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Análisis / Pedro Muñoz Abrines

Simancas engrandece aún más a Isabel Díaz Ayuso

La afirmación de Rafael Simancas, más que enfado, merece sincero agradecimiento

14 May 2020 - 17:27 CET
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Es bastante posible que cada vez que Rafael Simancas se acuerde de los “renovadores por la base” tenga una subida de ácido clorhídrico en el estómago y necesite de algún antiácido. Aunque, teniendo en cuenta a quien sirve en la actualidad, a Pedro Sánchez, y la cercanía que éste tuvo en su momento con José Luis Balbás, lo mas probable es que, en vez de un antiácido ocasional, el antiguo secretario general de los socialistas madrileños tenga el omeprazol como tratamiento habitual.

Es fácil imaginar que cada vez que Rafael Simancas pase por delante de una sastrería, tenga que respirar profundamente varias veces para mitigar la ansiedad que le provoca el recordar los 12 trajes a medida que, según los mentideros del momento, encargó cuando se veía como presidente de la Comunidad de Madrid.

Es razonable pensar que cada vez que Rafael Simancas vea una PlayStation sufrirá algún tipo de remordimiento por haber demostrado su pequeñez política, tras usar el dispositivo digital de su hijo como elemento para reforzar el relato victimista de su no investidura como presidente de la Comunidad de Madrid.

Ahora, Simancas, inasequible al desaliento, ha vuelto a escribir una página que le perseguirá de manera permanente, y que sin duda le hará más difícil , cada vez que escuche o piense en Madrid, mirarse diariamente en el espejo. En la línea infame que ha diseñado Pedro Sánchez para atacar a Isabel Díaz Ayuso, Simancas ha afirmado que nuestro país tiene tantos casos de fallecidos por el Covid, “porque en España está la Comunidad de Madrid”.

Sin duda, habrá quienes pensarán que tal afirmación, tan falsa como miserable, es consecuencia de la frustración acumulada tras 17 años reviviendo el fatídico, solo para él, verano del 2003. Que nadie se lleve a engaño. Su acusación sobre el número de muertos y la responsabilidad de la Comunidad de Madrid no es la reacción emocional de alguien que actúa solo desde el resentimiento. Es la misma reacción que tuvo precisamente en aquellos días, cuando Eduardo Tamayo y María Teresa Sainz no hicieron acto de presencia en el Pleno de constitución de la Asamblea de Madrid.

El 10 de junio del 2003, Simancas en el Pleno de constitución de la Asamblea de Madrid, solo perdió la presidencia del Parlamento regional. La presidencia de la Comunidad la perdió por su reacción posterior. Su orgullo e incapacidad le impidieron ser consciente de la realidad y de lo que Tamayo reclamaba: la renegociación con IU de las desmesuradas cuotas de poder que los comunistas iban a tener, en relación a su representación en escaños; además de garantizar alguna cuota de poder para la familia política a la que Tamayo representaba. Algo de inteligencia y cintura política, hubiese hecho posible a Simancas su investidura. Solo requería tragar orgullo y negociar con los “renovadores por la base”, aunque posteriormente pasase a cobro la factura a Tamayo.

Sin embargo, Simancas y todo el PSOE optaron por lo que mejor saben hacer, por lo que el instinto les empuja, la búsqueda de un enemigo exterior al que culpar y así eludir su propia responsabilidad.

Todo se debía a una supuesta conspiración de intereses económicos vinculados al sector de la construcción. El centro de la trama, en teoría, era la aprobación de un gran desarrollo urbanístico en el municipio de Alcorcón y la necesidad de que el PP siguiera gobernando la Comunidad de Madrid, para garantizar su aprobación. Tal y como se demostró en la comisión de investigación, de la que formé parte, tal teoría era una patraña.

Aunque el Gobierno de la Comunidad de Madrid siguiera en manos del PP, el desarrollo urbanístico nunca se hubiera podido aprobar sin el Psoe. Hay que recordar que la aprobación inicial y la definitiva de los desarrollos y planes urbanísticos son competencia de los Ayuntamientos, y en aquel momento, Alcorcón estaba gobernada por el PSOE. Salvo que el propio Simancas pensase que el entonces alcalde de Alcorcón, Sr. Cascallana pudiera estar involucrado, algo que por cierto nunca insinuó, la teoría de la conspiración es un disparate fruto de la desesperación de un político pequeño, muy pequeño, como Simancas.

Por eso , las declaraciones de Simancas atribuyendo a Madrid el alto numero de muertos de España, no son fruto de la frustración, sino de su esencia, de su insignificancia política. Madrid está en España, pero Madrid no está en Simancas. El tiempo es ese juez que inexorablemente pone las cosas en su sitio, y sin duda, hoy es mas evidente aún que existe justicia poética, y los madrileños supieron intuir, cuando se repitieron las elecciones autonómicas en octubre del 2003, que Simancas no tenía la dignidad suficiente para ser su presidente.

Sin embargo, y a pesar de lo miserable que supone la afirmación de Rafael Simancas, más que enfado, merece sincero agradecimiento, por revelar la verdadera esencia del socialismo español, y por confirmar la pequeñez política del político -ya no- madrileño. Y merece agradecimiento, porque la comparación del antaño aspirante a la presidencia de la Comunidad de Madrid, con quien sí la ostenta en estos momentos, engrandece, aún mas ,si cabe, a Isabel Díaz Ayuso.

Pedro Muñoz Abrines.
Portavoz Adjunto del Grupo Popular
Asamblea de Madrid.

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