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Es tan bello… La izquierda sabe, mucho mejor que la estúpida derecha, que el hombre es un animal simbólico y que si las privaciones le deprimen e irritan, para la insurrección necesitan un signo de arrogancia de las élites como grito de guerra.
«Que coman hierba», dicen que dijo Foulon, ministro del rey ante el pueblo hambriento. ¡Magnífico! Que acabara colgado de un farol con la boca llena de hierba es la estampa de la perfecta justicia poética.
En España tenemos los recortes, pero a la izquierda le faltaba la frase que Andrea Fabra ha sido tan amable de ofrecerles:
«¡Que se jodan!».
«Carlos se va, Andrea se queda», titula ‘Público.es‘, donde asegura:
«Los Fabra lideran el rechazo social por el ‘¡Que se jodan!» a los parados de la diputada del PP».
‘MásPúblico’, creado casi contra Roures pero que ha resultado ser un clon de su rival, titula:
Los Fabra: del «me mearé en la sede de IU» al «que se jodan», donde se afirma que «La oposición pide la dimisión de la diputada del PP por Castellón Andrea Fabra, por insultar a los parados».
Prosa parlamentaria ácida
En ‘Zona Crítica’, cuenta Héctor Juanatey en ‘Aplausos‘:
«Las palabras las puso en este caso la diputada Andrea Fabra: «¡Que se jodan!», clamó entusiasta. Visto que el perdón es improbable, estaría bien que aclarase su deseo. No es lo mismo que jodamos voluntariamente a que nos jodan».
Bellísimo, ya decimos. Desgraciadamente, también es extraordinariamente improbable, y todos lo sabemos.
¡Oh, sí, seguro que doña Andrea grito «¡Que se jodan!», y puedo añadir de mi cosecha que el exabrupto ya es de por sí lo bastante deprimente, aunque en absoluto desconocido en la Carrera de San Jerónimo.
Pero las probabilidades de que se refiriesen a los parados tiende a cero. No es plausible, no es real, no tiene sentido.
Lo sabe cualquiera; lo saben quienes se han lanzado ávidos a repetirlo e incluso a improvisar partidas de chequistas en Twitter, aireando los datos personales de la diputada.
La verdad es, ya digo, bastante deprimente. La verdad es que no se le llama ‘hemicirco‘ por casualidad y que esa atmósfera de patio de colegio, ese forofismo tribal y futbolero es razón más que suficiente para desesperar de los ‘padres de la patria’.
La diputada se refería a los socialistas, obviamente, y muy, muy, muy mal. Pero lo otro es, ya digo, no meramente estúpido sino malicioso, porque ni quienes lo difunden pueden considerarlo probable.
Quien lo piensa no lo dice, y peor aún es quien lo hace.
No soy de emplear palabras malsonantes, es un recurso de columnista cutre, pero en esta ocasión me valdré del ejemplo que me da el Congreso y recordaré que Roures nunca dijo más que palabras de apoyo a los trabajadores y solidaridad con los parados, pero los fabricó sin que se le moviese un músculo.
Hace mucho, mucho tiempo, el genial Perich publicó una serie de viñetas en las que un locutor de telediario, después de dar cuenta de matanzas y asesinatos, decía «¡mierda!» y los mismos telespectadores que habían escuchado impávidos las atrocidades se escandalizaban con la palabra.
La izquierda me recuerda cada vez más al telespectador del Perich: no se indignaron, no se manifestaron, no pasearon guillotinas ni banderas mientras Zapatero fabricaba pacientemente cinco millones de parados.
Pero quieren creer que una deslenguada pepera ha despreciado a esos parados y ya van pidiendo horcas y teas.
Otra graciosa es la cosa de los aplausos. Se rasgan públicamente las vestiduras por el hecho de que los disputados populares aplaudieran el anuncio de los recortes.
Ya he hablado de «Aplausos«, que Héctor Juanatey dedica a criticar este gesto en ‘Zona Crítica’, el blog de ‘Eldiario.es’, de Escolar el Chico, don Ignacio.
Y no deja de ser curioso que Nacho, que se ha aficionado tanto a tirar de YouTube para recordarnos todas las veces que el PP dijo digo donde ahora dice Diego, no sea capaz de comprobar en la misma página de Internet cómo los socialistas aplaudieron el ‘prototijeretazo‘, cuando Zapatero anunció tras una sola noche de llamadas que recortaba el sueldo a los funcionarios, congelaba las pensiones y atrasaba la edad de jubilación. ¿No era indignante entonces?
Instinto atávico
Tampoco lo ha recordado Maruja Torres, a la que últimamente sólo le falta echar espumarajos por la boca, en su columna de ‘El País’, «Ovación«.
«Los desalmados del PP que aplaudieron los recortes sociales, así como el imputado Rodrigo Rato, que hace poco declaró que deberían haberse hecho antes, tienen un motivo de contento más».
Me deprime este circo. Me indigna que Fabra pueda hablar así en un recinto que debería comandar su respeto, y que muestre esa inquina arrabalera contra los diputados de la oposición.
Pero la respuesta torticera de la izquierda, jaleando unas reacciones viscerales que han terminado a menudo en sangre, demuestran que la violencia está en el ADN de una progresía que sólo se permite la tolerancia y el irenismo cuando manda.
Cuando no, su actitud ante los otros es, sin decirlo, «que se jodan».
NOTA.- leer artículo original en ‘La Gaceta’
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