Lo parece, al menos en los videos y comentarios que han confluido esta semana en redes sociales, todos hemos visto cómo los venezolanos han salido a la calle a celebrar la intervención de EE. UU. en Venezuela para capturar a Nicolas Maduro.
Algunos se han mostrado incluso enfadados con las personas que se han opuesto a dicha intervención “¡que no vengan a decirnos cómo debemos sentirnos los venezolanos o qué es lo que necesitamos! “exclamaban, otros de lo contrario, han protestado precisamente por la extracción de su líder y de la de su esposa, Cilia Flores.
Mientras la mayoría de los venezolanos celebra su tan deseada libertad, el resto de los habitantes terrestres contemplamos atónitos los hechos de lo que parece ser una buena hazaña, perpetuada de forma ilegal, sin saber exactamente si catalogar la “Operación Resolución Absoluta” como buena o como mala, pues a lo largo de la historia nos hemos encontrado con jefes de estado tiranos, también con justicieros, pero quizás estamos por primera vez ante un jefe de estado, observado y definido de maneras muy polarizadas, para algunos como tirano, para otros como justiciero, o quizás estemos ante una nueva figura, la del tirano justiciero, quien sabe, imagino que el tiempo nos lo dirá.
Cierto es, sin embargo, que mientras Trump sigue moviendo ficha estratégicamente, el resto del lideres políticos y potencias mundiales, parece seguir incurso en la tracción de las mismas dinámicas que se venían practicando, como si tirásemos una piedra a un lago, pero sin ver como resultado las características ondas concéntricas en su superficie. Esta vez, tras tirar la piedra, el lago se ha mantenido estático.
Por su puesto que cada país ha manifestado su opinión al respecto, pero a efectos prácticos ¿qué han hecho ante la actuación de quebrantamiento del Derecho Internacional cometida por EE. UU. que tanto condenan? Quizás sería más puntero preguntar ¿hay algo que se pueda hacer frente a uno de los cinco con derecho a veto?
Frente a este panorama de relaciones internacionales, cabe por supuesto cuestionarnos el futuro de la libertad, al menos tal y como la veníamos conociendo en las últimas décadas.
La Carta de las Naciones Unidas firmada en octubre de 1945, en concreto su artículo 2.4, el cual prohíbe inequívocamente la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier estado, fueron redactados bajo la necesidad de no repetir una historia aterradora.
Trump podría haber intentado previamente contar con una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para que la extracción de Nicolás Maduro fuera considerada licita, aun así, no lo hizo. Quizás esté probando sus propios límites de actuación como jefe de estado ante las demás potencias, o quizás cree fielmente ampararse en la legitima defensa que le corresponde en oposición al crimen organizado de narcoterrorismo por el que EE. UU acusa a Maduro. No obstante, esta presunción tambalea, no solo por su falta de proporcionalidad, sino porque carece de pruebas eminentes de que EE. UU. estuviera a punto de ser atacado por Venezuela.
Por otro lado, EE. UU. se escuda también en que Nicolás Maduro, no era presidente legítimo de su país, pues alguien que manipula las elecciones jamás podría serlo, y esto último, también es un hecho relevante a considerar, sin poder ser eclipsado por la figura de ningún tirano justiciero, por muy polémicas que sus actuaciones pudieran llegar a ser.
¿Dónde estaban también los lideres políticos y potencias mundiales cuando se vulneraban los derechos humanos en Venezuela? Cuando se produjeron las detenciones arbitrarias, las muertes durante las protestas, las desapariciones, las agresiones… ¿dónde estaban cuando Venezuela pasaba hambre? Probablemente estaban a las orillas del lago de agua estática.
Pero no nos olvidemos del personaje secundario de esta historia: el Petróleo. Donald Trump ha anunciado el 7 de enero a través de su red social Truth, que el gobierno interino de Venezuela entregará entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo a EE. UU., con la intención de venderlo a precio de mercado y de controlar, él mismo como presidente, ese dinero. Anuncio, que evidentemente no ha sorprendido a nadie. Trump, continúa su camino de vulnerar principios fundamentales que constituyen nuestro sistema jurídico internacional, en concreto el principio de soberanía sobre recursos naturales, tan respaldado por jurisprudencia de la Corte Internacional de Justicia y normas consuetudinarias de Derecho Internacional.
Hay una diferencia muy clara que me enseñó mi padre de pequeña entre libertad y libertinaje, la libertad es la que ocurre dentro de unos límites, como puede ser el respeto, por otro lado, el libertinaje es la libertad ejercida sin ellos.
Nuestra libertad como sociedad está protegida por los límites de nuestro sistema jurídico, apoyados en los principios que nuestros padres y madres redactores de la declaración de los Derechos Humanos nos dejaron, para que cada país respete a su pueblo conforme a estos derechos, para que cada Estado se muestre respeto entre sí conforme a estos derechos, para que cada vulneración de estos derechos humanos sea perseguida.
Solo dentro del marco de los límites del sistema jurídico y los derechos humanos, podremos permanecer realmente ser libres.
Paula María Godden
Abogada
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