Llevaba la sentencia grabada en la piel desde hace cinco meses, cuando anunció en su libro autobiográfico «Éramos jóvenes y despreocupados» que la enfermedad le comía por dentro …
La gente del ciclismo veía en él una reedición del calvario con final feliz de Lance Armstrong.
El cáncer se le extendió del intestino a los pulmones y de ahí a la cabeza, y, como el americano y su voluntad insuperable, Fignon desplegó todo su amor propio frente al veneno cancerígeno …
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