Redoble de timbales, flautas, oboes, trompetas, violines, violas y violonchelos. Todos al unísono cuando indique el director: «¡Regocijaos, alegraos, glorificad este día, celebrad lo que hoy ha hecho el Altísimo!» Así arranca el Oratorio de Navidad de Johann Sebastian Bach, compuesto allá por 1734, y la prensa de izquierdas de ayer, 22 de septiembre de los corrientes.
No es para menos. «La Audiencia no ve pruebas contra los mandos en el chivatazo a ETA» titula rotundo El País a modo de timbal. El primer subtítulo lo pone la sección de viento: «El pleno de lo Penal revoca por unanimidad el auto de procesamiento». Y el segundo la de cuerda: «Los jueces creen insuficientes los indicios tras años de investigación». Del coro se encarga el editorial: «Sin indicios«, avisa, «el fallo de la Audiencia suspende de momento una polémica que a lo sumo reportaría al Partido Popular unos réditos electorales que no necesita», pero, ay, que no se empeñe Rajoy en seguir enredando con el tema, porque sería una actitud que «podría resultar ilustrativa de una actitud prepotente y revanchista con la que el PP se dispondría a ejercer el Gobierno».
A pesar de que la sinfónica prisaica ha interpretado la pieza con virtuosismo y entrega, siempre nos quedará preguntarnos qué hubiera tocado de no haberles puesto delante la partitura que ellos esperaban. Se lo anticipo, la marcha fúnebre de Chopin, que sólo pide piano y, además, no tiene letra. Nos hubiesen, en definitiva, obsequiado con el silencio de anteayer o, a lo sumo, con un breve de portada.
La verdad, sin embargo, se resiste a abandonar la escena. Por muchos fuegos de artificio que suelten los amigos del candidato Rubalcaba, la cúpula policial del Faisán sigue imputada por los delitos de colaboración con banda armada y de revelación de secretos y encubrimiento. Moreno, ahí lo tienes, báilalo.
Las pequeñas alegrías judiciales no son suficientes para la incombustible Maruja Torres, que se hace cruces -con perdón- por la inminente victoria del Partido Popular –De rodillas-: «¿Conseguirá la implantación de una derecha pura y dura, al timón -por usar también un término retrógrado, a lo invasión de Perejil- de este país, tranquilizar a lo que hemos dado en llamar mercados?». Evidentemente no, «la derecha sólo pondrá más policía en las calles para reprimir las protestas y echar las culpas al anterior Gobierno. Pero no dejará de arrodillarse, aunque sea en reclinatorio forrado de terciopelo».
Magistral, ha juntado todos los fantasmas que atormentan a los progres en las noches de insomnio en sólo tres líneas: la derechona, el Ejército, los mercados, el «estepaís», la Policía -no la del Faisán, evidentemente- y el reclinatorio. Maruja Torres nunca supo escribir, pero es tremendamente efectiva contagiando sus propias fobias. Probablemente por eso le mantienen la columna.
UN CASO QUE NO SE DESINFLA
Si los de Liberty nos han regalado los oídos con Bach, Público hace honor a su sobrenombre de ‘El País para víctimas de la Logse’ y celebra la faisanada a su manera con música de La charanga del tío Honorio. «El caso Faisán se desinfla», titula a toda página, para proceder, a renglón seguido y en rigurosa negrita «no hay indicios suficientes» y «la Audiencia Nacional corrige al juez Ruz». El que tenga oídos, que oiga, no les vaya a pasar aquello que advertía el profeta Isaías: «Oirán una y otra vez y no entenderán; mirarán y volverán a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha endurecido su corazón».
Si, algo de eso le pasa al lector de Público, sigue sin ver -por mucho que mire-, porque su periódico de cabecera les oculta que el Faisán está muy lejos de desinflarse. Va a seguir investigándose y los tres del chivatazo -García Hidalgo, Ballesteros y Pamies- permanecen donde estaban: imputados. Lo repito porque sé que mis compañeros de Público se saltan la parte de El País y vienen directamente a esta para ver si hablo de ellos y enseñárselo luego orgullosos a sus coleguis gafapastas de aquella tetería tan molona de Lavapiés.
Hoy, me temo, no se van a poder dar ese gustazo porque la información -es un decir- de portada da para mucho. Bajo lo del Faisán, foto de Mahmud Abbas, alias Abu Mazen cuando se dedicaba al terrorismo, tapándose los ojos en la ONU. Titular a dos colores: «Portazo a Palestina».
Traducción: Obama defiende la negociación entre palestinos e israelíes para alcanzar la paz. Nadie ha dado un portazo a Palestina, básicamente porque ya está en la ONU en calidad de observador. Lo que se le ha pedido a su presidente es que, antes de que su país entre como miembro de pleno derecho, tiene que sentarse con los israelíes y comprometerse a abandonar de una vez por todas la idea de casquero de echar a los judíos al mar.
Tampoco es pedir tanto, por mucho que un redactor anónimo de la edición online de Público se tire de los pelos y titule «Obama vende a Palestina». ¿Acaso era de su propiedad?
Y si era de su propiedad, ¿por cuánto la ha vendido? Y, sobre todo, ¿a quién se la ha vendido? A veces, como decía Wittgenstein, de lo que no se puede hablar es mejor callarse.
Lea este artículo en La Gaceta.
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