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En los últimos meses, la prensa internacional ha vertido críticas significativas hacia el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, especialmente por su gestión política y decisiones estratégicas.
Publicaciones como The Economist han acusado al marido de Bego0ña de aferrarse al poder a costa de la democracia española, señalando que su dependencia de pactos con partidos nacionalistas, como Junts, y la aprobación de medidas controvertidas, como la ley de amnistía para independentistas catalanes, debilitan las instituciones democráticas.
Estas críticas se intensificaron tras la percepción de que el amo del PSOE prioriza su supervivencia política sobre el interés general, generando una polarización que, según medios como The Wall Street Journal, podría avivar tensiones separatistas y conducir a una crisis institucional.
Otro foco de críticas ha sido la respuesta del Gobierno a crisis recientes, como el apagón eléctrico masivo en España y la gestión de desastres naturales.
Abundan en los medios internacionales editoriales que reprochan a Sánchez un modelo energético basado en sectarismo ideológico, culpándolo por anteponer políticas partidistas a soluciones prácticas.
La prensa mundial, incluyendo Financial Times, ha subrayado la percepción de inestabilidad en el Ejecutivo, especialmente tras la falta de presupuestos actualizados y las contradicciones entre los compromisos europeos de Sánchez y sus acciones domésticas, lo que ha generado preocupación en Bruselas sobre la coherencia de su liderazgo.
Además, la prensa extranjera ha cuestionado la retórica y las tácticas de Sánchez frente a la oposición y los medios. The Guardian y Le Figaro han descrito su discurso como dramático y calculado, especialmente tras su amenaza de dimisión en abril de 2024, que algunos interpretaron como una maniobra para desviar la atención de las investigaciones judiciales sobre su esposa, Begoña Gómez.
Estas acusaciones han sido amplificadas por medios como Politico, que señalaron el nerviosismo social y la parálisis gubernamental que provocó esta crisis autoinfligida, dañando la imagen de Sánchez como un líder astuto pero tocado en el panorama internacional.
Ahora parece llegar el turno de los alemanes.
Los principales medios alemanes han intensificado sus críticas hacia el gobierno Sánchez, expresando una creciente preocupación por la situación política española que consideran cada vez más inestable.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha intentado establecer paralelismos entre la derecha alemana y la española, señalando que «allí es moderada y aquí está tutelada por la ultraderecha». Estas declaraciones, realizadas durante el congreso regional de los socialistas andaluces, buscaban reforzar su posición frente a la oposición del PP liderada por Alberto Núñez Feijóo.
Sin embargo, la realidad política alemana ha tomado un rumbo diferente al que Sánchez intentaba proyectar.
El pasado 6 de mayo, Friedrich Merz fue elegido nuevo canciller de Alemania, liderando un gobierno de coalición con los socialdemócratas. Este modelo de gran coalición entre conservadores y socialdemócratas alemanes contrasta fuertemente con la negativa de Sánchez a pactar con el PP, incluso cuando este fue la fuerza más votada en las elecciones del 23-J.
La socialdemocracia alemana ha optado por un camino distinto al «sanchismo», como señalan diversos análisis políticos. Mientras el SPD alemán ha permitido un cordón sanitario a la ultraderecha y que gobierne el ganador de las elecciones, el PSOE español mantiene su postura de «no es no» frente a cualquier entendimiento con el PP.
Crisis económica y estancamiento
La situación económica alemana también está en el centro del debate. Alemania prevé un estancamiento económico en 2025, con un crecimiento del 0,0% para el año en curso, rebajando en tres décimas sus previsiones anteriores. Esta situación se atribuye principalmente a la guerra comercial iniciada por Donald Trump y a la falta de un gobierno operativo durante meses.
El nuevo gobierno alemán ha aprobado un fondo especial de 500.000 millones de euros para infraestructuras y ha diseñado un plan con medidas para reactivar la economía que incluye mejores posibilidades de amortización para empresas, reducción de costes energéticos, flexibilización laboral y bajada de impuestos.
En contraste, España enfrenta sus propios desafíos económicos con un presupuesto general del Estado prorrogado para 2025, sin que parezca posible alcanzar una mayoría parlamentaria que apruebe nuevas cuentas. Esta situación limita la capacidad del gobierno para implementar políticas económicas efectivas en un momento de incertidumbre global.
El gasto militar como punto de fricción
Otro elemento que genera tensión es el incremento del gasto militar. El gobierno de Sánchez anunció el pasado 22 de abril un espectacular aumento de 10.471 millones de euros en el presupuesto de Defensa, con el objetivo de alcanzar el 2% del PIB comprometido con la OTAN. Este incremento se produce en un contexto de amenazas crecientes para Europa, como ha señalado el propio presidente: «Europa está sometida a unas nuevas amenazas que durante muchas décadas parecían ajenas».
Sin embargo, este aumento del gasto militar ha generado controversia interna, especialmente entre los socios de gobierno más a la izquierda, que cuestionan estas prioridades presupuestarias en un momento de necesidades sociales acuciantes.
Críticas internacionales y deterioro de imagen
La prensa internacional, y especialmente la alemana, ha intensificado sus críticas hacia la gestión de Pedro Sánchez. Diversos medios europeos y estadounidenses han cuestionado la opacidad y lentitud del gobierno español, con burlas y acusaciones de mala gestión. Esta percepción negativa deteriora la imagen de España en un momento crucial para las relaciones internacionales y la economía global.
El contraste entre el modelo de consenso alemán y la polarización española resulta especialmente llamativo. Mientras en Alemania se ha formado un gobierno de coalición entre conservadores y socialdemócratas para garantizar la estabilidad del país y hacer frente a la amenaza de la ultraderecha, en España la confrontación entre bloques sigue siendo la tónica dominante.
Desafíos para la política española
El panorama político español se complica aún más con la necesidad de abordar cuestiones fundamentales como la transición energética. Sánchez ha criticado duramente el modelo energético heredado, que según él «generaba tres efectos terribles para España»: vulnerabilidad y dependencia del contexto internacional, impacto ambiental y precios de electricidad entre los más caros de Europa.
La capacidad del gobierno español para implementar reformas estructurales se ve limitada por su dependencia de apoyos parlamentarios de partidos con agendas muy diversas, algunos de los cuales «no creen en el Estado hasta el punto de haberle echado un peligroso pulso secesionista que todavía colea».
En este contexto de creciente tensión política interna y críticas internacionales, el gobierno de Sánchez se enfrenta al reto de recuperar credibilidad y estabilidad. La comparación con el modelo alemán, lejos de favorecer su posición, está sirviendo para que la prensa internacional, y especialmente la alemana, cuestione el rumbo de la política española.
La reciente elección de Friedrich Merz como canciller alemán marca un nuevo capítulo en las relaciones hispano-alemanas. Queda por ver si este cambio en el liderazgo alemán facilitará un mejor entendimiento entre ambos países o si, por el contrario, aumentará la distancia entre dos modelos políticos cada vez más divergentes.
Mientras tanto, la prensa alemana sigue observando con preocupación el desarrollo de los acontecimientos en España, alertando de que «algo no va bien» en un país que, no hace tanto tiempo, era considerado un ejemplo de estabilidad y crecimiento en el sur de Europa.
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