China está siendo sacudida por una espiral de protestas sociales, todas ellas distintas en su origen pero iguales en la base: el hartazgo de una población indignada por la explotación laboral, la marginación social o la corrupción oficial. Después de que la provincia de Mongolia Interior sufriera hace 15 días los peores disturbios interétnicos que vive el país desde las batallas callejeras de Xinjiang en 2009, ahora la chispa ha prendido en la sureña provincia de Guangdong, motor de la llamada «fábrica del mundo» …
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