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Ahora que el AVE vuela más lento que nunca o no vuela según qué líneas por la chapuza en el mantenimiento que ha perpetrado el Gobierno, la prohibición de los vuelos de menos de dos horas en España comienza a pasar factura.
Y es que la vicepresidenta del Gobierno, Yolanda Díaz, anunciaba muy ufana en octubre de 2023 que en España no se podría viajar en avión si el vuelo duraba menos de dos horas para trayectos que pudieran cubrirse en tren. Este era el momento, aunque Díaz lo explicó mal:
Esa prohibición ideológica de viajar en avión se vuelve aún más en contra del Gobierno al tener la red de Alta Velocidad ferroviaria con graves problemas de seguridad por el pésimo mantenimiento o incluso falta del mismo. Y para los que quieran viajar en coche, la situación es aún peor.
La guerra contra el automóvil particular emprendida por el Ejecutivo de Sánchez ha llenado España de ciudades donde no se puede entrar con un coche sin etiqueta o incluso tampoco con automóviles con la etiqueta B o C.
Los afortunados que hayan podido comprar un coche con etiqueta ECO o 0 Emisiones que de momento les pone a salvo de exclusiones para acceder a las ciudades, se encontrarán con las carreteras en su peor estado de conservación en décadas. Según datos de la Asociación Española de la Carretera, hay un déficit de mantenimiento acumulado de 13.400 millones de euros que provoca que más del 52% de la red de carreteras necesiten una reparación urgente en menos de un año por padecer problemas estructurales graves.
El absurdo de prohibir los vuelos cortos
El ecologismo ideológico que practica el Gobierno de Pedro Sánchez ha provocado grandes y graves perjuicios en muchas áreas de actividad económica a la vez que ha complicado injusta e innecesariamente la vida a millones de españoles. Sólo en puestos de trabajo perdidos, en el sector aéreo estiman en más de 10.000 los empleos directos, indirectos y asociados destruidos con esta absurda prohibición.
Además, el Colegio de Ingenieros Aeronáuticos ya denunció en su momento que el veto a los vuelos cortos es un grave e innecesario freno al desarrollo de aviones más eficientes, ya que es en este tipo de vuelos donde se prueban las nuevas tecnologías aeronáuticas para evaluar su usabilidad en rutas de largo alcance. Pero no sólo eso. Las rutas cortas son los escenarios ideales para probar y madurar nuevas tecnologías, como la propulsión eléctrica o de hidrógeno, antes de escalarlas a vuelos de largo radio.
Además, las aerolíneas y fabricantes denunciaron también que prohibir estos trayectos reduce los ingresos necesarios para financiar la transición hacia una aviación más limpia, como el uso de combustibles sostenibles de aviación (SAF). Y por si todo esto no fuera suficiente daño, resulta que eliminar los vuelos de corta duración provoca que los costes de desarrollo de nuevos modelos de aviones más eficientes deban repartirse entre menos unidades y operaciones, lo que eleva el precio final de la tecnología.
581 millones en aeropuertos, a la basura
La persecución ideológica contra los vuelos cortos perpetrada por el sanchismo tiene otro daño colateral: deja aún más infrautilizados todos los aeropuertos regionales que se ampliaron o construyeron en los gobiernos de Zapatero y que supusieron un gasto de al menos 581 millones de euros. El desglose del coste en estas infraestructuras es escalofriante:
- León: Casi 75 millones despilfarrados en este aeropuerto. En concreto, 29 millones de euros para ampliar la pista a 3.000 metros y otros 45 millones en una nueva terminal. Un gasto suntuario por voluntad expresa de Zapatero en unas obras que se acometieron en 2007 y 2010.
- Huesca-Pirineos: Su transformación de aeródromo a aeropuerto comercial inaugurado en 2007 supuso una inversión aproximada de 60 millones de euros. A pesar de esta cifra, mantiene niveles de tráfico muy bajos, acumulando apenas 30.000 pasajeros en sus primeros 19 años de vida.
- Burgos (Villafría): La construcción de la nueva terminal y el campo de vuelos entre 2007 y 2008 conllevó un gasto cercano a los 45 millones de euros. Recientemente se han sumado partidas menores para renovación de pista (1,6 millones en 2024) y accesos.
- Castellón (Aerocas): La inversión total entre su construcción y las pérdidas operativas acumuladas desde su inauguración en 2011 ronda los 300 millones de euros. Solo la construcción inicial se estima en unos 150 millones, a los que se han sumado inversiones recientes en plataformas industriales (1,6 millones en 2020) y planes de expansión logística.
- Logroño-Agoncillo: La inversión para su puesta en marcha como aeropuerto comercial en 2004 y posteriores mejoras en la terminal y plataforma se sitúa en torno a los 40-45 millones de euros.
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