A eso dedica el tiempo libre.
Pedro Sánchez, que se borró el 29 de enero de 2026 tanto del Senado como del funeral celebrado en Huelva por las víctimas del tren, vio que su despejada agenda le iba a dar para enzarzarse de lo lindo con Elon Musk, dueño de X.
Todo comenzó cuando el empresario lanzó este mensaje en su red social mofándose de la ‘medida estrella’ del inquilino de La Moncloa, la regularización exprés de 500.000 inmigrantes usando como gancho el tuit subido por otro usuario.
España acaba de legalizar a 500.000 inmigrantes ilegales para derrotar a la extrema derecha.
Ya ni siquiera es un secreto. Al legalizar a 500.000 inmigrantes ilegales con el pretexto de derrotar a la ultraderecha, Pedro Sánchez se está quitando la máscara. Esto es ingeniería electoral.
La lógica es simple: legalizar a medio millón de personas, acelerar su obtención de la ciudadanía (lo que lleva apenas dos años para muchos) y efectivamente se ha importado un bloque de votantes masivo y leal que está en deuda con la izquierda.
El presidente del Gobierno y líder del PSOE no pudo resistirse y lanzó su frase lapidaria en inglés:
Marte puede esperar, la humanidad no.
Con esta boutade pretendía ridiculizar las ambiciones marcianas de Musk —el hombre que planea colonizar el planeta rojo mientras, según la izquierda, ignora los problemas terrestres— y presentarse como el líder compasivo que prioriza a las personas frente a los sueños megalómanos de un multimillonario.
El error fue garrafal.
Lejos de ridiculizar a Musk, el tuit presidencial se convirtió en trending topic, pero para burla generalizada.
El magnate ni siquiera se dignó a responder directamente, lo que multiplicó el efecto humillante: Sánchez lanzó el puñetazo al aire y se golpeó solo.
El resto fue un baño masivo de los usarios.
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