El socorro en mar es un deber sagrado. No aquí, no en Cap Nègre, la zona de veraneo de Nicolas Sarkozy en la Costa Azul. Un piragüista en aprietos, obligado a encallar en la punta del cabo que alberga el preceptivo poste de emergencias, se llevará una desagradable sorpresa. Tras irritar a los cangrejos, en lugar de aparecer un equipo de salvamento, lo que aparece es un vigilante jurado privado con pistola visible, o un policía de un cuerpo de élite sin pistola visible, más impresionante aún. Que le dice: «¡No pise tierra!». Y otras barbaridades.
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