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Público.es critica a Rajoy por su foto con el 'Códice Calixtino'

La izquierda mediática apoya la violencia de los mineros que quieren vender un carbón no rentable

A España ya no le interesa este tipo de mineral

09 Jul 2012 - 08:11 CET
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«EE UU vive el fin del fenómeno Obama«. Es la primera noticia de páginas interiores en El País, una doble. «La primera gira electoral del presidente pone en evidencia la desaparición de la ola gigante de entusiasmo popular que lo llevó a la Casa Blanca hace cuatro años», reza el subtítulo. Y un sumario incide: «La mística, la fe, la ilusión y la euforia que le encumbraron se han esfumado» –‘La Segunda Venida Tendrá que Esperar’ (Lea Gaceta)-.

Olvida el redactor de El País -quizá sea falta de espacio- que «la mística, la fe, la ilusión y la euforia» las fabricaron y vendieron las élites progresistas con la colaboración cuasihistérica de medios afines como… El País.

La progresía, que mira con suficiencia y por encima del hombro la fe que ha construido nuestra civilización y sin la que la propia progresía sería incomprensible, no tiene inconveniente en caer en los mayores ridículos de idolatría a poco que le den pie sus líderes. Y con el Mesías Obama -que ha demostrado no ser otra cosa que el prototipo político del corruptísimo Chicago, lujosamente empaquetado- llegaron a un extremo carcajeante que, entiendo, ahora les hará sonrojar.

CITAS SONROJANTES
Pero a mí nada me gusta más que sonrojar a la progresía divina, así que he reunido algunas de las cositas que se dijeron del líder mulato en su día. «Tenemos una asombrosa historia que contar. Este presidente nos ha llevado de las tinieblas a la luz». Vale, es su mujer, Michelle Obama, aunque no creo que haya muchas esposas que hablen con ese misticismo de sus maridos.
«Obama es, por supuesto, más grande que Jesús». Así podía leerse en Politiken, uno de los periódicos más influyentes de Dinamarca. «Nadie lo vio venir, y los cristianos creen que Dios llega a nosotros desde extraños ángulos y lugares que no esperamos, como cuando Jesús nació en un pesebre». Palabras mayores, ¿no?, sobre todo en boca del deán de la Capilla Internacional Martin Luther King Jr., Lawrence Carter.

¿ESTOS SON LOS PERIODISTAS?
Da bastante vergüenza leer a compañeros del Chicago Sun Times diciendo que «simplemente nos gusta decir su nombre. Estamos pensando en adoptarlo como un mantra». Imagino por un segundo a un periodista insinuando que repite el nombre de Bush como una jaculatoria y puedo suponer lo que le caería desde la otra parte. Qué digo, desde el propio campo de los partidarios del presidente republicano.

Pero ellos tienen bula, lo hemos dicho, y el líder negro Jesse Jackson podía decir sin que nadie se inmutase que «lo que Barack Obama ha logrado es el suceso más extraordinario que ha ocurrido en los 232 años de la historia política de la nación». Claro que, ¿para qué cortarse cuando el propio interesado dice de su llegada a la Casa Blanca: «Este es el momento en que se detiene la subida de los océanos y nuestro planeta empieza a sanar»?

Las citas se amontonan, son innumerables. «Haré cualquier cosa que me diga que haga. Recogeré vasos de papel del suelo para limpiar el camino a su paso». Cualquiera desearía que Halle Berry dijera algo así sobre él, ¿no? De Zapatero se podían decir muchas cosas criticables, pero no ha habido una Paz Vega declarándose dispuesta hacer lo que don José Luis le pida.

Tampoco se dijo de nuestro presidente que sea «la representación colectiva de nuestras más puras esperanzas, nuestras más altas visiones y nuestras intuiciones más profundas… Es el producto del campo de inteligencia cuántico omnisciente», como dijo de Obama Chris Matthews.

Pero mejor lo dejo aquí, ¿no? Aunque, si alguien quiere, tengo muchas más.

SOMOS MÁS DE ODIAR
No sé si es cosa atávica de aquí, pero en España somos más de clavar alfileres en el muñeco de vudú de nuestros enemigos. Podemos hacerlo con exquisita hipocresía, como ha aprendido a hacerlo El País, y de forma burda, como todos los demás.

Podemos, por efecto del odio africano que tiñe nuestro debate ideológico, titular la entrega del Códice Calixtino a la catedral de Santiago por el presidente del Gobierno con este curioso titular leído en Público.es: «Rajoy logra su foto con el Códice Calixtino«.

A ver, yo no dudo de que Rajoy fuera a hacerse la foto, pero siendo tan universal el fenómeno habría que incluirlo cada vez que un político anuncia la detención de un etarra o cualquier otra cosa de efecto y, claro, resultaría algo redundante.

O la extraña fijación con la violencia de la que hablábamos el otro día (ya saben, lo de la guillotina). Los mineros presumen de tirar a dar cohetes a la Policía, cortan carreteras y queman neumáticos. Porque quieren que España siga pagándoles un carbón que no queremos.

Lo hace usted o lo hago yo y estamos en la cárcel a los pocos minutos con el aplauso de todos. Pero lo hacen los mineros y la izquierda mediática aplaude esta violencia, se derrite con ella. País…

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