Es todo tan viejo, tan polvoriento… Nada responde a la realidad de lo que pasa, sólo a viejas categorías que los ideólogos se resisten a soltar por miedo a quedarse sin marco de referencia.
«Al fin la patronal está contenta», titula Escolar el Chico en su columna en la contra de Público. ¿Ven a qué me refiero? Estos chicos se mueven en un esquema del siglo XX, del XIX, si me apuran. La reforma laboral aprobada por el Gobierno es buena o mala, necesaria o superflua, y eso es lo importante, lo que cualquier analista de la actualidad debería discutir.
Ese «Al fin la patronal está contenta» delata un oculto «Hasta ahora eran los sindicatos los que estaban contentos». No lo digo yo, que lo dice el propio Nacho: «El primer gran milagro de la era Rajoy: el presidente ha logrado que la patronal elogie una reforma laboral por primera vez en la historia democrática». Estamos en el Grand Guignol de la política como espectáculo, que tanto juego da a estos periodistas de prietas las filas.
DE DICKENS A PÚBLICO Y VUELTA
Eso es lo que hace irrelevante buena parte de nuestro Periodismo patrio: juzgar una reforma laboral por si complace a los sindicatos o a la CEOE, los llamados agentes sociales, en lugar de fijarnos en si es buena para los trabajadores y, sobre todo, para los cinco-para-seis millones de parados que han sido el fruto de siete años de socialismo y de complacer a los líderes sindicales.
«Para el líder de la CEOE, recortar los derechos laborales es «modernizar» el país», concluye Nacho. «Tiene su lógica semántica: las reformas que plantea la patronal son más propias de la Edad Moderna (siglos XV al XVIII) que de la Contemporánea. Es un regreso al pasado con el que festejar a Dickens en su oportuno bicentenario».
Dos siglos no son nada, Nacho, porque tú sigues en esa retórica, en ese mundo dickensiano. Que España casi duplique en paro a la quebrada Grecia, que sea récord europeo a mucha distancia del siguiente, que no seamos capaces de absorber suficientes desempleados ni cuando crecemos como la espuma, no merece de Nacho ni un comentario marginal, de pasada. Él no tiene problema para colocarse. ¡Qué viejos me parecen estos jóvenes periodistas!
«Hay que tener un rostro marmóreo para reclamar paciencia a los parados que han agotado las prestaciones», puede leerse en «Somos muy impacientes«, la columna de Juan Carlos Escudier en Público. En cambio, imagino que no se necesita una cara especialmente pétrea para dejar holgar a un Gobierno que ha producido un 20% de paro, con casi la mitad de la población joven viéndolas venir, como han hecho los sindicatos de (segunda) clase estos siete años de bendito zapaterismo. No, si el morro está muy compartido por aquí, Juan Carlos, que parece que lo regalan.
JUGAR A PROGRESISTA
«Y ahora van a por el derecho de huelga», abre Público, bajo la foto de los muy sonrientes presidentes de Cepyme y la CEOE. Olvida el diario del trotskista Roures, cuyos redactores llevan desde noviembre trabajando por mensualidad y pico, que la Ley de Huelga que tenemos es preconstitucional, que nunca se ha desarrollado una ley orgánica para ponerle patas a los que dice la Constitución al respecto. Pero jugar a progresista está al alcance de cualquiera estos días. A la izquierda caviar, a los chicos que alternan la progresía chic con el seguimiento de los mercados, la reforma le preocupa algo menos. «La economía de la eurozona entra en declive con cinco países en recesión», abre el papel de Liberty Holdings, también conocido como El País.
Seguimos con el periodismo antiguo con nuestro inefable Juan José Tamayo en su tribuna prisaica «Despropósitos«. Público tiene sus expertos para poner a parir al Supremo por lo de Garzón, y El País tiene a sus teólogos colgados del posconcilio para dar palos a la Iglesia, que no hay peor cuña que la de la propia madera.
Tamayo lo tiene todo; es tan previsible que me veo capaz de escribirle las tribunas con que sólo me diga el tema. La cosa es criticar todo el barullo montado en torno al pregón de Semana Santa en Valladolid. Sólo el sumario me basta y sobra: «La estampa de la vicepresidenta anunciando la Semana Santa nos retrotrae al Medioevo». ¡Pobre Edad Media, con tantos ilustrados de ocasión como Tamayo para servir de coartada a su pereza mental! Con eso me van a permitir que acabe con El País. Mi aguante con estos exquisitos de la progresía entre Sol y Wall Street es limitado.
Volvamos con la otra hipocresía, la del trotskista millonario. «El 15-M se suma a las movilizaciones«, leemos en su página 5, aunque puestos a sumar, se me ocurren cifras más altas que la de este movimiento fantasma que Público mantiene en respiración asistida. Me entero ahí de que «La Asamblea de Sol acudirá a las marchas del domingo, pero en un bloque crítico. Ya tengo tarea para el domingo: localizar al «bloque crítico» en medio de la enorme marea humana que seguro que nos anega el domingo.
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