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El empresario trotskista recuperó su cabecera libre de cargas

A los ex redactores de ‘Público’ les hubiera gustado saber que Roures es tan entusiasta del escrache

Seguro que Roures, solidarizándose con quienes le escrachearan en su domicilio, les bajaría unas pastitas

02 Abr 2013 - 08:20 CET
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Ya sé que Internet adelanta que es una barbaridad, y que lo suyo es que las versiones online de los periódicos incorporen lo que queda del día y desplacen lo que aparece en el papel. Pero, caramba, por lo general las cabeceras valoran lo bastante sus temas de primera en formato de árbol muerto como para que sean fácilmente localizables en la página de inicio -LEA EL TRASGO EN LA GACETA-.

No sucede así en La Razón digital. A menos que mis pesquisas hayan sido espectacularmente torpes –lo que no descarto– no hay modo fácil de encontrar en su versión online su tema de portada, “El testamento ideológico de don Juan”. Del otro, del contante y sonante, ya dimos cuenta ayer, y si el político fuera tan sorprendente e inesperado como el crematístico bien valdría gastarse lo que cueste el ejemplar del Marhuenda’s Times. Y bien podría darse el caso, que el personaje danzó lo suyo en lo ideológico, izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante, atrás, un, dos, tres, modo yenka.

Pero leo, decepcionado, en el desarrollo del asunto en portada que “La Razón reproduce hoy, veinte años después de su muerte, su desconocido testamento abierto en el que el padre del Rey se reafirma en sus creencias”. Hombre, si tan solo hubieran elegido otro verbo, no sé, “detalla”, “transmite”, algo así; pero “reafirmarse”… Don Juan pudo pecar de muchas cosas, todos somos humanos, pero no precisamente de una fijeza desmedida en una bandería o una ideología concretas.

Puestos a reafirmarse, digo yo que sería en lo último de su azarosa evolución, no en, digamos, su pensamiento cuando se presentó en Somosierra el 1 de agosto de 1936 con la camisa azul de falange, emblemas legionarios y la boina roja carlista, el kit completo. Don Juan, a quien Dios tenga en Su gloria, estuvo con todos y contra todos, según, y si los juanistas se empeñan en justificar sus constantes evoluciones me parecerá muy bien, que la lealtad es virtud admirable.

Pero, por favor, hablar de reafirmarse es casi tan ridículo como la portada de ayer de ABC hablando del “hombre que renunció a todo por España” el mismo día que conocemos que dejó una herencia de 1.100 millones de pesetas, un pasar. Así también renuncio yo a todo, qué quieren que les diga.

AMISTADES PELIGROSAS

“La oposición cree que la vieja amistad de Feijóo con un narco lo inhabilita”, abre El País. Como fue este diario quien sacó la viejísima foto, entendemos su afán, pero nos tememos que no es exactamente noticia: la oposición realmente cree que la pertenencia de Feijóo al Partido Popular lo inhabilita, y se agarrará a un clavo ardiendo para ponerle como no digan dueñas. Y, oye, que para eso se llaman oposición. Pero convertirlo en noticia de primera es como interrumpir la programación habitual para anunciar que el sol saldrá por el este.

Eldiario.es, ese vehículo digital de Nacho Escolar que todavía no se ha enterado del escándalo de los ERE, titula en su página de inicio: “Núñez Feijóo no pide disculpas y se presenta como víctima”. ¿Disculpas? En los tiempos del papel, esa gloria de las letras hispanas que fue Público, ocupando el extremo izquierdo, sonaba positivamente burgués y moderado en comparación con su flamígera versión digital, propiedad de los mismos. Es, no hay que decirlo, defensor encendido del escrache y, por lo que pude colegir el otro día leyendo en diagonal, de una cosa que preparan para rodear el Congreso y no parar hasta cambiar el régimen. Como suena.

En la edición que tengo delante –decir de ayer hablando un digital es ridículo– leo el titular de una columna de opinión del inefable Vicenç Navarro, “En defensa del escrache”. Cito: “Es de aplaudir que tal movimiento fuera al domicilio de aquellos políticos (lo que se llama escrache) que, con sus votos, han hecho posible tal insulto a la democracia, para denunciarlos y avergonzarles de su comportamiento. El argumento de que molestan a los familiares de los políticos muestra su propia insensibilidad frente al enorme daño hecho a familias enteras, incluyendo niños e infantes. Exigen respeto a ellos cuando sus propios actos muestran su carencia de mera sensibilidad humana a las víctimas de sus decisiones”.

¿No están conmovidos, les queda algún ojo seco? Estoy seguro que igual les pasará a Javi Salas, Patricia Fernández de Lis, Manuel Ansede, Daniel Mediavilla, Nuño Domínguez, Alejandro Torrús y compañeros mártires, redactores del diario cuando Jaume Roures, el trotskista multimillonario, y su socio Tatxo Benet decidieron liquidar el negocio, echarles y recomprar la cabecera libre de polvo y paja. Seguro que les hubiera encantado saber a los editores del diario tan favorables al escrache, y que los mentados socios, lejos de irritarse con el legítimo acoso a las puertas de su vivienda, se hubiera solidarizado con ellos bajándoles unas pastas. ¿No lo visualizan ustedes? Oh, vaya, yo tampoco.

“Me mojo: mis cinco odios principales: 1. La derecha. A secas. 2. La izquierda cutre, trapacera, corrupta y trepadora de nuevos y aprovechados ricos, o al menos riquillos. 3. La Iglesia Católica, por sus privilegios y su injerencia en la educación y en la vida civil. 4. La poca valía de diputados y senadores, y lo horteras que son. 5. Todos los cargos públicos y todos los banqueros por el abuso que hacen de su poder”. Es bueno, y muy de agradecer, que Arturo González reconozca en el digital del citado multimillonario sus cinco odios, no porque fuese asunto difícil de dilucidar para quien le haya leído alguna vez, sino porque, por regla general, los suyos no suelen reconocerlos como tal. Gracias, don Arturo. Son, después de todo, odios ideológicos. No tiene, por ejemplo, nada contra los ricos, ni siquiera contra los ricos que aprovechan una reforma laboral criticada hasta el hartazgo para echar a sus empleados y que les pague el Fogasa.

Para don Arturo, parece, las acciones no tienen tanta importancia como los pronunciamientos, y si usted se proclama de derechas, apostata como Dios manda y se cuida de evitar un puesto en la banca, ya puede hacer de su capa un sayo y dirigir su empresa siguiendo el modelo de una plantación del Sur. Porque si el punto dos no está de relleno, ya me contarán por qué González sigue escribiendo para el dúo dinámico…

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