La periodista Anna Grau, que vive en Nueva York, es mujer de pluma muy desenvuelta y sensibilidad catalanista, que desconcierta por su independencia, porque lo mismo escribe para el ABC que para el separatista Ara -LEA EL TRASGO EN LA GACETA-.
Dice que donde más la han censurado no es en ABC, sino en la prensa catalanista, y es lo que acaba de pasarle en Ara con cierto artículo sobre las cosas que suceden en las calles neoyorquinas.
Contaba Anna que acababa de subirse a un autobús con su hija pequeña cuando… “Tomamos (la niña y yo) el autobús en un barrio de Nueva York donde viven muchos negros. Pero no negros orgullosos de habitar pacíficamente dentro de su piel, como Barack Obama o Martin Luther King, tampoco orgullosos de dar miedo, como Malcolm X; hablamos de una tercera especie de negro que ha nacido y morirá sin orgullo, cabreadísimo con todos los blancos, convencido de que del primero al último hemos venido al mundo a joderle. Sin matices. Sin excepciones.
A este tipo de negro y de negra –el fenómeno se agudiza entre las mujeres– se le reconoce porque se saltan el semáforo rojo con el coche justo cuando pasabas a pie cuando lo tenías verde, porque te venden una barra de pan o un cartón de leche sin dirigirte la palabra ni mirarte nunca a los ojos, y porque no hay remota posibilidad de que se levanten nunca en el metro o el autobús para dejar sentarse una criatura pequeña. Blanca, se entiende”.
Lo de menos es el desenlace, y lo de más es que la alusión de Anna a la población negra, en términos poco simpáticos, ha causado la censura del artículo y la suspensión de la colaboración de Anna Grau en Ara por “racista”. Pero la causa real parece estar más bien en las posiciones netamente independentistas de la Grau, que desde hace meses “intentaba hacer pedagogía sobre el daño que un independentismo irreflexivo puede traer a la sociedad catalana”, según sus palabras.
Pero el totalitarismo de la “corrección política” no se despliega sólo sobre los progres, separatistas o no, sino también sobre la derecha, y precisamente por eso es totalitarismo. No hay más que ver cómo el PP está siguiendo a pies juntillas el catecismo (invertido) de la agenda social del zapaterismo.
Esta semana todos los periódicos publicábamos las últimas ayudas del ministerio de Ana Mato a los estudios “de género”, o sea, ese enfoque de las cosas según el cual la Historia humana se explica como una lucha entre hembras (buenas) y varones (malos), que es la versión posmoderna de la lucha de clases. Bien.
El PP puso estas cosas como hoja de perejil cuando estaba en la oposición, pero ha sido llegar al poder y empezar a comulgar con verdadera fruición con estas ruedas de molino. Lo penúltimo: 17.710 euros a la Universidad de Gerona para la investigación “Gobernar con amor. La actuación política de las condesas catalanas (siglos IX-XII)”; 26.912 euros para otra investigación de la Universidad de Valladolid sobre “La transmisión de estereotipos de Género a través de la canción y su relación con la Violencia de Género”.
Más ejemplos de investigaciones subvencionadas por Ana Mato, digna heredera de Bibiana Aído y Leire Pajín: el estudio “Prevenir la violencia contra las mujeres, evitando el sexismo en las instituciones educativas” o el sin duda trascendental “La prostitución y medios de comunicación: Construcción de la realidad y recepción de los contenidos mediáticos”, dotado con 41.050 euros.
¿Cree Ana Mato que con esto va a conseguir que la llamen progresista, que es seguramente su sueño más íntimo? Pues que se vaya desengañando, porque ni por esas. No, no: la izquierda siempre funciona en razonamiento de una sola vía: si lo hago yo, es progresista; si lo hace el otro, es fascismo. Este troquel mental está tan interiorizado que emerge incluso en las mentes más razonables de la progresía, yo qué sé, Rosa Montero, un suponer.
Doña Rosa glosaba el otro día la polémica subsiguiente a la ceremonia de los Premios Goya, y lo hacía en estos términos: “Yo también pienso que el festejo de los Goya fue muy politizado: pero quienes lo politizaron fueron los comentaristas iracundos que se lanzaron al ataque al día siguiente”.
A ver si lo hemos entendido: si un “progresista” sale a escena en una entrega de premios cinematográficos o en cualquier otra situación y hace un discurso político, no está politizando nada, sino simplemente ejerciendo su derecho a la libertad de expresión.
Por el contrario, si uno que no es “progresista” entra al trapo, entonces no hace libre expresión, sino “comentario iracundo”, y no ejerce un derecho, sino que se “lanza al ataque”. ¿Está clara la diferencia? Pues ya lo sabe usted: si quiere ser “progre”, no “politice”.
A propósito de politizar: ¿estará politizando la mal llamada princesa Corinna zu Nosecuanten? Porque esta mujer se ha lanzado al estrellato de la manera más explosiva posible. Después de sus “declaraciones” al diario mundanal, ahora aparece en la revista mundanal por antonomasia, que es Hola, y asegura que está viviendo “una pesadilla”.
Dice doña Corinna que ella “no desea ser una celebridad”. Ah, vaya: qué capacidad para el disimulo, señora… Mientras, Miguel Ángel Aguilar advierte en El País –esta vez sin que le censuren– sobre un nuevo 14-M con las masas encrespadas y Hermann Tertsch le contesta en ABC que algunos “buscan una tragedia en la calle para incendiarla. Veremos si España aguanta”. ¿Lo sabe Corinna?
Más en Prensa
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home