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El periodista vaticina la desaparición de La Sexta antes de que se falle el recurso contra Wyoming

Tertsch: «Ese matonismo de izquierdas tiene acojonados a jueces, periodistas y empresarios»

"Hay zonas de Madrid que antes frecuentaba y a las que no voy porque los insultos están asegurados"

Juan Velarde 27 Jul 2011 - 09:32 CET
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El periodista Hermann Tertsch revela en una entrevista en ABC –«Quieren descalificarme como un facha belicista con sed de sangre»– su disconformidad con la sentencia que desestimaba su demanda contra el Gran Wyoming por haber usurpado su imagen y su voz para hacer la ‘broma’ de que amenazaba de muerte islámicos. El comunicador entiende que hay una campaña perfectamente institucionalizada para hacerle pasar como un fascista y alguien que sólo tiene ansias de venganza.

Tertsch no rechaza de plano el humor, pero siempre dentro de unos parámetros:

La libertad de expresión ampara el tratamiento humorístico y sarcástico de todo. Pero esto no tiene nada que ver. Se ponen en mi boca, mi voz y mi imagen frases que expresan una voluntad delictiva, criminal. Que pueden hacer gracia a quien ve todo el programa. A quien solo ve una fracción o incluso solo un instante, puede darle una impresión diferente. Y siempre se trata no de ridiculizar solo, sino de presentarme como un ser odioso y despreciable, con instintos mezquinos y asesinos.

Critica el juicio de valor de la magistrada sobre el nivel de inteligencia de los espectadores y que éste sea la medición para estimar o desestimar una demanda porque cualquiera podía darse cuenta de que los vídeos solo eran un «montaje exagerado hasta el extremo»:

Como digo, no cualquier espectador. Depende si ha visto todo el programa o no, si conoce la gracia de Wyoming o no, si habla bien nuestro idioma o no. Y si la sentencia dice que los de inteligencia mediana lo entienden, yo le digo que hay muchos que no tienen inteligencia mediana y suponen además por eso un mayor peligro.

En cuanto al recurso, Tertsch indicó que:

Tengo tiempo para reflexionar sobre el recurso y lo hago con la dirección de Telemadrid. Todos sabemos que el ataque ha sido contra mi persona pero también contra Telemadrid, que es la bestia negra del izquierdismo matón de los socialistas y de los sindicatos. Y les duele mucho. Una televisión que no se traga sus dobles varas de medir, sus mentiras históricas y su corrección política inquisitorial. Les revienta y somos sus enemigos a batir. No lo lograrán. Pero habremos de considerarlo todo de cara a un recurso que, cuando se falle, probablemente La Sexta no exista.

El periodista reconoce que en cierta medida le está haciendo una propaganda impagable al Gran Wyoming:

Sin duda, me han hecho mucho daño y ese ha sido el objetivo desde un principio. Descalificarme como una especie de «facha belicista con sed de sangre» y a Telemadrid y a la presidencia de la Comunidad como una caverna ultra. Cuando lo único que dije fue lo que dijo e hizo Obama con Bin Laden y aplaudió medio mundo, incluido Zapatero. Ellos me han convertido en protagonista de sus programas. Y es una televisión marginal con un programa agónico que por mi caso está en boca de todos.

No obstante, niega que estos ataques le afecten en su parcela profesional:

En el trabajo no me afecta porque soy perro viejo y ya se ha dicho de mí de todo. Yo tengo que cumplir con mis convicciones y mi conciencia. Y cuentas solo con Dios. A ellos no les tengo ningún miedo. Pena me da que haya tanta gente a la que aún intimidan. Ese matonismo tiene acojonados a jueces, periodistas, empresarios y hasta a políticos de derechas. Un poquito más de valentía en este país sí seria necesario. En lo personal claro que me ha influido. Los gritos de fascista o hijo de puta nazi van muchas veces acompañados del «viva Wyoming». Y hay zonas de Madrid que antes frecuentaba y a las que no voy porque los insultos están asegurados. Cuando no alguna amenaza del más energúmeno. Aparte de las consideraciones de seguridad, porque el miedo a que la broma la malinterpretara o tomara en serio algún grupo de islamistas es algo que desde el primer día alarmó a mucha gente.

Y remacha la impunidad de la izquierda mediática:

Como decía en mi columna de ABC, este matonismo izquierdista tiene patente de corso desde hace muchos años. Se ha vuelto más zafio y violento con la llegada de Zapatero y los medios que crearon sus amigos. Pero lo grave no es que exista esta subcultura siniestra e intimidatoria, antidemocrática e ignorante. Lo malo es que es hegemónica gracias a la cobardía de los demás.

 

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