Sólo ante la percepción de un incremento de la inflación -subida de precios-, el metal precioso encontraría razones para continuar su imparable revalorización. Sin embargo, la economía mundial apunta en la dirección contraria. ¿A qué se debe entonces su fuerza?
Mientras que la materias primas industriales se rinde ante el pesimismo del mercado y apuntan a una nueva recesión económica, el oro sigue su propio camino.
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