Creo que hay buenos profesionales en Público, y que el día en que les dejen dedicarse al periodismo podrían hacer cosasverdaderamente interesantes. Pero no lo veo probable, ni cercano.
Ya sé, ya sé; sé que la objetividad es un mito y la imparcialidad una leyenda, y quien más quien menos acerca el ascua de la actualidad a su sardina ideológica. Pero hay formas, no sé. En sus días de gloria, El País era maestro en colar todo tipo de mensajes ideológicos respetando las apariencias y las exigencias de la labor periodística. Cuando tenía algo que colar, claro. Ahora, en la ‘Era Liberty’, es otra cosa y cada día parece jugar al juego del daltónico: adivina de qué color soy hoy.
Público no deja que la realidad roce o manche la pureza de su mensaje.
Un ejemplo. Público, con su reconocida pasión por la rabiosa actualidad, publicaba ayer en su sección de Política un sucedido del 2 de abril. La cosa va de una manifestación ante la sede del PSOE en Madrid en la que Enrique de Diego, periodista de Intereconomía, tuvo un desdichado encuentro con la policía que él describe -y denuncia- de una manera y los agentes, comprensiblemente, de la contraria.
Dudo que la cosa merezca cuatro columnas a16 días de los sucesos, pero ya puestos a informar, ¿no dicta la ética que se cite la versión de las dos partes? No caerá esa breva.
Una izquierda tradicionalmente tan suspicaz con la versión de las fuerzas del orden en otros eventos se vuelve repentinamente oficialista y no hay otro testimonio que el de los acusadores-acusados. Pero lo del titular ya es la bomba: «Ojalá os maten a todos» –Ojalá os maten a todos-. Ahí queda eso.
La debilísima excusa para esta barbaridad es que la frase la dijo un tal Jaime R. F., de 67 años. ¿Imagina pasear por una manifestación de izquierdas y recoger, de los muchos gritos más o menos pintorescos que suelta el pueblo soberano en momentos de indignación masiva, el más enloquecido para titular la cobertura del acto? Cualquier día leeremos: «El asesino, F.T.S, de 22 años y votante del PP en las últimas elecciones…». Es todo bastante desconcertante para un periódico. Para Público, bastante menos.
BATALLITAS VARIAS
Van, ya lo he dicho otras veces, a su bola, contando sus batallitas. Una de sus películas es ETA. Resumiendo: esto del terrorismo se acaba con mucha comprensión y mucho cariño, y si el PSOE tiene algo que reprocharse es no haber llegado hasta elfinal con eso de la negociación. En «Zapatero da la razón de Eguiguren» –Zapatero da la razón a Eguiguren-, Jesús Maraña, director, secunda las palabras del maltratador socialista cuando dice que ya está bien de mantener la paz… con el PP. Duro con ellos.
Su mensaje anticristiano le hermana con El Frailazo en sus épocas más zafias: bromitas de colegial malote, ignorancia apabullante y un súbito descenso en picado del coeficiente intelectual impreso. «Más carne y menos gasolina» –Más carne y menos gasolina-, del inefable Manuel Saco, es de éstos. La Semana Santa es que les pone.
Se echa unas risas muy originales relativas a la abstinencia y se pega un tiro en el pie con esta frase, particularmente idiota, dentro de un texto que no hay por dónde cogerlo: «A las religiones les encanta prohibir como medio de control y como muestra de su poder sobre sus fieles adictos». ¿Está hablando en serio este curtido defensor de los regímenes más prohibicionistas de la historia, en democracia como en dictadura, o es un sutil submarino de la derecha que ironiza demoledoramente contra la progresía liberticida?
Mire, don Manuel, me daba yo con un canto en los dientes si las prohibiciones de Zapatero fueran como las de la Iglesia: limitadas, permanentes, universales, de cumplimiento voluntario -que no puedan imponerse ni castigarse su infracción con penas tangibles- y, como guinda, inmediata y perpetuamente perdonable a instancia de parte. ¿Dónde hay que firmar, señor Saco?
Marco Schwartz está muy contento con los resultados electorales en Perú que dan una ventaja considerable al indigenista Ollanta Humala. En su columna «Perú no cree en su ‘milagro'» –Perú no cree en su «milagro»-, Schwartz ve como una prueba innegable de que Perú está muy mal, pese al formidable crecimiento económico y la estabilidad política de las últimas décadas con Gobiernos centristas, los resultados de las urnas.
Esos mismos resultados que, cuando se decantan por un líder ‘non sancto’, llevan a los Schwartz de este mundo a alertar contra los peligros del nuevo populismo. Ahí está Timo Soini, cuyo formidable avance en las urnas lleva a Público a titular: «La ultraderecha se dispara en los comicios de Finlandia». Finlandia está lejos, y no me precio de ser experto en la plataforma de Soini, pero tampoco las decenas de periódicos que le califican de ‘ultra’ han conseguido explicarme en qué consiste su ‘extremoderechismo’.
Leo que no quiere más rescates, ni que tantas cosas de Finlandia se decidan en Bruselas. Nada que no piensen los europeos en abrumadora mayoría, como se ha visto una y otra vez. Pero esto te coloca fuera del espectro, excomulgado, donde sólo puede estar la derecha, siempre tan extrema.
Publicado originalmente en La Gaceta.
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