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Tensión política en Washington ante el rumbo de Venezuela tras la captura del narcoterrorista Nicolás Maduro

Marco Rubio defiende ante el Senado la política estadounidense hacia Venezuela y lanza dura advertencia a Delcy Rodríguez

En una comparecencia intensa y prolongada ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos, el secretario de Estado Marco Rubio defendió la estrategia de la administración Trump respecto a Venezuela, incluyendo el uso de “presión máxima” y la posibilidad de recurrir a la fuerza si la cooperación falla. Su testimonio generó fuertes objeciones de legisladores demócratas, que cuestionaron la legalidad, la eficacia y la justificación de las acciones emprendidas hasta ahora.

Raquel Marcano López 29 Ene 2026 - 10:15 CET
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Rubio ante el Senado: firmeza estratégica y advertencias claras

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, compareció ayer (28 de enero) ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado para dar cuenta de la política estadounidense hacia Venezuela tras la reciente operación que culminó con la captura del narcoterrorista Nicolás Maduro. Rubio presentó una defensa vigorosa de las acciones ejecutadas, describiéndolas como necesarias para contrarrestar un régimen que, en su visión, funcionó como “base de operaciones para adversarios globales”.

Su intervención duró varias horas y abordó la situación venezolana desde múltiples ángulos: la seguridad hemisférica, la estrategia diplomática, la gestión de activos energéticos y —sobre todo— la relación con la presidenta interina Delcy Rodríguez, al frente del país tras la captura de Maduro.

Más allá de la diplomacia: “No descartamos el uso de la fuerza”

Rubio fue explícito en señalar que, aunque Estados Unidos no planea nuevas acciones militares inmediatas en Venezuela, ni tiene tropas allí más allá de marines para proteger instalaciones diplomáticas, no descartó categóricamente la posibilidad de utilizar la fuerza si la cooperación falla o surge una amenaza directa. Afirmó que “estamos preparados para usar la fuerza para asegurar la máxima cooperación si otros métodos fallan”, aunque “esperamos que no sea necesario” y que actualmente no se prevé tal despliegue.

Durante la audiencia, Rubio insistió en que la operación del 3 de enero no debe verse como una “ocupación” o como un acto de guerra, sino como una acción calibrada de aplicación de la ley para capturar a líderes acusados de narcotráfico, y subrayó que no se coloca a Venezuela en un estado de guerra con EE. UU. .

Plan de transición y relaciones diplomáticas: avances con reservas

El jefe de la diplomacia estadounidense ofreció una hoja de ruta estratégica que incluyó tres fases: estabilización, recuperación económica y transición democrática. Rubio afirmó que el proceso llevará tiempo y que “no será rápido ni fácil”, aunque destacó avances como la eliminación de influencias iraníes, rusas y chinas, y la posibilidad de reabrir la embajada estadounidense en Caracas, cerrada desde 2019.

Rubio también enfatizó la importancia de elecciones libres y justas en Venezuela como condición para una verdadera transición democrática, aunque reconoció que no puede ofrecer plazos exactos y que ese objetivo es a mediano o largo plazo.

Reacciones y objeciones de los demócratas

La intervención de Rubio no estuvo libre de tensiones. legisladores demócratas pusieron en tela de juicio varios aspectos de la política estadounidense:

Legalidad y transparencia: senadores como Chris Murphy insistieron en las dudas sobre si la operación que derrocó a Maduro y la política subsiguiente cuentan con suficiente base legal y supervisión del Congreso.
Eficacia y prioridades: otros demócratas cuestionaron si la estrategia actual realmente genera resultados sostenibles o si arriesga prolongar una intervención compleja sin fin claro.
Consulta a legisladores: se criticó la falta de comunicación previa entre la administración y el Capitolio antes de la operación inicial, enfatizando el rol constitucional del Congreso en decisiones de gran impacto exterior.
Estas objeciones reflejan una preocupación más amplia entre sectores del partido demócrata sobre la dirección y supervisión de la política de Estados Unidos hacia Venezuela.

