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eldiario.es y los 'Guantanamo' de España

Si muere una congoleña en un centro de internamiento, culpa del Estado

En el digital de Escolar no se cuestionan sobre la falta de derechos humanos, por ejemplo, en el Congo

20 Dic 2012 - 08:48 CET
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Tenía que acabar pasando. Llámenlo síndrome de Estocolmo –el proceso psicológico de identificación del secuestrado con su secuestrador–, establezcan una analogía con lo que se conoce como captura del regulador, acháquenlo a lo que quieran, pero el caso es que me veo arrastrado a seguir a mi némesis, Nacho Escolar. Ayer tenía el día tonto, y me temo que me pasa igual –Lea El Trasgo en La Gaceta-.

Titula Escolar en su cosa, Eldiario.es, “La ignorancia no es un punto de vista razonable” un comentario aparentemente sobre un chiflado neozelandés de la estupidez apocalíptica maya, y en realidad justificado por esta postdata: “Disculpadme el frívolo artículo de hoy, pero es que el referéndum catalán me da casi tanta pereza como el apocalipsis maya”.

Lo mío no va con el referéndum catalán, sólo. Todo el pensamiento único me cansa, me aburre, me hastía. Tengo sobredosis de progresía, sobrecarga de izquierda. Me rindo, me han derrotado por agotamiento y temo que hacer diariamente esta sección me obligue a repetirme hasta abrumar al lector.

A ver. Javier Gallego, en Zona Crítica, el área bloguera de lo de Nacho, nos habla del “Guantánamo español”. ¿Por qué no, si la hipérbole es privilegio de la izquierda, recurso obligado; si cada vez que alguien se suicida se asevera que el jefe del banco de que se trate o el presidente del Gobierno le ha matado?

El Guantánamo en cuestión es vario, compuesto por los llamados Centros de Internamiento para Extranjeros. Ahora, a mí me parece genial que se denuncie cualquier instancia oficial donde se maltrate a la gente o se inculquen sus derechos –una sugerencia para Gallego: las cárceles, las normales y corrientes–, pero conviene agotar los razonamientos para no crear caricaturas ridículas. Nos dice Gallego que el 19 de diciembre se cumplía “un año de la muerte de Samba Martine, congoleña de 33 años que falleció en el CIE de Aluche, en Madrid, donde pasó 40 días con fuertes dolores pero sin ser atendida más que con analgésicos”.

Simplificando

Gallego es prisionero de esa falacia, tan izquierdista, de creer que los recursos son inagotables, que hay para todo y que sólo la malicia de nuestros gobernantes explican trágicas chapuzas como esta. Es fantástico que Gallego ejerza lo bastante de periodista para hacer las preguntas incómodas que llevan a desvelar este caso, pero es censurable que deje de preguntar cuando le conviene a su tesis. Por ejemplo: ¿qué hacía Samba Martine en ese Centro de Internamiento? Siendo congoleña, ¿qué hacía aquí? ¿Ninguna crítica de Gallego a los compatriotas de Samba, que la obligan a emigrar? ¿Ninguna alternativa realista a la política del Gobierno? ¿Que entre quien quiera? Y, si es así, ¿por qué vamos a ser más responsables de la situación de Samba por el hecho de llegar que de la de sus hermanos en el Congo? ¿De verdad cree Gallego que hay medios, servicios, dinero para todos?

También en Eldiario.es nos cuenta José María Calleja que “Quieren convertir los derechos en privilegios”. No sé cuántas veces he leído eso. Dice Calleja: “Se sigue el mismo procedimiento: antes de recortar, atacar al colectivo recortable; antes de podar, presentar los derechos como privilegios; antes de desmontar los logros del estado de bienestar, echar la culpa de la pérdida de derechos a los que pierden derechos”.

No, José María: echan la culpa de la pérdida de prestaciones –ni derechos ni privilegios– a la falta de dinero. Añade Calleja que el Gobierno quiere “decretar, sin datos, que es mejor lo privado que lo público”. Hombre, hay un dato, y bastante revelador: todo el que puede opta por lo privado. Y la gente es singularmente poco ideológico cuando se trata de su dinero. En cualquier caso, sugiero que el Estado reparta los servicios en cheques para que el pueblo elija, aunque sea “sin datos”.

La fe de los progres

No me preocupa tanto lo que la izquierda cree saber como lo que da por supuesto. En el asunto de la religión, por ejemplo, desbarra y patina hasta extremos escalofriantes. Si el poder decretara que el cristianismo es falso, una religio illicita, oh, bueno, ya hemos estado ahí y nos conocemos la rutina. Tiene su sentido. Lo carcajeante es cuando pretenden que el Estado es neutral.

Gustavo Suárez Pertierra lidia con este hombre de paja en su tribuna de El País “Una cuestión de ideología”. “El Estado no puede guiarse por consideraciones religiosas (…) El Estado se identifica con un conjunto de valores que constituyen su propia ética. Son los valores superiores de justicia, libertad, igualdad, pluralismo”.

La pregunta que se le ocurre al que asó la manqueca es: ¿de dónde salen esos valores ‘superiores’? ¿Quién los define? Dice Suárez que “no resulta fácil justificar que el Estado laico y, por tanto, neutral cargue con la obligación de proporcionar enseñanza religiosa”.

Yo, la verdad, preferiría que no “cargase” con esa obligación. Pero, teniendo tanto derecho como cualquiera a mis creencias y a educar en ellas a mis hijos, tampoco veo por qué yo tendría que “cargar” con la obligación de financiar un sistema de, ejem, enseñanza que enseña lo que creo falso, manipulado y dañino. ¿Un poco de libertad, alguien?

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