Si es que esto del Trasgo no tiene ningún mérito, caramba, si es que me lo dan hecho. Carme Miralles-Guasch, profesora de Geografía Urbana, es, al parecer, miembro del Consejo Editorial de Público, y ayer nos sorprendía con una tribuna titulada «¿Funcionar sin funcionarios?«, que exige del lector no ya escasa Memoria Histórica, sino total amnesia. Cito, todavía aturdido por tamaña audacia:
«Las personas que ahora tienen alrededor de 50 años, aquellas que estudiaron a principios de los años ochenta y buscaron sus primeros trabajos a mediados de esa década, lo saben muy bien. En esos momentos, en este país estaba todo por hacer, los trabajadores públicos casi no existían, pues no había escuelas ni sanidad pública».
Por favor, reléanlo, y apunten en su diario lo que saben de la España de hoy, porque no es imposible que en unos años lean en Público: «Cuando, tras inventar Internet, Rodríguez Zapatero introdujo la Sanidad Pública en España…». Da la (infortunada) casualidad de que este Trasgo ronda la edad en cuestión, y la idea de que no hubiera escuelas o sanidad pública le deja los ojos a cuadros.
La importancia de un casi
En cuanto a que no existieran «casi» trabajadores públicos… Bueno, en 1976, con unos 36 millones de habitantes, había 1,4 millones de funcionarios. Cierto que ahora rondamos los cuatro millones, pero tanto como «casi» no existir… Exactamente, ¿quién elabora los manuales de Geografía Humana? ¿Lewis Carrol? ¿Jaime Rubio?
No es que lo que venía antes fuera mucho mejor, pero al menos es menos estupefaciente, como cuando habla de «reivindicar el trabajo de médicos, maestros, bomberos, enfermeras, trabajadores sociales, policías, etc». ¡Ay, Carme, que el problema va a estar en el etcétera. Me daba con un canto en los dientes si nos quedáramos sólo con los «médicos, maestros, bomberos, enfermeras, y policías», y aún añado algunas categorías más a tu lista. Pero el Forges de la edad dorada podría ilustrarte sobre la enorme cantidad de funcionarios que no encaja en esas útiles y benéficas categorías.
«Rajoy anuncia un hachazo de 40.000 millones», abre Público, con un par. Menos popular pero igualmente contundente es El País, con «El déficit de las autonomías es más del doble de lo previsto». Curiosamente, el diario de Prisa da una entrevista con Rajoy que titula con unas declaraciones del presidente -«Voy a dar la cara y no me esconderé»-.
Público ha descubierto un filón en su propia desgracia y lleva desde el anuncio del concurso de acreedores de su editora ensalzando su propia existencia. No estamos tajantemente contra el autobombo, pero conviene no caer en el ridículo. Y ridícula como pocas es la tribuna «Actor cultural emancipador«, de Ariel Jerez.
A mí me parece genial que exista Público -consideraciones prácticas aparte- ya que existe una izquierda que ve el mundo así. Genial. Pero todos conocemos la historia de su aparición a la sombra de un Zapatero que quería su propia Prisa y que se lo puso todo en bandeja a los de Roures. Decir que «por primera vez un medio de tirada nacional cuestiona los costrosos prejuicios identitarios» son ganas de divertirse barato, aunque no llega al paroxismo del disparate de esta otra declaración:»Movimientos marginados como el laicista o el estudiantil encuentran espacio en las páginas de Público. Por «movimiento marginado», ¿entiende el 15-M y sus congéneres? ¿Es quizá una prueba de marginación, de falta de espacio en los medios, ser la codiciada portada de esa oscura revista americana, Time, como Hombre del Año? Si es así, yo quiero un poco de marginación similar.
Guantánamo
Y que conste en acta que no siempre el diario de Roures me sorprende para mal. Ayer se dio el caso contrario, sin ir más lejos. Y es que si algo bueno tiene ser de derechas es que, como indica el plural, hay muchas, y no tengo que coincidir con todas. De hecho, no conozco a nadie que lo consiga. Y eso es lo que me hace aplaudir sin reservas la columna de Isaac Rosa en el diario rouresí, Waterboarding con Coca-Cola. «Hoy hace diez años que los primeros veinte detenidos se vistieron el famoso mono naranja. Desde entonces casi 800 han disfrutado de la hospitalidad de Guantánamo, al menos una docena de ellos menores de edad, y varios no salieron con vida. La mayoría fue puesta en libertad sin acusación, y volvieron a sus casas o a otros países que los acogieron. En la siniestra prisión quedan todavía 171, que seguramente disfrutarán hoy de la fiesta de aniversario».
Ya, ya sé que hay mucha derechas que, por mor de un proamericanismo mal entendido apenas puede encontrar algo malo a lo que se haga al otro lado del Atlántico. Bueno, pues este Trasgo tiene otras ideas: la tortura y la falta de garantías jurídicas me parecen barbaridades las haga quien las haga y eso es así, lo diga Agamenón o Isaac Rosa.
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