Interrupción en pleno testimonio
La sesión fue tensa incluso antes de iniciar. Un hombre desde las gradas interrumpió con una pancarta y exclamaciones de “manos fuera de Venezuela y de Cuba”.

Críticas implícitas a Delcy Rodríguez y el régimen venezolano

Rubio fue particularmente enfático respecto al papel de Delcy Rodríguez, la actual presidenta interina. Aunque señaló que existe cooperación con su gobierno, el secretario de Estado dejó claro que Estados Unidos no permitirá que líderes o grupos vinculados al antiguo régimen de Maduro mantengan el poder a largo plazo y que la cooperación debe traducirse en acciones concretas, incluidas reformas democráticas y apertura del sector energético.

Desde la perspectiva de la administración estadounidense, Rodríguez representa aún la continuidad de un entorno político que ha sido corrupto, clientelar y cargado de vínculos con redes de narcotráfico, por lo que Washington pone como condición explícita que se rompa con estas prácticas si quiere sostener un diálogo de más largo alcance.

La política venezolana en la mira del Capitolio

Rubio también abordó otras aristas de la intervención, como el manejo de activos petroleros, la cooperación con líderes opositores dentro de Venezuela y la necesidad de mantener presión sobre redes criminales internacionales. Aunque reiteró que no se contempla una campaña militar prolongada, el hecho de mantener todas las opciones sobre la mesa —incluida la fuerza en último recurso— subraya la seriedad de la estrategia que está desplegando la administración Trump.

Resumen de lo dicho por Marco Rubio

Antonio De La Cruz en su cuenta de X asegura que Venezuela no está en transición democrática. Está bajo administración estratégica.
1 EE. UU. no impulsa una transición democrática inmediata en Venezuela: administra una estabilización donde el control precede a la legitimidad.
2 El objetivo de Washington es triple: evitar el colapso del Estado, neutralizar amenazas criminales y reinsertar a Venezuela en un orden económico supervisado.
3 El petróleo se usa para impedir el colapso fiscal y social, no para salvar ni legitimar al régimen.
4 La reforma de la Ley de Hidrocarburos marca un quiebre estructural: apertura bajo tutela externa que jamás habría ocurrido sin presión extrema.
5 EE. UU. coopera con Delcy Rodríguez por necesidad operativa, no por legitimidad política ni absolución moral.
6 Los ingresos petroleros no financian al régimen: quedan bajo control, auditoría y autorización directa de Estados Unidos.
7 La captura de Maduro fue inevitable cuando negociar dejó de ser viable y todas las salidas previas fueron rechazadas.
8 La operación envió un mensaje global: solo EE. UU. puede ejecutar intervenciones de alta precisión con control total del resultado.
9 La presencia estadounidense en Caracas es real, operativa y en terreno, no simbólica ni diplomática de escaparate.
10 La liberación de presos políticos no es un gesto: es una métrica verificable de cumplimiento bajo presión.
11 La inversión extranjera solo llegará con licencias, seguridad y reglas claras; sin garantías, no hay capital.
12 El uso de la fuerza no es deseable, pero sigue sobre la mesa si la cooperación fracasa.
13  En semanas hubo cambios reales porque la presión funcionó: EE. UU. juzgará por hechos, no por discursos.
Venezuela no vive una transición moral. Vive una transición administrada por poder duro.
Quien no entienda eso, está leyendo mal el momento histórico.

Conclusión
La comparecencia de Marco Rubio en el Senado ejemplifica la importancia estratégica que Washington atribuye a Venezuela en su agenda hemisférica. Al reafirmar que no se planea una guerra ni una ocupación —pero sin descartar el uso de fuerza— y al exigir resultados claros a los líderes venezolanos como Delcy Rodríguez, Rubio lanzó un mensaje firme: la administración estadounidense está comprometida con una transición política profunda, una apertura democrática real y un cambio de rumbo en la gestión del país, y que la “paciencia” estadounidense no es indefinida.

 

 

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