Síganme en esto: si yo no pago mis impuestos, lo mío es no ya ilegal, sino delictivo, y la izquierda me va a poner en la picota alargándose las filacterias todo lo que den de sí. Si, en cambio, me cuelo en un país que no es el mío, no pago impuestos y reclamo todas las prestaciones sociales, no soy ilegal, sino meramente irregular.
La izquierda galopa a toda velocidad hacia su total irrelevancia y un suicidio político a medio plazo con su encendida defensa de lo impracticable y absurdo. Aunque en España quizá sea cuestión de que cualquier palo es bueno para descargarlo sobre la derecha. Me estoy refiriendo a la reacción mediática ante recortes de absoluto sentido común, como el de que los españoles no paguen tratamientos no urgentes o pediátricos a extranjeros que están aquí sin un papel. Vamos, por la cara.
LA PESTE BUBÓNICA
«Trátese en casa su tuberculosis», titula en primera -¡en primera!- El País en un más difícil todavía’ de la manipulación. Los casos raros hacen malas leyes, dicen los ingleses, pero en España hace tiempo que prácticamente sólo se legisla para lo excepcional. La imagen del inmigrante ahogándose en su mísero apartamento con los pulmones destrozados es el equivalente a la embarazada violada por su padre que se desangra porque el aborto no es legal.
Titula Escolar el Chico, don Ignacio: «Unos no tienen papeles, otros no tienen vergüenza«. Prefiero no pronunciarme sobre quiénes creo yo que carecen de vergüenza y van sobrados de demagogia en este debate.
Nacho se lanza, que después de todo es gratis: «De entre todos los tijeretazos con los que el PP está podando el Estado del Bienestar hay uno que sobresale entre los demás: dejar a los inmigrantes irregulares sin derecho a la sanidad. Este recorte es cruel, porque envía a la marginalidad a decenas de miles de personas, precisamente las que peor lo están pasando. Es injusto, porque olvida que esos mismos inmigrantes a los que hoy se castiga construyeron los cimientos, hace no tanto, del milagro económico español». ¡Que vengan todos, que paga otro!
«Los socialistas denuncian el contenido xenófobo del decreto sanitario«, reza el titular de Diario Progresista. Cuando el mundo aún no había perdido la cabeza del todo, xenófobo significaba alguien que tiene un odio y/o temor irracional hacia los extranjeros, sino cualquiera que tenga alguna objeción a trabajar para pagar la asistencia sanitaria de un senegalés que se ha colado ilegalmente en España y no va a pagarme nada aunque gane dinero. Hay que ver cómo cambia el lenguaje en boca de estos chicos. «El secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha tachado de «xenófobo» el real decreto que dejará a los inmigrantes irregulares sin asistencia sanitaria y ha acusado al Gobierno de «dar pábulo a una siniestra idea según la cual los inmigrantes abusan de la sanidad europea». ¿Siniestra idea? ¿Cuándo va a explicarle a estos chicos que los incentivos existen y funcionan inexorablemente? Pretender que la gente no abusa de los servicios que se ofrecen gratis es vivir en el reino de Oz; sugerir que la idea misma es «siniestra» debería descalificar para la política, directamente.
¿De verdad creen todos ellos que yo -concretemos, que en abstracto todo es muy bonito- tengo la obligación de pagar el tratamiento de cualquier extranjero? Si es así por algún disparatado concepto de equidad universal, ¿por qué, exactamente, no tengo esa misma obligación con un nativo de Ghana que se queda en su aldea? Y si tengo que pagar su atención sanitaria, ¿por qué no su comida, o su vivienda? Y si yo, como contribuyente, tengo esa obligación, ¿no será mejor dejar de ser contribuyente y que otro me lo pague a mí?
PRIORIDADES
Lo plantea el profesor Xavier Sala i Martin en «Prioridades: El Gran Problema de España«: «¿Por qué los medicamentos deben ser pagados por el Estado y los alimentos no? ¿No son igual de básicos? ¿O por qué todo el mundo acepta que el metro o el autobús deben ser pagados por el usuario, pero la gente se queja de los peajes de las autopistas? ¿O por qué aceptamos que la gente pague el precio justo por la gasolina pero no por la electricidad (de ahí el brutal déficit tarifario)? ¿O que pague el precio de coste cuando estudia un máster pero no cuando estudia la carrera? ¿O que pague el precio de coste para hacer una llamada telefónica pero no para enviar una carta (de ahí el déficit de Correos)?». Eso, ¿por qué? No hay una razón especial, ni la izquierda la necesita.
Público.es va más por el otro motivo de indignación sanitaria bajo el titular «El PSOE estudia recurrir ante el Constitucional el decreto sanitario«. Parece ser que, dice, «Trinidad Jiménez ha denunciado que el Gobierno ha dejado en el aire a los jóvenes mayores de 26 años y mujeres divorciadas que nunca hayan cotizado». Hablan los socialistas de «agresión». Porque un señor de 26 años tiene el sagrado derecho a que yo le pague las medicinas
Lean La Gaceta, señores
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