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La Corona cojea y la Banca está en números rojos

La foto de Brasil es una alegoría de la decadencia española

Dilma no fue a recibir al Rey de España

05 Jun 2012 - 08:53 CET
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La comitiva real que ha representado a España en Brasil, es una alegoría de la decadencia de un país del viejo continente intentando desembarcar otra vez, más de 500 años después, en el nuevo mundo emergente.

La foto en el hall del hotel de Brasilia habrá ingresado seguramente en el arsenal de las agencias calificadoras que mantienen a España en el punto de mira. Y, si es verdad que una imagen vale mil palabras, Standard & Poor’s, Moody´s, empresas francotiradoras de esas que disparan a todo lo que se mueve, se pueden ahorrar una pasta gansa en papel para emitir informes. Les llegaría con colgar en las redes sociales la instantánea de una España con muletas, en short y calzando botines, como arma global de destrucción masiva.

Una foto vale mil palabras

Nos tragaremos todos nuestros malos pensamientos si Juan Carlos I se trae de Brasilia un contrato de 15 mil millones de euros para construir el AVE Río de Janeiro- Sao Paulo. Pero mientras llega ese milagro, en un país que ha dejado de creer en ellos, el vídeo difundido ayer en varios canales de televisión españoles sobre un nuevo intento de descubrir América, envió a la cama a millones de ciudadanos con la moral por los suelos.

Una cosa es que el Rey padezca una cojera pasajera postoperatoria, y otra, bien distinta, la impresión de que la Corona española empieza a moverse por el mundo con muletas, afectada por una «lesión» crónica que le impide jugar en la primera división de las relaciones internacionales.

Una cosa es que Botín sea un banquero tuerto en el país de los banqueros ciegos; un rey en la tribu financiera española que está a dos velas. Pero ayer, en Brasilia, ligerito de ropa, era talmente una metáfora bancaria de la decadencia posterior a aquel imperio de Felipe II en el que jamás se ponía el sol: el Santander se ha desplomado en la Bolsa durante los últimos doce meses.

Hubo un tiempo, cuando los conquistadores, que los indígenas del otro lado del charco nos recibían como dioses, cuando el sol reflejado en nuestras flamantes armaduras se les dejaba deslumbrados. Pero ahora se refleja la prima de riesgo, los informes de las agencias de calificación, las crónicas de sucesos del Financial Times y esa cara que le pone Merkel a Rajoy en sus encuentros bilaterales, que parece siempre que le está dando su más sentido pésame.

Porque en el mundo libre se ha acabado la censura, sino era cuestión de que García- Margallo decretase el embargo preventivo de una imágenes que muestran un desnudo de España anoréxica, cuya difusión ofrece tantas dudas éticas, estéticas y morales, como la foto de aquella modelo en los huesos que se prohibió en Francia e Italia.

Una excursión Real

Allí estaba el Rey, junto a Margallo, Alierta, Brufau, Botín y compañía, en una excursión que, con todos los respetos, parecía que la había organizado el INSERSO, en vez de La Casa Real y el Ministerio de Asuntos Exteriores. Ni siquiera fue a recibirlos a la escalerilla del avión Dilma, que es un asunto que tiene su lectura entrelíneas en el comunicado oficial que explicaba tan sorprendente ausencia: «se trataba de una visita de trabajo»

¡Perdones ustedes! Se trataba de la visita de un Jefe de Estado, suponiendo que en Brasil sigan considerando a España un estado, claro. Y se sobreentiende que el Rey siempre hace visitas de trabajo, salvo aquella de Botsuana que le trajo tantos disgustos. De manera que, al ingenioso diseñador de ese eufemismo, que la prensa ha aceptado como animal de compañía, deberían presentarle esta misma mañana su carta de despido, no sé si en la Casa Real o en Asuntos Exteriores, dependiendo de en cuál de las dos instituciones preste sus encomiables servicios.

La foto de Brasilia transmite el dramático contraste entre un país emergente y un país decadente. Es un editorial. Es un dramático espejo en el que ayer nos vimos reflejados 47 millones de españoles. El mundo que descubrimos ningunea a sus descubridores.

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