJUE —y por tanto, a favor de la ratificación— votaron los 42 eurodiputados del PP, PSOE, PNV y algunos independientes.
Entre los nombres destacan Esteban González Pons, Dolors Montserrat, Javier Zarzalejos, Adrián Vázquez, Juan Ignacio Zoido (PP) y Iratxe García, Juan Fernando López Aguilar, César Luena, Marcos Ros y Nacho Sánchez Amor (PSOE), además de Oihane Agirregoitia (PNV) y dos independientes.
En el bloque contrario, apoyando el envío del tratado al tribunal y por tanto frenando la ratificación, se situaron 10 eurodiputados españoles:
Vox: Mireia Borrás, Jorge Buxadé, Margarita de la Pisa, Juan Carlos Girauta, Jorge Martín Frías y Hermann Tertsch
Izquierda y nacionalistas: Estrella Galán (Sumar), Vicent Marzá (Compromís), Ana Miranda (BNG) y Diana Riba (ERC)
Este voto fue determinante para inclinar la balanza a nivel europeo.
Vox rompe el libreto liberal y abraza un proteccionismo rural
La mayor sorpresa fue Vox. Pese a reivindicarse como fuerza liberal en materia económica y defensora del libre mercado, se alineó con un bloque heterogéneo de izquierdas e independentistas para frenar un acuerdo de apertura comercial.
Los argumentos de Vox pivotaron sobre un nacionalismo agrícola y soberanista:
✔ defensa del campo y del ganadero español frente a importaciones de carne y grano del Cono Sur
✔ denuncia de un “fraude legal” de la Comisión Europea al trocear el tratado
✔ rechazo a la “cesión de soberanía comercial” a Bruselas
✔ acusación de competencia desleal del Mercosur
Este giro revela un proteccionismo selectivo y territorializado, donde el campo se convierte en identidad política antes que en sector económico.
Cálculo electoral antes que coherencia ideológica
La explicación más plausible del movimiento de Vox no se encuentra en su doctrina —que en teoría defiende apertura económica y competitividad global— sino en su ambición electoral en zonas rurales.
El partido lleva meses cortejando a agricultores y ganaderos en Castilla y León, Extremadura, Aragón y parte de Andalucía. En ese terreno, el libre comercio es un riesgo mientras que el proteccionismo es un discurso rentable.
Lo que en otros países fue el viejo “soberanismo agrícola” francés, en España adopta una variante más pragmática: apoyo coyuntural al proteccionismo cuando beneficia al territorio al que se aspira políticamente.
Como se diría en Venezuela, Vox aplica la estrategia dinámica de Eudomar Santos: “Como vaya viniendo, vamos viendo.”
El problema es que el oportunismo deja huella: los mercados globales tienen memoria, las empresas industriales igualmente y los ciudadanos también.
Nueva fractura política: del eje izquierda–derecha al eje apertura–soberanía
Lo ocurrido en Estrasburgo confirma que el debate comercial europeo ha mutado. La batalla ya no se libra entre izquierda y derecha, sino entre: libre comercio vs soberanía económica, competitividad industrial vs protección agrícola, geopolítica vs derecho interno, y Bruselas vs Estado-nación.
Para PP y PSOE, el tratado era una herramienta estratégica para contener la expansión china en América Latina y equilibrar la presión estadounidense en mercados globales. Para Vox y parte de la izquierda, la prioridad fue otra: el campo, el ganadero, la soberanía y la identidad productiva nacional.
El campo vuelve a mover la política europea
El caso reabre el viejo fantasma del sector agrícola como poder de veto en Europa. Francia lo inventó, Polonia lo perfeccionó y España se ha sumado al club.
En lo económico, el pacto preveía suprimir el 90% de los aranceles entre bloques.
El resultado era asimétrico pero lógico: Europa exporta industria y Mercosur exporta agroalimentos.
Para el consumidor europeo, esto abarata precios. Para el productor europeo, esto es competencia directa y para Mercosur, supone divisas vitales en plena restricción externa.
Un tratado en el limbo, Europa pierde tiempo, Mercosur gana opciones
La remisión del tratado al TJUE abre un limbo jurídico y geopolítico. Si el proceso se prolonga, Mercosur ya explora alternativas con Estados Unidos, China y Oriente Medio. Europa, que aspiraba a liderar el comercio global, se puede encontrar observando desde la barrera.
Conclusión: factura política pendiente
Lo ocurrido deja varias lecciones:
✔ el libre comercio ya no es consenso
✔ la soberanía regulatoria ya no es tabú
✔ el proteccionismo vuelve sin complejos
✔ y la coherencia doctrinal vale menos que el voto rural
La paradoja final es que Vox, que presume de liberal, ha votado como los más proteccionistas del continente. Esa factura, tarde o temprano, se pagará: en Bruselas, en Madrid, en los mercados y en las elecciones.
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