Más información
Dije no creer en el viento, por no poderlo tocar, sin darme cuenta que su aullido, a veces casi imperceptible gemido, las aspas del molino movían sin cesar.
El viento, el amor, el odio, los celos, la envidia, la soberbia y la ira; el rencor…, la muerte, no los podemos ver ni tocar, pero los efectos de su presencia, dejan su huella indeleble al pasar.
El amor es como el viento; a veces, salvaje y violento; otras, subrepticio, porque aun sabiendo por dónde y cómo vino, nunca sabremos dónde estuvo tiempo atrás.
Al final, más heridas que caricias; testimonio vivo de la existencia de aquello que, por etéreo, nuestras manos nunca podrán tocar, aunque sí, unas veces temer, cuando no, inconscientemente desear.
Más en Periodismo
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home